TEMA CENTRAL

Una revolución silenciosa por la igualdad de oportunidades (GALERÍA Y AUDIO)

12 de mayo de 2014 - 00:00

TEMA CENTRAL

De no ser por el crecimiento de la fuerza laboral femenina, la pobreza extrema en América Latina sería un 30% mayor al índice actual. Según el Banco Mundial, gracias a la igualdad de género en el mundo laboral se puede lograr mejorar la calidad de vida, la productividad y cohesión social a nivel global.

Margarita Ortega (30 años) trabaja desde hace más de 12 meses como confeccionista en la empresa ecuatoriana Pinto S.A. Su esposo labora en la misma empresa. El salario que ambos reciben está destinado a la educación, alimentación y vestimenta de sus 2 hijos. En su familia, el género no interfiere en el rol de padres ni en la toma de decisiones. “Mientras más se desarrolla (profesionalmente) cada uno, es mejor para los dos y todas las decisiones económicas las tomamos en conjunto”, afirma Ortega. Toda la familia participa en las tareas domésticas. “Hago los quehaceres con mis hijos, a pesar de que el mayor es varoncito, él lava los platos”, cuenta. “Aún se escuchan situaciones de machismo en donde la mujer hace todo, pero mi caso no es así”, agrega.

El testimonio de Margarita ilustra lo que Carmen Dianne Deere, profesora de Estudios Latinoamericanos y Economía Agrícola de la Universidad de la Florida, plantea: “la mejor situación de todas es cuando existe una distribución de la riqueza igualitaria, cuando hombres y mujeres deciden en común y reconocen el rol de la pareja en la decisión”. A pesar de los ejemplos positivos, en el Ecuador y en el mundo persisten desigualdades económicas y sociales entre hombres y mujeres, aunque varios estudios concluyen que el resultado de una mayor inclusión económica de la mujer se refleja positivamente en el desarrollo de una familia, de una empresa y de un país.

Flexibilidad laboral, ¿es posible?

Carla Pinto (32 años) es la actual gerente comercial de Pinto S.A, una compañía en la que el personal femenino representa casi el 67% del total. “Tener mujeres a la cabeza de una empresa permite desarrollar una dinámica humana y flexible. Por ejemplo, si una empleada tiene una emergencia familiar no va a ser juzgada por correr a atender a su hijo”, explica.


La directiva de Pinto recuerda el prejuicio que sintió cuando le preguntaron: “¿qué futuro tienes si estás en la peor época de tu vida?”, en referencia al período entre los 30 y 40 años en el que comúnmente una mujer alcanza el éxito profesional, que puede verse interrumpido por ser madre. “Tenemos que buscar sistemas de trabajo flexibles para poder llevar una vida profesional y ocuparse del hogar”, asegura Pinto.

 

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Según una encuesta realizada a 110 empresas ecuatorianas por Deloitte, compañía especializada en consultoría empresarial, el 37% de empresas cuenta con alguna política de flexibilidad laboral para las madres ejecutivas, mientras que el 63% no la tiene. En ese sentido, la mayor parte de las empresas cuenta con horarios menos rígidos, mientras que solo un 14% permite trabajar desde casa.

Pinto relata que una de las políticas más exitosas de la empresa a la que representa y que ha dado estabilidad a las empleadas es la doble jornada. Trabajar de 8:00 a 12:00 y de 14:00 a 18:00 permite a los trabajadores desayunar con sus hijos, retirarlos de la escuela y compartir la merienda. También ayuda que la fábrica textil esté situada en un lugar pequeño como Otavalo cerca de las viviendas de los trabajadores.

“Como empresas invertimos mucho en las trabajadoras, pero cuando cumplen 30 años se empiezan a ir o cambia la dinámica de trabajo”, señala Pinto. Esta es una de las razones para que las empresas ofrezcan beneficios para que las mujerescontinúen con su desarrollo profesional. El estudio de Deloitte indica que el 40% del personal de las empresas encuestadas corresponde a mujeres. En el gráfico 1 se aprecia el porcentaje de trabajadoras que ocupan cargos estratégicos o ejecutivos y se concluye que solo en 11 empresas la tercera parte de su personal femenino ocupa altos cargos.

Escuche un testimonio más de una mujer exitosa.

Persistencia de ‘temas tabú’

La gerente comercial de Pinto lleva 8 años en el mundo empresarial donde todavía existen ‘temas tabú’. “Nunca se habla” de las políticas para combinar el trabajo profesional con el cuidado del hogar o para equilibrar el tiempo de trabajo con los horarios escolares de los hijos. “He visto sufrir a las mujeres por las vacaciones del quinquimestre (2 semanas en febrero) porque no saben qué hacer con los hijos durante ese tiempo mientras que a los hombres no les afecta”. También señala ciertos comportamientos sociales que sútilmente separan a los hombres de las mujeres. Por ejemplo, “me insisten para que acuda a los eventos de la Reina de Quito. No tengo nada en contra de eso, pero no me insisten para asistir a reuniones sobre temas de inversión, a las cuáles también me interesa ir”. Para vencer estos obstáculos, Pinto considera que “la mejor salida es luchar sin extremismos sino con nuestro trabajo y ejemplo”.

