Cambio de planes: La revolución socialista 4.0

- 20 de octubre de 2019 - 12:25

La nueva estrategia del Foro de Sao Paulo ya no es ganar elecciones y tomarse las instituciones con la excusa de la legitimidad democrática. Como se puede ver ya en algunos países, la nueva ofensiva del socialismo del Siglo XXI utiliza la protesta civil violenta para desestabilizar a los gobiernos y acceder al poder.

Los grupos sociales que utiliza, varían según los países. Todo dentro de una bien pensada estrategia basada en un análisis sociológico minucioso. En España han empezado por los independentistas y los jóvenes que sucumbieron a los encantos de los ideales del 15M.

En Ecuador, son los movimientos indígenas y, al parecer, los sindicatos que, durante el correísmo -paradojas de la Historia- fueron desmantelados y brutalmente sometidos por la fuerza y por las leyes creadas por un poder legislativo dominado por Correa. En Chile son los universitarios y otros grupos que aún se van sumando.

Las protestas violentas son una herramienta necesaria para los revolucionarios del S.XXI. Les proporcionan el camuflaje necesario para infiltrar a los grupos entrenados en guerrilla callejera para elevar el nivel de violencia y, por tanto, la capacidad de extorsión y chantaje a los gobiernos legítimamente constituidos. De esa manera los debilitan poco a poco (lo que se ha visto en Quito, Barcelona y Santiago es sólo el inicio de acciones que se repetirán en esos puntos y en otros más adelante.)

Esa gota que cae sobre la piedra, las protestas, la desestabilización, los pulsos ganados a los gobiernos y el debilitamiento paulatino del Estado, es precisamente lo que se busca. Esta estrategia en las calles va a acompañada de acciones políticas y propagandísticas.

De la política se encargan los líderes de los partidos afines al Foro de Sao Paulo y su sucesor, el nuevo Grupo de Puebla. Pedir elecciones adelantadas, destitución del gobierno vigente, presentarse como la alternativa en estos escenarios forzados por la violencia en la calle.

Desde la propaganda, lo principal es proteger a los movimientos sociales que les sirven de parapeto, ponerlos en primer plano como víctimas de gobiernos opresores.

Estos grupos son su excusa, su medio de infiltración, su imagen de legitimidad. No es casualidad que la estrategia digital y mediática del Castro-chavismo extendido, se centre en la antigua narrativa, que aún hace eco: derecha opresora, izquierda oprimida y salvadora.

De ahí el énfasis en la violación a los DDHH de los manifestantes, la exageración descarada acerca de la actuación de la fuerza pública, la manipulación de los hechos poniendo a los golpistas como perseguidos políticos, a los violentos como chivos expiatorios de una justicia parcializada. Ese marco conceptual se vende fácil, se viraliza, se adopta como verdad y gana adeptos en todo el mundo. Incluso en los propios gobiernos que son el objetivo del narco-socialismo.

Hoy más que nunca, los medios y los influencers en redes sociales tienen una responsabilidad histórica frente a la propaganda, la desinformación y las fake news. También los ciudadanos que participan en los debates en redes tienen la obligación de informarse y formarse para no hacerle el juego a esta ofensiva de la izquierda totalitaria.

Los ciudadanos deben dar la batalla en redes, exigir responsabilidad a los medios, ser críticos y, quizá lo más importante: no ceder a las provocaciones violentas de los movimientos subversivos en las calles.

Una escalada de violencia entre civiles aceleraría el proceso de desestabilización de los gobiernos y dejaría el camino libre a la toma del poder ¡tan esperada! por la izquierda que pierde posiciones en la geopolítica y, en concreto, en Latinoamérica y España.

Estamos ante una estrategia de socialización del terror, de contar con ejércitos de imitadores de la violencia, encabezados por los grupos de guerrilla urbana entrenados para encender la chispa, e incendiar a la sociedad civil.

Un gran ejército de marionetas que sirven, más o menos conscientemente, a un objetivo que, de lograrse, los destruirá sin piedad, como hemos visto en Cuba y Venezuela. Como bien dice el René Girard: “El mejor modo de castigar a los humanos, es dándoles lo que tanto reclaman.” (O)

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