Santiago Quintero, el ecuatoriano que escala obstáculos

La pandemia del covid-19 le impidió el ascenso al K2, pero rendirse no es parte de su vocabulario.
25 de enero de 2021 06:49

Si perder más de la mitad de los pies no fue un impedimento para que el montañista Santiago Quintero escalara las cumbres más altas del planeta y siguiera en busca de sus sueños, la pandemia del covid-19 no iba a ser la excepción.

Hace 20 años que Quintero atravesó uno de los momentos más dolorosos de su vida, cuando producto de su carácter aguerrido y valiente, sufrió un accidente al escalar la pared sur del Aconcagua, la montaña más elevada de Sudamérica. Sus pies se congelaron por la nieve que se filtró dentro de sus botas.

Regresó a casa con dolores y pasaron 22 días hasta que se sometió a una intervención quirúrgica en España. Fue demasiado tarde. Los médicos le amputaron parte de sus extremidades, pero no las ganas de hacer historia con pasos agigantados en su carrera deportiva.

En estas dos décadas ha aprendido a lidiar con lo ocurrido y a evitar visualizarse como alguien vulnerable. Hace 13 años que se planteó una meta para continuar apegado a la montaña. Su objetivo es coronar los 14 picos más altos del mundo que superen los 8.000 metros sobre el nivel del mar (msnm). Para lograrlo ha tenido que batallar contra su discapacidad física, su ego y los problemas económicos.

Un obstáculo inesperado

Su 2020 empezó de gran forma. La empresa que financia sus expediciones, Salud SA, se comprometió a apoyarle económicamente para coronar el K2, en Pakistán. El pico está a 8.612 msnm y es considerada la montaña más difícil de escalar. Todavía es su reto pendiente y una de las seis que le faltan para cumplir su meta.

En junio de ese año tenía programado el viaje. Una expedición puede demorar más de un mes, por distintos aspectos logísticos como largos viajes aéreos, encontrar el equipo de escalada adecuado, aclimatarse a la altura y esperar que las condiciones climáticas permitan el ascenso. No es una tarea sencilla, pero a Quintero siempre le apasionó esta actividad.

El viernes 13 de marzo retornó a su casa, en Quito, luego de brindar una conferencia sobre superación en un colegio de Ambato. Ese día escuchó en las noticias que el coronavirus se esparcía por el mundo y que los gobiernos se aprestaban a tomar medidas estrictas. El lunes 16 de marzo de 2020 cambió su vida y la de todos: el Ecuador entró en confinamiento. Santiago Quintero recibió ese día una llamada que cancelaba la expedición y el patrocinio económico. Un balde de agua fría más helada que la nieve del Himalaya.

Sentí una gran angustia y tristeza”, recuerda. La situación le preocupaba más porque hacía dos años que estaba sin escalar. En el 2019 los doctores le detectaron un soplo en su corazón. Para evitar el retiro definitivo del deporte necesitaba una conexión interauricular que corrigiera un foramen oval abierto. Para colmo de males, en Ecuador lo operaron, pero el resultado no fue satisfactorio.

En junio de ese 2019 se trasladó a la Clínica Shaio, en Bogotá, para un segundo procedimiento quirúrgico. Pasó en cama casi cuatro meses hasta finalizar el proceso de recuperación. En octubre de ese año, ya con el corazón sano, sacó fuerzas para volver a trabajar como guía de montaña porque las deudas golpeaban la puerta de su casa. Finalmente diciembre y enero de 2020 se convirtieron en meses de entrenamiento para retomar su estado físico y volver al montañismo de élite. 

Pero lo dicho, dos meses después llegó el covid-19 a trastocarlo todo. Generó también otro gran inconveniente. Elaborar las prótesis para sus pies tiene un valor que supera los 4.000 dólares anuales. La única persona que las fabrica es un alemán que residía en Venezuela y al que Quintero lo contrataba durante 15 días para que trabajara en Quito. A causa de la pandemia el hombre retornó a su país, por lo que ahora el presupuesto aumenta debido al costo de importación. 

Al mal tiempo buena cara

En el confinamiento tuvo dos opciones: quebrarse o reflexionar. “Escogí que este 2020 me cambiara en el sentido positivo del momento duro que vivíamos”, señala. Junto a su esposa, Claudia, construyeron el hábito de la meditación y de la introspección. “A pesar de todo no hemos perdido la fe y seguimos con la convicción de que todo va a mejorar", asegura.

Y el tiempo les dio la razón. Claudia escribió un libro durante el encierro, sus Golden Retriever tuvieron cachorros que trajeron vida al hogar, a mediados de año recuperó sus ingresos como guía de montaña, dictó conferencias virtuales y en septiembre le confirmaron que había presupuesto para continuar con el proyecto 14/8.000 en 2021.

Nunca perdió la fe para escalar de nuevo y poner a prueba su cuerpo y mente. En su opinión, no haberse detenido ante las adversidades y continuar como escalador profesional es un verdadero milagro, pues ejemplifica el resultado de un arduo trayecto lleno de lágrimas, lecciones y aprendizajes que lo cultivaron como persona.

“Cuando llegas a una cumbre te llenas de pureza. Estás inmensamente feliz después de reventarte físicamente escalando. Se siente una fuerza espiritual muy potente y superior al ego humano”, narra. Sin duda, Santiago Quintero ama la montaña.

Un 2021 de buenas energías

Salud SA lo apoyará financieramente para una expedición en este 2021. Sin embargo, aún le falta un patrocinador más para cubrir los gastos de una segunda cumbre. Su plan es viajar este 15 de junio a Pakistán. Entre sus posibilidades estaría subir la cima del Nanga Parbat, a 8.125 msnm, junto a un escalador turco.

Si todo sale como está previsto, Quintero acabará el año con una novena montaña en su palmarés personal y se prepararía para al menos dos nuevas en el 2022. “La idea es terminar este proyecto en el 2024. Quisiera terminarlo a mis 50 años, pues sería para mí una cosa muy linda”, menciona.

“Este proyecto nunca se ha intentado por alguien con mi condición física, ningún deportista lo ha hecho”, afirma. Por ello, la bandera que carga es la de la superación personal y su mensaje para los jóvenes es que conozcan a aquel hombre, con los pies de la mitad del tamaño de una talla 36, que un día aceptó su lesión, se levantó de una silla de ruedas para caminar y no se detuvo hasta llegar a la cima más alta del mundo. (I)

Santiago Quintero en la cima del Everest, tras un ascenso con sus prótesis y sin oxígeno. Cortesía
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