La crisis carcelaria evidencia la falta de un sistema de inteligencia y vigilancia

Para ingresar a las cárceles hay que pasar 3 filtros de seguridad, para los vehículos no es igual.
26 de febrero de 2021 09:25

¿Qué pasó o qué fallo? son las preguntas que han quedado en medio de la crisis carcelaria, que ha desnudado los deficientes niveles de seguridad y vigilancia dentro de cuatro centros de privación de libertad de Guayaquil, Cuenca y Latacunga.

Ricardo Camacho, exsubsecretario del Servicio de Rehabilitación Social, expresa que el grupo penitenciario de inteligencia “ni siquiera adivinó que los privados de libertad estaban preparando la peor matanza o no sabemos si informó y no se hizo caso”.

Pero, ¿por qué ocurre esta guerra entre bandas delictivas? Los analistas creen que por dominio de territorio dentro de las cárceles y que la pelea se desató por el asesinato, en diciembre pasado, del delincuente Jorge Luis Zambrano, alias “Rasquiña”. Las autoridades en rueda de prensa, el martes 23 de febrero, aseguraron que ya preveían estos hechos.

“Hay una lucha entre ‘Los Choneros’ y hay una subdivisión entre los que conformaban la banda tras la muerte del líder y crean un grupo llamado ‘Nueva generación’, que no tiene relación con un cartel de México”, añade el exfuncionario.

La exdirectora de la cárcel La Roca, Marien Segura, señala que hasta que no haya un acuerdo entre las bandas, el problema no va a culminar.

Pero los analistas tienen más dudas acerca de si las cámaras de videovigilancia estaban funcionando; si grabaron el inicio del desborde de violencia; si el personal de las cárceles alertó sobre lo que ocurría por más de cinco horas hasta que ingresó la Policía.

Ingreso de armas

“Las cámaras si funcionan, muchas veces son importantes, pero lamentablemente con tanto privado de libertad no pueden cubrir todo lo que hacen todos los internos porque mientras están grabando a uno, los otros están haciendo otra cosa al otro lado”, puntualiza Segura.

Acerca de cómo llegaron a manos de los reclusos armas de grueso calibre y herramientas para degollar y descuartizar los cuerpos, Camacho asegura que “las armas no entran con los familiares, sino por la puerta grande, por personas que se venden, porque en la cárcel todo tiene un costo. Si un pollo vale 100 dólares, un cuchillo, un arma cuesta mucho más”.

Los expertos aseguran que los videos que han sido difundidos en las últimas horas se convierten en señales o mensajes hacia el exterior, lo cual es preocupante porque podría desembocar en asesinatos o enfrentamientos entre los mismos miembros de bandas delictivas que están fuera.

Para ingresar a los centros de privación de libertad es necesario pasar por tres filtros de seguridad que están a cargo de la Policía y de los guías penitenciarios y son minuciosos para todas las personas, pues no pueden ingresar con artículos de valor.

“Incluye el registro de la ropa, de las partes íntimas para verificar que no ingresen sustancias estupefacientes u otro tipo de artículos”, explica Camacho.

Los controles no son similares para los vehículos, “lo que podría ser una zona permeable porque objetos como armas blancas o de fuego y municiones pueden entrar en carros, en fundas disfrazadas de basura”, agrega el experto.

Segura señala que “lamentablemente esto supera la imaginación de la Policía y de los guías penitenciarios, porque los privados de libertad son muy ingeniosos, tienen 24 horas y siete días para pensar y maquinar. Muchas veces los guías penitenciados y uniformados son cómplices del ingreso de cosas ilícitas”.

Esta realidad cruel y violenta ahonda una crisis carcelaria que ha durado muchos años y la solución integral no es de corto plazo, pero los analistas creen que es necesario aplicar “mano dura” dentro de los centros penitenciarios para recuperar el control. (I)

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