El trabajo no remunerado

El tiempo que una mujer dedica al trabajo doméstico todavía es superior al de los hombres. En su último libro Mujeres y la Protección Social en Ecuador, Alison Vásconez muestra que la edad de mayor carga de trabajo doméstico se ubica entre los 25 y 35 años, que coincide con la edad de mayor participación laboral (gráfico 2). Además, si se compara el tiempo libre (personal) entre hombres y mujeres, el de ellas es todavía menor, lo que se explica por su dedicación a tareas de cuidado del hogar, de menores y personas de la tercera edad o con discapacidad, que de una forma invisible sustentan las actividades productivas de la familia, la organización y la fuerza laboral.

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La población económicamente activa en el Ecuador suma 4,7 millones de personas, de ellas un 40%, es decir 1,9 millones, corresponde a mujeres. La diferente suerte de hombres y mujeres en el ámbito laboral se evidencia en las cifras que también muestran avances en algunos aspectos. En diciembre de 2013, el desempleo femenino fue de 5%, un punto más que el nacional y 2 puntos por encima del desempleo masculino. El subempleo femenino llegó a 59%, 7 puntos porcentuales más que el subempleo nacional y 10 puntos más que el subempleo masculino. El desempleo nacional se ubicó en 4 % mientras que el subempleo fue de 52%, según la Encuesta Nacional de Empleo Subempleo y Desempleo Urbana y Rural del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC).

En el país, el salario básico unificado se duplicó entre 2006 y 2014, pasó de $ 160 mensuales a $ 340. Las brechas salariales entre hombres y mujeres se redujeron significativamente entre 2005 y 2012. El promedio de ingresos laborales para una mujer en 2005 era de $ 125, mientras que para un hombre era de $ 210. En ese período, el ingreso promedio de un hombre fue de $ 334 y de una mujer, $ 307.

El incremento de la capacidad y autonomía económica de una mujer va más allá de las cifras. “Un dólar en la mano de una mujer se gasta en los hijos. En la mano de un hombre, no estamos seguros cuánto va a llegar a los hijos. Muchas veces lo gastan primero en trago o juego”, explica Deere.

La académica estadounidense es coautora del estudio Acumulación de activos, una apuesta por la equidad, realizado con 2.892 familias de la Costa y Sierra ecuatorianas. La investigación determinó diferencias entre la capacidad adquisitiva de hombres y mujeres. “Los hombres tienen más capacidad de ahorrar que las mujeres porque son más los que trabajan y, además, ganan más. 

Consecuentemente, son ellos quienen tienen más acceso al crédito que las mujeres”, sostiene Deere. También analizó la riqueza bruta de los hogares; es decir, cómo hombres y mujeres invierten sus ganancias en posesiones como residencia, negocios no agrícolas, terrenos agrícolas, bienes durables o bienes raíces. El gráfico 3 muestra las diferencias entre hombres y mujeres. “Se resalta la abrumadora importancia para las mujeres de la riqueza invertida en sus viviendas 65,8%) en comparación con los hombres (57%)”, indica el estudio.

 

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Más igualdad implica más progreso

 

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En el informe Género en el Trabajo, divulgado en abril, el Banco Mundial indica que muchas políticas de inclusión femenina dependen del contexto cultural de cada país. Sin embargo, el documento enumera áreas en las que la igualdad de género en lo laboral es clave para obtener mejores resultados. Primero, si hay más oportunidades de trabajo y mejores sueldos para las mujeres, las ganancias se reflejarán en educación y salud de sus hijos y eso mejora la calidad de vida de una familia. El segundo elemento se refiere a la productividad. El informe explica que si no se aprovecha el potencial de una mujer en una empresa, esta será menos productiva. Además, señala que al incentivar a las mujeres a crear empresas se multiplicarán las fuentes de trabajo para otras.

En América Latina y el Caribe, la fuerza laboral femenina creció un 35% entre 1990 y 2012 como indica el gráfico 4. El BM resalta que en 2010, la pobreza extrema en la región habría sido un 30% superior y la desigualdad del ingreso, un 28% más alto sin el aumento de ingresos de las mujeres entre 2000 y 2010. El estudio también destaca que los principales impulsores del aumento de la participación laboral de las mujeres y del incremento de los ingresos en la región son: el crecimiento de la inversión en educación, la disminución de la fertilidad y el retraso en contraer matrimonio. Por otro lado, los datos muestran que las mujeres tienden a tener menos trabajos a tiempo completo que los hombres y tienen el doble de probabilidad de quedar fuera de la fuerza laboral (gráfico 5).

 

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‘Revolución silenciosa’

Francisco Leal, sociólogo y profesor colombiano de la Universidad de los Andes y de la Universidad Nacional de Colombia, sostiene que “la reivindicación de la mujer ha sido la revolución silenciosa más importante del mundo”. El reconocimiento como ciudadanas y el acceso a la universidad son los hechos que marcaron ese proceso. “Todavía prima una cultura milenaria machista y eso es lo más duro de cambiar”, dice. 

En los últimos años, el Gobierno ecuatoriano y colectivos ciudadanos han impulsado políticas para garantizar la participación igualitaria como la Agenda Nacional de las Mujeres y la Igualdad de Género y temas en el proyecto de Código de Trabajo que buscan la inclusión laboral sin discriminación de género y la estabilidad en el período de maternidad. La participación de las mujeres ha aumentado en todos los ámbitos, incluido el político. Hoy, por ejemplo, es más real imaginar mujeres presidentas que décadas atrás. “Las liderezas pueden ir cambiando la mentalidad y ese es el progreso”, subraya Deere.

 

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