Moradores del cerro Las Cabras, divididos por intervención policial

- 17 de marzo de 2019 - 00:00
Foto: Karly Torres / EL TELÉGRAFO

Tras dos semanas de intervención en el cerro Las Cabras, cantón Durán, la venta y el consumo de droga, principal problema del lugar, disminuyó drásticamente.

Al menos así lo considera una de las vecinas del sector, que comenta acerca del tema bajo la condición del anonimato. Ella afirma que la zona es controlada por traficantes que, bajo amenazas, mantienen en silencio a los habitantes del cerro.

“Aquí todos conocen quiénes venden y dónde, pero si alguien se atreve a abrir la boca sabe que habrá consecuencias”, dice la mujer apenas asomada por un pequeño espacio de su puerta entreabierta.

El mayor Juan Pablo Salinas, jefe operativo del distrito Durán, destaca del balance de los primeros días del operativo, la captura de expendedores y personas que se dedicaban a delinquir.

Salinas junto con los agentes decomisaron sustancias sujetas a fiscalización, atendieron casos de violencia de género, activaron botones de seguridad e implementaron guardias permanentes en los 24 puntos de accesos al cerro.

Para cumplir con esta última tarea se cuenta con un contingente de 96 policías, quienes permanecerán en el lugar durante los 60 días que durará la operación antidelictiva, explica.

Intervención a todo nivel
La primera intervención de Las Cabras se inicia el 24 de enero de 2016, cuando el general Marcelo Tobar estuvo a cargo de la Comandancia de la Policía Zona 8, (Guayaquil, Durán y Samborondón).

Erradicar la presencia del microtráfico y brindar a sus habitantes una mejor calidad de vida era la intención.

En ese control se instalaron 1.316 botones de seguridad, se ejecutaron 69 operativos antinarcóticos, donde se detuvo a 76 ciudadanos, 61 de ellos cumplen condena. Cuatro meses estuvo la Policía en ese sector de Durán.

El 21 de febrero de 2017 hubo una segunda intervención en el cerro. Para esa fecha la general Tannya Varela era la comandante de Policía de la Zona 8. Ese día fueron arrestadas 15 personas.

Dos años después, el 21 de febrero de 2019, la comandante Varela vuelve a intervenir Las Cabras, porque estaba invadido de microtraficantes, adictos y ladrones.

“Hay casos en los que toda una familia se dedica al negocio de la venta de droga. Esas personas no quieren saber de la Policía. No permiten que ni los niños se integren a las actividades”, explica el sargento segundo John Molina.

Sin embargo esta situación no ocurre en otros sectores como Colina del Valle, Virgen de la Merced. “En la loma del cerro, donde hay mayor control y el acceso es fácil, los residentes se muestran felices con la presencia de los gendarmes, aseguró.

Molina indicó que se trata constantemente de organizar actividades lúdicas y deportivas con el fin de que los jóvenes se integren y se alejen de las drogas, aunque considera que la falta de recursos dificulta la labor.

“Por ejemplo, se organizó un ciclo paseo, esta semana inició un vacacional con los niños y próximamente tenemos una feria ciudadana en la cancha”.

En cambio, la actitud de los moradores cambia a medida que se avanza cerro abajo.

El más conflictivo
En los estrechos corredores que nacen a los lados del sendero y serpentean irregularmente hasta las entrañas de la montaña, se observa a personas sentadas, consumiendo sustancias prohibidas.

Miran con desconfianza y se alejan a la primera señal de la aparición de los policías.

El llamado “callejón de la haro haro” es uno de los sectores más conflictivos. Los moradores aseguran que se consume y se vende droga de día y de noche, incluso durante los patrullajes.

El coronel Walter Villarroel, jefe de Antinarcóticos de la Zona 8, capturó, en la primera semana,  a 15 personas y un menor quedó aislado, por el expendio de drogas.

Además, hubo la incautación de 350 gramos de alcaloides, entre marihuana, cocaína y heroína.

Para Villarroel es importante trabajar en conjunto con líderes barriales y autoridades sanitarias en campañas de prevención y de concienciación de la ciudadanía.

Varela dispuso la demolición de las viviendas abandonadas que servían de fumaderos para los adictos.

“Ante el clamor de la gente  por tanto consumo y venta de sustancias y los delitos vinculados con este ilícito, se decidió intervenir la zona”, puntualizó la comandante.

A medias funcionaron
Un caso similar se dio en enero de 2016 en las calles 10 de Agosto y Callejón Décimo, llamado “bahía de la droga”,  suroeste de Guayaquil.

En aquel entonces la zona era un espacio de venta masiva e indiscriminada de sustancias ilícitas. Tres años después, el problema no se ha erradicado por completo.

Uno de los policías del sector indicó que “se ha reducido un 70%. Ya no se ven a personas deambulando o tiradas en el piso bajo el efecto de sustancias”.

La instalación permanente de una unidad de la Policía en el lugar obligó a los traficantes y expendedores a trasladar sus centros de acopio a  sectores aledaños. (I)

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