La mayoría de candidatos no habla del espacio público

12 de febrero de 2013 - 00:00

En efecto, cuando la democracia exige un nuevo período de mandato en Ecuador cabe   preguntar: ¿Cuál es  la importancia del espacio público? Eso es  necesario porque apunta a un tipo de proyecto político y, con ello, a un modo de imaginar el país.

El espacio público es un tema que supera lo urbanístico: puede ser el escenario de discusión en la arena política, la esfera para compartir vivencias e incluso el lugar de manifestación de la crisis. Y de cara a las elecciones es necesario  evaluar si las agrupaciones políticas  han  considerado este  tema dentro de  sus agendas.

Son ocho los partidos y movimientos que terciarán  en  los comicios  presidenciales de 2013 y, luego de revisar sus planes y programas de gobierno, fue posible identificar la relevancia  que le otorgaron a este tema.

El Partido Sociedad Patriótica (PSP), por ejemplo,  no cita en su programa el espacio público, pero defender los intereses de los ecuatorianos, lograr la participación ciudadana en las decisiones políticas, entre otras, son ideas relacionadas con el asunto a discutir.

Hay que añadir la cuestión de la seguridad, es decir, la reducción de la delincuencia, el control de extranjeros y el fortalecimiento de la Policía.

El Partido Renovador Institucional Acción Nacional (Prian) tampoco alude al espacio público. Sin embargo, habla de obra pública, construir caminos y masificar el transporte nacional y local. Destaca la seguridad, mediante regulaciones para proteger el trabajo independiente y garantizar los bienes, la propiedad privada, la seguridad personal y familiar. Entonces, se pretendería fortalecer a la Policía.

A su vez, el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) no considera el espacio público. Focalizar planes de vivienda, expandir las telecomunicaciones, impulsar el turismo rural, entre otras cuestiones, podrían entroncarse con el tema.

El Movimiento SUMA alude el tema indirectamente. Plantea como propósito el logro del bienestar social, fomentar la cultura de la paz y la equidad de género, elaborar políticas de inclusión, elevar la calidad de vida sobre la  base de una alimentación sana, fomentar la práctica deportiva y el disfrute de la naturaleza. Según esta propuesta, eso implicaría crear espacios para el  esparcimiento, la recreación y el  fortalecimiento de la sociedad civil.

CREO también trata de modo indirecto el espacio público. En su programa de gobierno se menciona: mejorar la calidad de vida, incentivos para la compra y construcción de viviendas, fomento del turismo, optimizar la seguridad ciudadana. El movimiento proclama la consolidación de la familia como esfera de alegría, apoyo y seguridad. Así se invoca el disfrute y el control del espacio abierto.

El movimiento Ruptura 25, por el contrario, es una de las pocas agrupaciones que  mencionan el tema del espacio público. En su ideario preexiste un espacio de desarrollo de la persona individual y colectiva, en contacto con la naturaleza. Se arguye la necesidad de la convivencia de las diversidades, el diálogo social, el fomento a la producción cultural, además de la democratización del espacio público para distribuir y difundir bienes y productos culturales diversos. Asimismo, se plantea la formación de redes comunitarias de prevención constituidas como policías comunitarias.

La Coordinadora  Plurinacional de las Izquierdas (MPD-PK) también habla del espacio público: recuperarlo desde las comunidades y los barrios es un eje para que  tengan su Policía, sus modos de justicia, sus centros de recreación, guardería y cuidado de mayores, tiendas, monedas comunitarias, vías especiales para bicicletas, etc.

El actual partido de gobierno, Alianza  PAIS, se refiere al espacio público en conjunción con el Buen Vivir. Así, menciona construir y fortalecer los espacios públicos interculturales y de encuentro común. En su ideario, la interacción social está en relación con las ciudades como realidades educativas. En ellas el ciudadano construye un tejido de significaciones  basado en su vivencia y conocimiento; la convivencia, el respeto y el reconocimiento mutuos tendrían que llevar a comunidades más seguras. Robustecer la sociedad civil, llevar a la autoorganización popular, garantizaría al espacio público como zona de encuentro, de sociabilidad, de participación y de corresponsabilidad.

Otro aspecto sobre el espacio público en PAIS es la reversión del monopolio de los contenidos. El acceso ciudadano a los medios supone regular y democratizar el espacio mediático. Afín a esto está el impulso de la distribución y circulación de los contenidos sociales construidos desde la autonomía y las memorias sociales.

De acuerdo a lo reseñado se debe indicar con preocupación que el tema del espacio público no es fundamental para la mayoría de las agrupaciones políticas. Tres son los que lo postulan abiertamente: Ruptura 25, Movimiento Unidad Plurinacional y PAIS; dos lo aluden indirectamente: CREO y SUMA; y tres lo ignoran: PSP, Prian y PRE.

Hay intenciones ya conocidas en los planteamientos de las agrupaciones políticas. La preocupación de algunas de ellas se relaciona con lo policial. En cuanto a las agrupaciones políticas que hablan del espacio público, es importante la idea de zona de encuentro, de vecindad, de diálogo y de interacción. PAIS se refiere al espacio público como lugar de sociabilidad, hecho que podría llevar a la participación ciudadana, al intercambio simbólico y a que se articule la idea de comunidad. La sociabilidad puede ser sinónimo de encuentro entre individuos o grupos, o como medio adaptativo para lograr conocimiento y, particularmente, para establecer y promover la comunicación.

