Captar jóvenes en los colegios, estrategia del microtráfico de droga

18 de abril de 2013 - 00:00

18-4-13-consumo-de-drogaPablo tiene 19 años recién cumplidos, a los 16 fumó marihuana por primera vez y en los últimos 3 años ha probado diferentes tipos de drogas conocidas como “skunk”, “AK47”, “chola” y “purple haze”.

El consumo de cada una depende del dinero que tenga para costearla. En ocasiones puede comprarse una “galleta”, que es el paquete de 10 gramos de marihuana, en 20 dólares. Dependiendo de la frecuencia con la que consuma, le puede durar hasta dos meses. Para otros consumidores más frecuentes, la misma cantidad puede durarles 15 días.

El efecto que produce en él se traduce en un estado de relajación, inhibición y agudización de los sentidos, que se mantiene por dos horas, para luego desaparecer. Finalmente le da mucha hambre y sueño.                                                                                   

Pablo no sale a la calle cuando quiere comprar marihuana, solo hace una llamada y en 30 minutos un auto llega hasta su casa para entregársela. Le compra a un amigo del colegio,  quien, a su vez, adquiere la droga al por mayor para dividirla de acuerdo con lo que cada cliente le pida.

Fernando Carrión, catedrático de la Flacso, indica que así se genera una especie de reclutamiento no solo de consumidores, sino también de personas que podrán seguir desarrollando esta actividad ilícita en un futuro.

Especialistas concuerdan en que esa estrategia (entrega a domicilio) genera confianza en los consumidores adolescentes, pues ya no tienen que exponerse en la calle buscando droga, sino que gente de su confianza se las proporciona a cualquier hora y en cualquier lugar.

En ocasiones Pablo y sus compañeros han comprado marihuana por libra; la de menor calidad cuesta entre 40 y 50 dólares. Hacen esto cuando tienen fiestas o cuando necesitan ganar algo de dinero revendiendo droga.

Sin embargo, en jóvenes de clase media alta no se consume la marihuana conocida como “chola”, pues es considerada de mala calidad, contiene químicos e incluso suelen añadirle  acetona para  compactarla. Según el analista Ricardo Camacho, la droga que no logra salir del país es para el consumo interno. “Esa es prácticamente un desecho”, afirma.

La droga que los jóvenes consideran “buena” y por la que pagan más es aquella que tiene un origen más puro orgánicamente. Elena, de 28 años y amiga de Pablo, fuma algunas veces por semana. Ella tiene su propia planta de marihuana. Carrión explica que actualmente muchas personas cultivan su propia marihuana. “En los valles de Quito existe un alto nivel de producción, de carácter artesanal”, asegura.

Mauricio, de 20 años, no solo consume la marihuana conocida como “mango”, sino que también la vende a partir de 20 dólares en adelante y es “buena”, afirma. Su “dealer” (expendedor), suele  recogerlo en un automóvil para mostrarle y que pruebe el tipo de  droga que tiene para la venta.

Una libra de la marihuana “mango” puede costar alrededor de 150 dólares. La más difícil de conseguir, es la “purple paze”, debido al precio que supera los 20 dólares, pero para esa hay clientes fijos.  

Los jóvenes coinciden en que la marihuana más “poderosa”, como la llaman, es la “cripy”. Es consumida en pequeñas dosis y en una pipa, pues sus efectos son más fuertes y llevan a un estado de abstracción que dura varias horas.

Según datos de la Policía Nacional Antinarcóticos, dentro de la campaña de prevención realizada en los colegios, se conoció que la principal droga consumida por los estudiantes es la marihuana, en un 90%.

El Estudio de Drogas Universitarios Andinos, realizado en Ecuador, Perú, Bolivia y Colombia, señala que  la segunda droga más consumida es la cocaína y en tercer lugar los hongos alucinógenos.

La cocaína, que produce un efecto de algarabía, se consigue en dosis desde 2 dólares. Cuando alguien que ha ingerido alcohol inhala cocaína, los efectos del primero se desvanecen, explica “Mauricio”.

Según cifras de la Comisión Interamericana de Drogas de la Organización de Estados Americanos, el consumo de marihuana y cocaína se duplicó entre 2009 y 2012. El 12% de los consumidores recientes o emergentes, en el último año, presentó signos de dependencia a marihuana y cerca del 13% a la cocaína.

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