El 71% de víctimas de trata son mujeres y niños

- 09 de noviembre de 2018 - 00:00
Ilustración: Archivo / El Telégrafo

Marcela creyó que a los 15 años encontró el amor de su vida. Conoció a Miguel, 10 años mayor que ella, en una fiesta de la comunidad de Guamote (Chimborazo). Lo recuerda alto, cabello castaño y ojos claros. La invitó a bailar, y “me enamoré”, dice la joven ahora de 25 años.

Dos años antes, su madre viajó a España. Vivió al principio con su padre y su madrastra, quienes la maltrataban físicamente.

Durante 15 días salió con Miguel. En ese tiempo, él conoció a María, su hermana menor de 10 años. Le preguntó en dónde trabajaba su madre. Le contó los problemas con su padre. Miguel desapareció, hasta que al mes regresó a buscarla y le propuso matrimonio, pero no en Guamote sino en la capital. “Huye conmigo, tendrás todo”, la convenció.

Marcela huyó y dejó una carta en la cual pidió que no la buscaran. Se montó en la camioneta de Miguel. Llegaron a Quito a un cuarto en el sur de la capital. Le pidió desnudarse. Le tomó fotos y grabó videos. La besó, la manoseó. No tuvieron relaciones sexuales ese día.

Conoció el infierno siendo niña

Los primeros 20 días, Miguel le compró ropa, entre la cual había un vestido blanco para el supuesto matrimonio. Pero, el día 21 empezó el infierno. Miguel llegó borracho y la obligó a ponerse un vestido negro pegado al cuerpo. Le dijo que irían a una fiesta en otra provincia.

En una casa, ahora intuye en Tulcán, conoció a un hombre de 54 años, quien la violó y pegó, además se tomó fotografías y videos. Jamás volvió a ver a Miguel. Quiso huir, pero la amenazaron con violar a su hermana y matar a su madre, que vivía en España.

Durante cinco años fue obligada a trabajar en cabarés en Ambato, Tulcán y Lago Agrio por $ 20 diarios. Dejó de ser Marcela, la llamaron Yuliette.

A los 20 años, cuando calcula que estuvo con 200 hombres, huyó con otra chica que también era obligada a la misma actividad.

Mujeres y niños, los afectados

El testimonio de Marcela es común entre las víctimas de trata. La ministra del Interior, María Paula Romo, dijo que el 71% de afectados son mujeres y niños. A su criterio, Ecuador es un país de origen, tránsito y destino. Y que el 97% de las víctimas son ecuatorianas. “La trata es una forma contemporánea de esclavitud”, agregó Romo.

La funcionaria de Estado recordó que en 2004 se creó la política prioritaria para atender este problema. Pero, en 2006 se promulgó el plan nacional para combatirlo.

Desde agosto de 2017, según Romo, funciona la Dirección de Prevención y Trata de Personas y Tráfico de migrantes. Esta entidad trabaja en la prevención y promoción de derechos, así como en protección, investigación y judicialización. Este año, según Romo, hubo 13 operativos, se rescataron 61 personas y se detuvo a 26 ciudadanos.

La Policía informó que entre 2010 y 2017 se detuvo a 215 personas y 380 fueron rescatadas.

Romo indicó que se coordinan acciones con Perú y Colombia para realizar operativos conjuntos.

María Antonia Chávez, de Observa La Trata, señaló que la violencia sexual es “el pan de cada día”, sin embargo, no es el único. Afirmó que la migración irregular e insegura y la trata están vinculadas.

En esto influyen los conflictos sociales, problemas económicos y la falta de empleo. Pero también factores estructurales, como pobreza, desigualdad social, racismo, patrones culturales de violencia, delincuencia, entre otros.   

Chávez es consciente de que la delincuencia transnacional organizada también está detrás del problema.

David González, coordinador del Sindicato de Trabajadores Sexuales de Quito, dijo que la trata no es ajena para los hombres y mujeres que se dedican a ello. Estima que el 30% de víctimas son ecuatorianos y venezolanos.

Según la abogada y catedrática María Elena Cardoso, las personas privadas de la libertad evidencian problemas de trata no solo por explotación sexual, sino laboral.  

A su criterio, no se trabaja para apoyar a las “mulas detenidas” de las redes mundiales que “manejan mucho dinero”. Mujeres de este país, Europa, Colombia, Venezuela y México fueron víctimas de este delito y ahora están “invisibilizadas” en las cárceles, según Cardoso. (I)

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