Javier Gutiérrez: “Si Ecuador no fuera un país de tránsito para la droga habría menos violencia”

Son grupos excluidos, sin educación, sin protección del Estado en ausencia de la familia.
26 de febrero de 2021 11:28

Los acontecimientos ocurridos el 23 y 24 de febrero en cuatro cárceles del país han hecho que quede al descubierto las falencias al interior del sistema penitenciario. Falencias que datan de décadas atrás, con la diferencia de que ahora hay más violencia.

En estos centros impera la ley del más "fuerte". En medio de los enfrentamientos de bandas por la disputa de territorio para la venta de droga y por el poder, están quienes pagan una condena, pero que no pertenecen a ninguna organización. A esos hay que proteger dijo este jueves 25 de febrero, el comandante general de la Policía, Patricio Carrillo.

Este diario entrevistó al sociólogo Javier Gutiérrez, de Misión Alianza, quien tiene una mirada específica sobre la violencia desencadenada en los llamados centros de rehabilitación social.

¿A qué cree que se debe ese grado de deshumanización y violencia al interior de las cárceles del país?

Creo que primero es una muestra de lo que en otros países han enfrentado, condiciones más difíciles que las nuestras en cuanto a la violencia, y cómo lo han enfrentado. Ese tipo de imágenes, de prácticas de estos grupos vinculados a mafias, especialmente al narcotráfico, han tenido su actuación lamentablemente en países hermanos como México, Colombia, Guatemala, pero en Ecuador parecía que estaba lejano a nuestra realidad.

¿Por qué estaba lejano? Porque para nosotros, la nación más afectada por el tráfico de drogas es México, que justamente es la puerta de entrada al país de consumo que es Estados Unidos. Las disputas de las mafias por la entrada a Estados Unidos, por apoderarse de los circuitos -porque eso genera los negocios y los grandes lucros- esos territorios eran enfrentados a través de estas luchas criminales, especialmente en México que es país fronterizo o Guatemala.

Y en segundo lugar Colombia que es de donde salía toda la droga procesada hacia el norte, entonces también este país era una zona de disputa.

Pero ahora vemos que Ecuador ya es un territorio fuerte de disputa dentro del circuito del tráfico de droga. Ya no estamos distante de eso, somos un país donde hay bandas, mafias, disputándose y luchando por esos circuitos, por esa ruta de la droga.

Con el pasar del tiempo si el Estado, si la sociedad, no toma acciones inmediatas, eso se puede agravar. Lo que pasó el martes 23 de febrero se puede repetir con mayor frecuencia a futuro, ¿por qué?, porque la demostración de la guerra de las bandas es justamente esa.

Entonces lo que queremos es evitar que lo que ha sucedido al país hermano suceda acá, porque ese es el actuar de ellos. Lo que debe sorprender es que primera vez que ocurre en Ecuador, pero el actuar de ellos en otros países ha sido ese.

Ya hubo un caso de un reo al que decapitaron y con su cabeza jugaron fútbol. ¿Hay mucha influencia de cómo actúan los carteles mexicanos a como actúan acá?

Por supuesto que sí, porque la conexión de estos grupos es íntima, muy cercana a los grupos que están en Centroamérica y México. La práctica de ellos en otros países se refleja ya en los grupos que están actuando en Ecuador.

Si Ecuador no fuera un país de tránsito fuerte, donde no hubiera esa lucha por apoderarse de las rutas de lucro, habría acontecimientos de violencia leves, como han habido décadas atrás, pero ahora ya es distinto, ya estamos en esa ruta.

Lo que está sucediendo aquí es el reflejo de como actúan esos grupos: Sinaloa, etc, en otros países que tienen incidencia directa en lo que está pasando aquí.

¿Estas personas que matan a sangre fría, lo hacen bajo los efectos de la droga o están conscientes?

Unos sí están drogados, pero otros totalmente conscientes; el efecto de la droga y el alcohol genera violencia en personas violentas, en quienes tienen distorsionada su personalidad y tienen alguna psicopatía. En personas que han estado excluidas de todo tipo de integración social, totalmente desintegradas de la sociedad, entonces esas personas se les da droga y alcohol, las consecuencias pueden ser desastrosas.

Están con efecto de droga y alcohol, pero no nos olvidemos que estén o no con droga o alcohol, esas personas actúan así.

Son violentas justamente porque las condiciones de los centros de rehabilitación no son tales; son centros que no cumplen con las condiciones para rehabilitar, donde se negocian cosas, donde están los grupos planificando sus actos y se ha convertido en un territorio de disputa entre esos grupos. Ahí están enfrentándose internamente, disputando espacios, entonces son centros de lucha, es algo bastante preocupante.

¿Qué tipo de problema a nivel sociológico presentan estas personas?

Creo que es un reflejo de lo que está sucediendo afuera, lo que sucede dentro del centro de rehabilitación sucede afuera, es decir hay población que histórica y permanentemente se ha mantenido al margen o han sido excluidas del mercado laboral, educativo, que se han criado en un entorno de familias desestructuradas, muchas veces sin familia, criados en la calle.

Entonces como el país no ha logrado dar atención a ese grupo de población, son vulnerables y sensibles para que sean absorbidas por esas bandas criminales, por los circuitos del narcotráfico. Lo primero es que son grupos de población excluidos que no han sido integrados a la educación, al mercado laboral, a una protección del Estado en ausencia de la familia; son grupos vulnerables que son presa de estas mafias.

Estos grupos por la competencia de la Policía, que cumple su rol, y gran parte de esta población es ingresada a estos centros de rehabilitación, pero lamentablemente estos centros reflejan lo que sucede afuera, es lo mismo, el problema de afuera se lo traslada hacia adentro, donde estas personas continúan siendo parte de estos grupos, de estas mafias y son absorbidas de tal manera que no pueden ya salir de ese sistema.

Dentro de los centros de rehabilitación hay todo un sistema, jerarquías, territorios, hay órdenes que cumplir, lo que ocurre afuera está ocurriendo adentro.

Las cárceles, los centros de rehabilitación se han convertido en territorios administrados por estos grupos que deben cumplir mandatos y órdenes; hay un sistema de bandas al interior de estos centros de rehabilitación y que hay desactivar esos sistemas.

¿Qué tan complejo es desactivar esos sistemas, esas bandas?

Es bastante difícil, complejo. Hay que desactivarlo adentro y afuera, ahí tiene que haber un esfuerzo nacional fuerte con ayuda de la cooperación internacional, debe de generarse un diálogo fuerte con decisiones firmes y voluntad política del Gobierno, de los municipios, de todos los actores sociales para poder cambiar eso, pero hay que hacerlo.

¿El Estado está en la capacidad de hacer ese trabajo?

Creo que por la crisis económica y todo el efecto que ha tenido la pandemia no solo en Ecuador, sino en todos los países, ha hecho que los gobiernos ya sin recursos, tratando de sostener mínimamente una economía, estén débiles.

En este momento lo que hay que hacer, desde el liderazgo del Gobierno -porque ese es su rol liderar un proceso de diálogo y de integración de todas las propuestas posibles- enfrentar esta situación, pero económicamente el Gobierno está débil; la legitimidad social también está débil.

Es un Gobierno que está saliendo de su mandato, que se ha desgastado por la enorme crisis, no tiene recursos económicos; hay que hacer un plan inmediato con todos los actores posibles para que esta situación sea asumida por el próximo Gobierno. Y es su deber hacerlo. (I)

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