Para jugar al fútbol no se necesitan dos piernas

- 16 de mayo de 2018 - 00:00
Hólger Vélez (c), nacido en El Empalme, fue uno de los impulsores de la actividad hace cuatro años. Él perdió la pierna derecha luego de un accidente en motocicleta cuando tenía 18 años.
Foto: Carina Acosta / EL TELÉGRAFO

Ecuador fue invitado al Mundial de balompié de amputados, que será en México. Los preseleccionados cuentan sus historias y cómo se vincularon al deporte.

Andrés De la Torre era un asiduo jugador de fútbol barrial. Cada fin de semana se fundía con la camiseta de su equipo y mostraba sus destrezas en la cancha.

En su natal Nanegal no faltaba a un partido de los torneos interparroquiales, pues siempre era solicitado, por su condición de defensa, recio y aguerrido.

Recuerda que desde niño se crió junto a una pelota y en la adolescencia se transformó en su máxima afición.

Todo cambió hace dos años, cuando tenía 24. Un accidente de tránsito le provocó una fractura en su pierna izquierda y lo trasladaron desde Nanegalito hasta Quito.

En la capital tardaron 11 horas en atenderlo; no lo quisieron recibir en ningún hospital. ¿Por qué? Hasta ahora no se lo explica. Finalmente, en el Enrique Garcés le dijeron que su lesión se había agravado. “Era la pierna o la vida. Me tocó tomar esa decisión, que fue muy dura”.

Asumir el golpe de perder una extremidad le costó mucho, pero seguir con vida era más valioso para él.

De a poco retomó su vida, obtuvo una prótesis para caminar y también se movilizaba con muletas.

El fútbol era el ingrediente que faltaba en su vida y pensaba que nunca más lo iba a disfrutar. Tener la sensación de pisar una cancha, de ponerse la camiseta de su equipo y de quedar exhausto después de entregar todo en el campo de juego.

Pero el destino le presentó una opción para no dejar de jugar. Mientras se realizaba una sesión de rehabilitación en la fundación Hermano Miguel, lo invitaron a una mañana deportiva.

“Pisar una cancha de nuevo fue muy bonito para mí. Tener esa sensación de volver a jugar, de correr detrás de un balón. Pensé que no la tendría de nuevo”. Esta disciplina es promovida por la Federación Ecuatoriana de Deportes para Personas con Discapacidad Física (Fedepdif). 

El inicio fue complicado, pues debía encontrar el equilibrio para correr con las muletas y sobre todo fuerza en los brazos para trasladarse en la cancha. Hoy tiene ya un año ocho meses jugando. Y lo hace con la misma solvencia que tenía antes de su accidente. Por eso forma parte de la preselección de amputados que jugará el Mundial en México, el próximo octubre.

Junto a él aparece David Argüello, de 25 años, quien se desempeña como delantero. También le gusta jugar más atrás en la cancha e imitar los movimientos que hacía uno de sus referentes, el exjugador Álex Aguinaga.

Deseaba jugar fútbol
David perdió su pierna derecha a los 9 años. Un osteosarcoma en el fémur complicó su infancia; existieron opciones de salvar su extremidad, a través de injertos de hueso; incluso viajó a España con sus padres, pero ya no hubo remedio: la metástasis provocó que la única alternativa segura para salvar su vida fuera la amputación.

Sin embargo, no se amilanó y en su escuela lo único que quería era jugar fútbol junto a sus compañeros. Así que desde los 10 años empezó a practicar con sus muletas, por lo que hoy es uno de los que mejor postura mantiene en el campo de juego.

En el país es una actividad reciente, pero en el mundo ya lleva 30 años. Por esa razón, David siempre lo hizo por diversión, hasta que encontró a otros con su misma condición, también apasionados por el rey de los deportes.

A medida que fue creciendo, David también desarrolló el gusto por la música, tanto así que se inclinó por la carrera de producción musical, que hace un año culminó en la Universidad de las Américas (UDLA).

De forma paralela, es el vocalista principal de dos bandas de death metal: Ritualism y Hellbreeder. “Soy cantante gutural –sí, de esos que son puros gritos– (risas). Estamos produciendo una gira a nivel nacional, para integrar a  más bandas emergentes en el género”, dice con entusiasmo.

Con el mismo fervor que habla de la música, lo hace sobre el fútbol. Alucina cuando piensa que podrá disputar un torneo mundial.

“¡Un mundial!”, exclama. “El grupo está ansioso e ilusionado porque un torneo así es algo grande, algo que no nos esperábamos. Solo nos reuníamos a jugar, pero que venga una entidad WAF (Asociación Mundial de Fútbol de Amputados, por sus siglas en inglés) y nos invite, es un sueño para todos”.

En la cancha sintética número 5 del parque La Carolina aparece Hólger Vélez, con la jovialidad que lo caracteriza. El empalmeño, de 27 años, es uno de los pioneros en el deporte, pues hace cuatro años tuvo la iniciativa junto a López de que se empiece a jugar este fútbol adaptado.

En 2008 perdió la pierna en un accidente de motocicleta, durante unas competencias. Estuvo tres meses hospitalizado, a ver si podía salvarla, pero la gangrena lo impidió. Se quedó sin su pierna derecha, con la que marcaba goles en las ligas barriales de El Empalme.

Sin ella, tuvo que adaptarse a patear con su extremidad contraria, algo que le costó muchísimo en un inicio, pues “solo le servía para subirse al bus”. La convirtió en goleadora.

Vélez nunca dejó el deporte. Su amputación no impidió que practique atletismo y represente al país en los 100, 200 y 400 metros. Tampoco lo privó de jugar baloncesto en silla de ruedas e incluso practicar andinismo y llegar a las cumbres del Cayambe, el Rucu Pichincha, el Pasochoa o los Ilinizas.

Hoy está dedicado totalmente al fútbol, pues jugar el Mundial será algo histórico para ellos. No quieren improvisar en la competición y se entrenan tres veces a la semana en La Carolina, bajo el mando del entrenador Rafael Alcívar.

Ellos coinciden en que han tenido muchas dificultades para vincularse al deporte, pero para superarse lo han hecho con más ganas aún. Y han demostrado que para jugar fútbol no se necesitan dos piernas. (I)

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