Punto de vista

Ajedrezado

11 de julio de 2014 - 00:00

Punto de vista

Con otra apariencia, pero la misma semblanza, pudimos disfrutar del gran espectáculo que nos brindaron Holanda y Argentina en la semifinal del Mundial que se jugó el miércoles pasado en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo.

Me pueden preguntar ¿por qué fue tan bueno el partido si no hubo goles en los 120 minutos de juego?

A lo que responderé que el pase a la red es la culminación y el desahogo de las emociones, pero un partido de fútbol tiene otros matices que no podemos dejar de disfrutar y reconocer.

Uno de los secretos que tuvo este compromiso para salir tan estudiado y controlado por ambas partes fue la ocupación de los espacios vacíos, virtud táctica que cumplieron con autoridad las 2 selecciones.

En el desarrollo de este pensamiento haré párrafos especiales y para comenzar apuntaré al que a mi entender tuvo un papel principal para que estas potencias no se sacaran ventaja.

Ambos entrenadores, tanto Alejandro Sabella como Louis van Gaal, tuvieron a su disposición a 2 ‘perros de caza’ llamados Javier Mascherano y Nigel De Jong, que se comieron la cancha y cuyo accionar derivó en que los jugadores llamados a romper los moldes futbolísticos tuvieran incomodidades todo el tiempo, apareciendo a cuentagotas.

El argentino con un corazón enorme dejó evidenciado que su trabajo táctico y de concentración fueron altísimos, porque el cansancio no lo hizo claudicar en su objetivo principal de obstaculizar las arremetidas del número 11 holandés Arjen Robben.

Algo similar le encomendaron al batallador mediocampista europeo, que con una disciplina envidiable hizo todo para que el astro argentino Lionel Messi no tenga una noche fácil, y lo logró.

Tengo la sensación de que Sabella y Van Gaal se juntaron la tarde de ayer a tomar un café y planificaron el mismo partido, porque las similitudes tácticas y de estrategia fueron semejantes y hasta me atrevo a decir que los 2 entrenadores estaban convencidos de que tanto Messi como Robben en algún momento abrirían el libro y desbaratarían las defensas con su innegable calidad y fantasía.

El juego de ajedrez que pudimos disfrutar en esta semifinal nos dejó como lección que hoy la capacidad técnica combinada con el estado físico admirable de estos deportistas, hacen que el público tenga la dicha de gozar encuentros emocionantes, impredecibles y no permitidos para hinchas con problemas cardíacos.

Podremos discutir formas y maneras de querer llegar al objetivo, pero lo que no se podrá reprochar a la historia es que el campeonato del mundo jugado en Brasil fue elevando su nivel con exposiciones cada vez más exquisitas en los aspectos individuales y colectivos.

Los penaltis son un capítulo aparte que no tiene mucho para analizar, más allá de las virtudes de los arqueros o capacidad de los ejecutores. Por lo tanto simplemente debo remarcar que el convencimiento holandés seguirá vigente y que este traspié no los desviará de un camino que recorren hace varias décadas en busca de la tan deseada copa del mundo; mientras que el paso que dio la selección ‘gaucha’ ratifica en alguna medida que nuestro fútbol, el sudamericano, evolucionó e imitó algunos detalles del Viejo Continente, sin perder las raíces.

El próximo domingo la historia es otra y el deseo más profundo es que la copa descanse por 4 años en nuestro continente; pero hoy lo destacado es que el pueblo argentino, hambriento de momentos de alegrías futbolísticas, está disfrutando a un equipo que con el correr de los partidos del Mundial se fue haciendo de todos y que el domingo 13 de julio tratará de quitarles la ilusión a los alemanes en territorio de su archirrival, Brasil.

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