En Montecristi confluyó un país acumulado de desafíos y sueños

06 de febrero de 2013 - 00:00

Cumpliendo con su ofrecimiento de instaurar una Asamblea Constituyente que transforme las estructuras sociales, políticas y económicas del Ecuador, el presidente Correa convocó a  Consulta Popular, que fue aprobada por el pueblo ecuatoriano el  15 de abril de 2007.

Producto de este pronunciamiento, el 30 de septiembre del mismo año, en sufragios libres, universales y directos  se eligieron 130 asambleístas que se encargarían de redactar la nueva Constitución.

Los resultados le dieron a Alianza PAIS 80 escaños y los 50 asientos restantes se los repartieron las otras fuerzas políticas. En Montecristi, ciudad natal de Eloy Alfaro Delgado, se construyó Ciudad Alfaro, sede oficial de la Asamblea Constituyente.

En ese lugar trabajarían los asambleístas desde el 29 de noviembre de 2007 hasta el 25 de julio de 2008, cuando se aprobó la nueva Carta Magna.

El Pleno de la Asamblea Constituyente eligió a Alberto Acosta como Presidente. Fernando Cordero y Aminta Buenaño lo acompañaron en la primera y segunda vicepresidencias, respectivamente. Acosta renunció poco antes de que la Asamblea finalice y Cordero asumió la Presidencia.     

El proceso de construcción del nuevo documento constitucional se acompañó de una gran participación ciudadana.

Con su aprobación en el referéndum constitucional del 28 de septiembre de 2008 se inauguró en el país una institucionalidad diferente, que comenzó con el triunfo rotundo (82,72%) del sí a la Constituyente en la Consulta Popular, que derrotó a una partidocracia que pedía votar por el no.

Luego, cuando se llamó a elecciones para asambleístas constituyentes, esas mismas agrupaciones se apresuraron a poner candidatos, y nuevamente fueron doblegadas por PAIS, con una mayoría que le permitió escribir la Carta Constitucional considerada una de las más avanzadas del mundo.

UNA MAREA DE PROPUESTAS CONFLUYE EN 444 ARTÍCULOS

La Constituyente y la Constitución fueron el reflejo de un país que demandaba un cambio de paradigmas y un programa común. El resultado de ese proceso colocó a la nación en otro escenario: Nueva institucionalidad para atender un nuevo futuro. Los mandatos nacidos en Montecristi se han cumplido en casi su totalidad.

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