La idea de la comunidad, por otra parte, está en la Coordinadora Plurinacional,  Ruptura 25 y   PAIS. Frente a ello quizá está la noción de familia propuesta por CREO. Así, estaríamos hablando de dos formas de articulación de los tejidos sociales.

Un aspecto  nuevo que aparece en la reseña es lo concerniente al espacio mediático. PAIS plantea recuperar el espacio audiovisual para el Estado y la sociedad, donde los medios sean reapropiados por la ciudadanía para producir y expresar la memoria colectiva y ser espacios de discusión.

Tenemos, entonces,  un panorama que puede resumirse así: aunque cada agrupación política imagina el país desde su particular perspectiva, muy pocos en sí tienen una visión de futuro o proyecto nacional. El espacio público es un aspecto importante porque pone en discusión dos líneas de tensión que parecen traslucirse: el escenario de la policía frente al de la política. Tomemos las ideas del filósofo Jacques Rancière (Argel, 1940) para discutir estas dos líneas de tensión.

De acuerdo a Rancière, la policía es el orden de la distribución de lugares, cuerpos y funciones dentro de una comunidad. Gracias a este orden aparece o desaparece lo visible o lo decible, haciendo incluso que un sujeto entre en el orden del discurso o del ruido, es decir, que exista inclusión o exclusión. Tal facultad provocaría un daño a la igualdad que es el principio de la política. En este marco, la política es un orden de la igualdad que deshace la desigualdad entre individuos oponiéndose al imperativo del orden policial que lleva a que sí existan relaciones no iguales. Frente al daño de la policía, la política tiene como fundamento la reorganización del espacio haciendo que el excluido aparezca y esté en igual condición con el que está incluido. En el orden policial la exclusión-inclusión demarca unos claros límites donde aparece la ilusión de la no existencia de conflicto. En tanto, en el orden político, la hechura de la igualdad lleva a que haya el conflicto, puesto que se trata de lograr un lugar común o espacio público, el cual se configura como esfera de discusión, de puesta en común de los disensos. De hecho, tomando en cuenta a Rancière, la democracia vendría a ser el régimen de la política y, como tal, el espacio donde nace y se ejerce la discusión y la comunicación.

He querido aclarar esta primera situación que me parece vital porque, leyendo los programas y planes de gobierno de los ocho binomios presidenciales, se observan dos órdenes o, si se quiere, a dos tipos de comunidad.

En términos de Rancière, una comunidad es la que privilegia la cuestión del origen, de la pertenencia de clase, de la diferencia ideológica, de tal modo que su ideación de país es instaurando la diferencia y la exclusión. Esta comunidad es la del orden policial. La otra comunidad es la que instituye la idea del gobierno que prescinde del origen, de la pertenencia social, de la diferencia, neutralizándola: esta es la comunidad de la política.

Considerando lo dicho, cabe decir que el Prian y el PSP privilegian el orden policial. No es casual que estos partidos no enuncien al espacio público por ser este un lugar deliberativo y de conflictuación de lo privado.

Es llamativo que los postulados del Prian llamen a fortalecer la Policía, a hacer de ella una institución supraestatal. La protección de la propiedad privada tiene que ver con la edificación de un sistema que haría de la empresa privada un brazo del Gobierno. Lo propio se puede decir del PSP, que promete volver a los visados y al censo de los extranjeros, el fortalecimiento institucional de la Policía y de las Fuerzas Armadas. En definitiva, dado que el orden policial anula la posibilidad del espacio público, las promesas de campaña apuntan a la masificación de viviendas, a la construcción de infraestructura vial y urbana, etc., es decir, al deseo de la individualidad consumista sin conexión con la comunidad real.

CREO, PRE y  SUMA, por su parte, aunque insinúan el tema de la seguridad, invocan un espacio controlado y productivo. La idea de la familia en CREO es un punto de inflexión en la discusión política. En términos de Rancière, si bien la familia está en el lugar del origen que después determinará todo gobierno, la demanda de aquella en el actual momento es crucial a la hora de pensar valores sociales y humanos.

Contraria a la comunidad policial está la propuesta de   comunidad   política de Alianza PAIS, Ruptura 25 y Coordinadora  Plurinacional de las Izquierdas. La voluntad de recuperar el espacio público supone, en dichas agrupaciones, dar a la política un lugar preponderante. Son claras las visiones altruistas presentes en Ruptura 25 y la Coordinadora  Plurinacional, pero también es importante dar cuenta de la dimensión del proyecto político que postula Alianza  PAIS haciendo que el ciudadano, sin exclusión, se haga cargo de la política. Esto supone una cultura de la responsabilidad, de cuestionamiento permanente al sentido común, de ir más allá del individualismo consumista hacia el activador de la comunicación: se trataría de restituir el diálogo de las identidades o -como señala Rancière- de llevar a que los individuos que viven sus felicidades privadas sean conscientes de su pertenencia y papel en la comunidad; la desprivatización de las estructuras supondría así la ampliación del espacio público democratizando más los procesos y las instituciones del Estado. Esto, finalmente, implica que el Gobierno, en conexión con la ciudadanía, está obligado a elaborar políticas públicas que posibiliten más el acceso de la ciudadanía a todos los órdenes.

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