Comida, datos y bienestar: el comedor inteligente que marca el ritmo de la nueva Xiong'an
Por las calles recién trazadas de Xiong'an —el proyecto urbano más ambicioso de China desde Shenzhen— la vida se articula entre pantallas, algoritmos y una noción de modernidad que busca ser tangible para quienes llegaron desde otras provincias.
Esta Nueva Área, ubicada en Hebei y diseñada para aliviar a Beijing de funciones no esenciales, se vende como laboratorio urbano: allí se prueba cómo se vería la ciudad del futuro aplicada a la escala de la vida diaria.
Un ejemplo vive en Wenhua, una comunidad dentro de la sección dedicada a empresas emergentes. Allí funciona un comedor impulsado por inteligencia artificial, un espacio donde la tecnología no está para ser observada, sino para que el almuerzo sea más rápido, más fácil y, en teoría, más saludable.
El pago no requiere billetera ni celular: el sistema de reconocimiento facial identifica al comensal y asocia automáticamente su bandeja con su cuenta. No hay filas, no hay cajeros. Todo sucede en segundos.
Pero el plato no se queda en lo básico. Los dispositivos colocados en la zona de servicio pueden pesar la comida, registrar el consumo calórico y entregar sugerencias dietéticas personalizadas. En la práctica, significa que un residente —joven o mayor— puede saber qué está comiendo, cuánto debería reducir o aumentar y cómo su dieta impacta en su salud. El comedor se convierte así en un pequeño nodo de bienestar dentro de una ciudad que busca eficiencia y cuidado a partes iguales.
Xiong'an, sin embargo, no es solo IA y sensores. La vida comunitaria se sostiene con otros espacios que responden a necesidades más concretas.
En Chunmingbei, por ejemplo, un comedor comunitario ofrece menús asequibles para los hijos de padres que trabajan. Allí, la tecnología pasa a un segundo plano: la prioridad es que los niños coman bien sin que el horario laboral de sus familias se vuelva un obstáculo.
Muy cerca, en Nanwenying, el enfoque cambia de edad: adultos mayores de 60 años acceden a descuentos escalonados, una forma de aliviar sus gastos diarios y mantenerlos dentro del tejido social del barrio.
Los servicios se expanden: librerías, supermercados y espacios públicos diseñados para que la tarea de instalarse en una nueva ciudad no sea abrupta ni impersonal.
En Wenhua, empleados acomodan libros que rotan con frecuencia y los estantes de frutas y arroz compiten con las pantallas táctiles de pago. Lo inteligente convive con lo cotidiano.
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