El río Bravo se llevó la sonrisa, el tesón y los anhelos de Myriam

- 18 de mayo de 2019 - 00:00
”Una pesadilla de la cual nunca se podrá despertar”, es como se refieren a la muerte de Myriam los vecinos del caserío San Pablo de Guantug. Prefieren no hablar de los “coyoteros”.
Foto: Elizabeth Maggi / EL TELÉGRAFO

La joven de 21 años, oriunda de San Pablo de Guantug, cantón Guamote, se ahogó el pasado 13 de abril cuando huía del grupo terrorista Los Zetas en la frontera de México y Estados Unidos. Su cuerpo aún no ha sido repatriado.

Una persistente y gélida lluvia moja los cultivos, ganado,  y humildes viviendas de la comunidad San Pablo de Guantug, perteneciente al cantón Guamote en la provincia de Chimborazo.

En dicho caserío nació  Myriam Paguay, joven de 21 años, quien el mes pasado murió al intentar cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. La noche del 13 de abril, ella junto con 11 migrantes más, saltaron al río Bravo cuando huían del grupo terrorista Los Zetas.

El desenlace de dicho episodio fue trágico. La joven falleció por ahogamiento y desde entonces su familia vive sumida en la tristeza.

El desconsuelo se extiende a las polvorientas calles de San Pablo de Guantug. Allí, todos conocen del tema, pero se rehúsan a comentarlo.

En medio de árboles y plantas nativas se observa la modesta vivienda de Myriam: es de un piso, sus paredes de bloque y tiene tres habitáculos. En uno de ellos residía la joven.

Un viejo y rústico ropero alberga aún algunas de sus prendas de vestir.

Peluches, una colcha que ganó en una corrida de toros, y varias manualidades, adornan el dormitorio de la muchacha, el cual no ha sido tocado desde su desaparición.

Francisco, su progenitor, muestra con sus manos temblorosas una fotografía del día en que su amada hija se recibió de bachiller. “Es uno de sus grandes logros que me enorgullecen, tuvo que superar dificultades económicas y hasta geográficas”, explica entre varios suspiros.

Un trayecto sin retorno
El hombre es agricultor, los ingresos que obtiene del expendio de papa, maíz y haba, no son suficientes para sustentar su hogar. “Los precios de mercado resultan injustos en relación con el esfuerzo por cultivar la tierra”.

Aunque intenta contener las lágrimas, le resulta imposible al recordar el trayecto y los esfuerzos que su hija hizo para llegar a México. En la puerta de su casa y junto a varios familiares, quienes prefieren no identificarse, traen a la memoria la imagen alegre, emprendedora y tesonera de su amada Myriam.

“Ese ‘ñeque’ fue el que la  motivó a contactar a los ‘agentes de viaje’, como se hacen llamar los ‘coyoteros’, quienes le prometieron llegar a salvo a Estados Unidos. Ella sintió la pobreza, quiso ayudar a los suyos, pero el destino le jugó una mala pasada... Ahora la pena es nuestro pan diario”, dice Omar (nombre protegido), allegado a la familia Paguay.

Para él y sus vecinos, la palabra “coyotero” se ha suprimido del vocabulario. Al oírla, la ignoran y cambian radicalmente de tema.

Han pasado dos semanas desde que se confirmó que uno de los cuerpos sin vida hallados en el río Bravo, corresponde a Myriam.

Sus familiares han solicitado ayuda a las autoridades provinciales y nacionales para repatriar el cuerpo de la joven, la espera de ello es inquietante aún.

Pobreza extrema
Guamote es uno de los cantones con mayor pobreza de  Chimborazo. Según el Ministerio de Inclusión Económica y Social, esta ciudad alcanza el 49% de desnutrición crónica en niños de cero a cinco años.

Además hay deficiencia en el servicio de transporte comunitario. A los habitantes de San Pablo de Guantug  les toma algo más de una hora viajar hasta el centro de Guamote. Y lo hacen a bordo de camiones informales o camionetas debido a la ausencia de transporte en el área rural. (I)   

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