Daniela Fuentes: Queremos dar vida a las industrias perdidas

18 de febrero de 2013 - 00:00

Qué son las industrias culturales?
El concepto de industrias culturales en Ecuador es nuevo y tiene que ver con el posicionamiento que le ha dado el Ministerio de Cultura. Lo definimos como el conjunto de acciones que se basan en la creatividad y cuyo último fin es la industria, como es el caso del cine y el audiovisual, la industria editorial, los discos, entre otros.

Es decir, es toda creación cultural que da un rédito económico y forma redes de trabajo, porque para hacer una película, no solo basta escribir un guión o tener un director, también se articulan otros sectores como la utilería, los maquillistas, actores y sonidistas.

¿No se corre el riesgo de mercantilizar contenidos que son culturales?
Lo importante es reconocer el valor agregado que aporta la creatividad, porque no es lo mismo reproducir esferos, que un libro que posee contenidos únicos en su naturaleza. Sin embargo, las industrias culturales tienen dos caras: por un lado, al generar un valor agregado, son potenciales para pensar en la identidad de una nación, pero también, representan un peligro por los contenidos que permean a la sociedad. En efecto, hay que cuidar de no mercantilizar los contenidos sin un sentido creativo.

En el país, ¿qué sectores componen a las industrias culturales?
Como Ministerio de Cultura identificamos seis sectores en este campo: la industria fonográfica que vincula a la música, la reproducción de discos y conciertos; la editorial relacionada con libros, revistas, literatura infantil y textos escolares; los audiovisuales; el diseño, que abarca el diseño gráfico y la ilustración; la publicidad; la artesanía que es uno de los pilares de la economía de muchos grupos humanos, sobre todo, de comunidades indígenas; y el sector multimedia que apunta a la digitalización.

En ese sentido, ¿cuál es la participación del Estado?
Hacer un diagnóstico de cómo estamos en este sector. Con los resultados veremos qué falta para fortalecer esos espacios.

¿Se cuenta con algún estudio?
Hay un diagnóstico del sector fonográfico que pronto lo vamos a lanzar, así como del editorial. Estamos haciendo un estudio sobre la televisión y, próximamente, del cine y el audiovisual. El análisis nos dirá en dónde estamos en cada sector y desarrollar indicadores que permitan mantener una línea base. Según la Cámara Ecuatoriana del Libro, en 2012 se publicaron más de 4.000 títulos, lo que significa que hay creación y producción. Al momento, existen 66 editoriales que publican obras de autores ecuatorianos.

Sin embargo, qué pasa con esos 4.000 títulos, quien los lee, dónde están, cuán fácil es encontrar un autor ecuatoriano en nuestras librerías o en las de Perú o Colombia. Es casi imposible.

Con respecto a la formación de públicos, ¿a quién le compete?
Le corresponde tanto al sector público como al privado, pero sobre todo, a los gobiernos locales, pues son quienes deben valorar el talento de los autores locales.

¿Cuál debe ser el aporte de la empresa privada?
Es necesario que empiece a apostar al talento y a la creación ecuatoriana. Por ejemplo, la televisión tiene muy pocos contenidos nacionales: más del 80% son extranjeros.

Muchos opinan que no es rentable…
Porque no hay un público formado. Es responsabilidad de la empresa privada invertir en la cultura ecuatoriana, que dejen de publicar la obra “Hamlet” 8.000 veces.

¿La inversión pública a cuánto llega para las industrias culturales?
En 2012, la Subsecretaría de Emprendimientos Culturales invirtió 1,3 millones de dólares. Entre los proyectos más destacados está el fondo fonográfico. Los autores están creando y trabajando, pero al momento de publicar o encontrar una editorial que los apadrine, las cosas se complican.

También hicimos la feria del libro: en Guayaquil asistieron 3.000 personas y 50 editoriales; y, en Quito, 85.000 personas y más de 80 editoriales. Hubo conferencias y ruedas de negocios, lo que generó toda una dinámica alrededor de la lectura y la comercialización del libro. En 2013 esperamos invertir 1,9 millones de dólares.

¿Las rondas de negocios son las primeras instancias para demandar y comercializar productos culturales?
Sí. Por ejemplo, por primera vez se hizo en Manta una ronda de negocios sobre la comercialización audiovisual. Se realizaron 97 negociaciones, de las cuales, habrá que hacer seguimiento cuántas se concretaron. Además, se efectuó la primera negociación en quichua, lo que demuestra que estamos en capacidad de ofertar y demandar una diversidad de productos y servicios culturales.

¿Cuan importante es la cultura en la economía?
Los estudios determinan que las industrias y emprendimientos culturales en el país aportan el 1.6% del Producto Interno Bruto y, sería mayor, si se reconocieran los derechos de autor y no circularan productos piratas. En 2013 aplicaremos la metodología de la Cuenta Satélite para saber cuánto aportan las artes escénicas a la cultura, que todavía no están consideradas dentro de los sectores industriales.

Las industrias culturales tienen un espacio económico y social de desarrollo asegurado. Es decir, reportan utilidad, generan empleo, promueven inversión, amplían mercados ¿qué opina usted?
De hecho, hay un concepto que se llama “economía creativa”. Por ejemplo, si ponemos una telefónica que produce publicidad con contenidos culturales para llamar a su público, está haciendo un ejercicio de economía creativa. Este tipo de industrias tiene un espacio asegurado para crecer dentro de la sociedad. Es un dinamizador de trabajo, abre plazas de empleo y, sobre todo, es importante pensar cómo establecer una política tributaria que potencie esas industrias.

¿Por qué tributaria?
No puede ser que el impuesto al disco original sea mayor que el impuesto al disco virgen con el que se hace cualquier copia. El tema de la industria y el fomento de los emprendimientos culturales no compete únicamente al Ministerio de Cultura, pero si no se controla el derecho de autor, el Servicios de Rentas Internas no establece normas tributarias, la Cancillería no promociona la cultura en el exterior, nos quedamos ahí mismo.

¿Cual es la meta en este sector?
Hace 25 años existía en el país la industria musical del pasillo. Queremos consolidar y dar vida a las industrias perdidas, en concreto, a la fonográfica, además de incrementar el índice de lectura en los hogares. Según un estudio, la producción ecuatoriana editorial en la región llega apenas al 1,3%, y el promedio mensual de lectura en Ecuador es de tres horas y media en las zonas urbanas, y de casi tres horas en las rurales.

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