El enojo y aislamiento son síntomas de un estado depresivo

Policías de menor rango encabezan la lista de suicidas en la institución

- 13 de septiembre de 2014 - 00:00

El enojo y aislamiento son síntomas de un estado depresivo

En Ecuador, desde 2010 hasta la fecha, ocurrieron 42 suicidios aproximadamente en la Policía Nacional, siendo uniformados con rango de cabo primero los que más bajas sumaron, con 13 casos, les siguieron l2 agentes novatos, 12 cabos segundos, 2 sargentos segundos, 2 subtenientes y 1 teniente coronel.

Un informe presentado por la institución reveló que entre las posibles causas estarían el estrés laboral y la depresión, esta última a consecuencia de problemas en el hogar y por el consumo de licor.

Uno de los casos recientes ocurrió en el cantón Ventanas, en la provincia de Los Ríos, cuando el cabo primero Joselito Castillo, de 38 años, se suicidó con su arma de dotación, dentro de la Unidad de Policía Comunitaria en la que laboraba. Nadie sabe los motivos.

Este es el cuarto suicidio en la provincia este año. El 15 de mayo el policía Nelson Toro se disparó en un dormitorio del Comando de Policía de Babahoyo; el 15 de junio el cabo primero Luis Yánez hizo lo mismo, pero en casa de sus padres, en el cantón Montalvo; mientras que el 5 de septiembre el cabo primero Luis Criollo se quitó la vida luego de matar a su exnovia, en Babahoyo. Todos usaron su arma de dotación.

Estos problemas que aquejan a los uniformados son tratados en el plan integral ‘Tú puedes, tú debes’, que tiene como fin erradicar la violencia intrafamiliar y solucionar casos de alcoholismo, depresión y demás, aseguró la coronela Verónica Espinosa, directora de Bienestar Social de la Policía Nacional.

Varios miembros han superado crisis emocionales que los tenían al borde de quitarse la vida o causarse daño, destacó la funcionaria.

La atención es para hombres y mujeres. Los especialistas visitan los domicilios de los gendarmes para conocer el nivel social y económico, hacer diagnósticos y con esa base iniciar los tratamientos, informó Espinosa.

Para la siquiatra Julieta Sagñay, directora de la Clínica Conducta, los hombres, sean civiles o agentes del orden, generalmente ocultan su depresión. “No se ponen a llorar, como sucede con algunas mujeres, sin embargo presentan irritabilidad, aislamiento, insomnio, falta de concentración, fatiga, cansancio, no terminan sus proyectos, no socializan, no disfrutan de las cosas que hacían antes”, explicó.

También, dijo, en caso de los policías estos síntomas serían el resultado de estar alejados de sus familias, tener problemas en el hogar o verse afectados por el orden jerárquico (los que poseen baja autoestima), es decir, recibir órdenes de hombres con rangos superiores.

Sagñay dio 2 recomendaciones para evitar que un cuadro depresivo aumente en cualquier tipo de uniformado, pues al ser una figura de autoridad muchas veces son vulnerables a sus pensamientos, debido a que tienen mayor carga emocional, por sus responsabilidades.

La primera involucra a sus parientes. “Deben estar atentos a los síntomas. Si un policía o militar se separa de su mujer, la familia no debe decirle que lo supere, que se busque otra, porque eso hace que se sienta como una carga para los demás”.

La segunda implica a las instituciones, y se refiere a la elaboración de un perfil sicológico exacto de la persona que ingresará a sus filas, para prevenir cualquier inconveniente en el futuro.

A inicios de septiembre, el general Fabián Solano comunicó que la Inspectoría General de la Policía Nacional, mediante el Centro de Análisis de la Conducta Policial, pretende un cambio estructural, cultural y social de sus miembros, para mejorar la productividad y condiciones de vida en su entorno íntimo y familiar.

Además, informó que hasta el momento se ha evaluado en la parte médica, sicológica, mental y toxicológica a 6.000 de 44.700 policías, para 2017 se espera culminar el proceso.

Según datos divulgados por la Policía Nacional, la tasa más alta de suicidios de uniformados en el mundo se registró en 1994, con 25.6 casos por cada 100.000 habitantes. En 2012, Estados Unidos reportó 126 muertes voluntarias de sus oficiales.

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