Las Dolores fueron a votar por el fin de la impunidad

08 de mayo de 2011 - 00:00

Eran las ocho y treinta de la mañana de ayer cuando en el domicilio de Dolores Guerra Tabara, cónyuge del presunto desaparecido Johnny Gómez Balda del caso Fybeca, se vivía un ambiente de ajetreo. Todos en ese hogar (Dolores y su hijo Johnny) se preparaban apresuradamente  para acudir hacia el colegio Carlos Estarellas Avilés, ubicado en la cooperativa  “Dios da para todos” del Guasmo Norte.

Ahí estaba el recinto electoral designado para recibir a parte de los votantes que habitan en la zona Pradera-Guasmo. Dolores llegó, en compañía de su hijo, con el objetivo de cumplir con su deber ciudadano y con el anhelo de que esta cita motive el cambio por el que tanto ha luchado desde la ausencia de su esposo.

“Necesitamos que  ya  no se niegue la  justicia en este país,  como lo hicieron conmigo”, enfatizó la mujer. Sus palabras surgen al recordar que por más de siete años ha pedido justicia por  la desaparición de su esposo (detenido luego  del asalto a una sucursal de las farmacias Fybeca, ubicada al norte de Guayaquil) y hasta la fecha no hay una sentencia en el caso.

La hora de marcar la papeleta  se aproximaba. Mientras que, uno de los miembros de la junta receptora del voto (Nº 31-F) verifica los datos de su cédula, ella abrazaba a su hijo algo impaciente  y sostenía en su mano una copia de la licencia de su cónyuge Gómez Balda. “Este es el único papel que me queda de él”, comentó. 

Fue cuestión de  minutos para  subrayar la papeleta y  proceder a depositar en la urna la hoja que -como dice ella- es de suma importancia para que cambie el sistema judicial en el país. “Aunque prefiero no decir por qué voté,  ya que eso es reservado, sí puedo contar que   estudié muy bien las preguntas”.

A las 09:30 ya había cumplido su derecho. Solo falta  retirar el certificado de votación que al momento de pedirlo no aparecía. “No puede ser que tenga que hacer otro trámite”, dijo Dolores al  contestar a un miembro de la mesa que le informó  que se le entregaría un certificado de presentación para que canjee el original en el Consejo Nacional  Electoral. Ya resignada decidió -a las 09:20- retirarse del sitio y fue hasta cerca de la puerta del colegio cuando una coordinadora del proceso la detuvo para comunicarle que por “arte de magia” su certificado había aparecido entre otros papeles.

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