El discurso de la “plena” neutralidad

25 de enero de 2013 - 00:00

Como si se tratara de un niño, Mauricio Rodas se cura en salud de cualquier error u omisión haciendo una serie de acusaciones a los productores de su entrevista televisiva con Jorge Gestoso en GamaTV, y al comunicador: que Gestoso estuvo agresivo con él como nunca ha estado con Rafael Correa; que Gestoso perdió el control; que la mujer de Gestoso hizo un comentario decidor pescado al vuelo al final de la entrevista; que le pusieron en una silla incómoda para que tuviera que mover constantemente los pies por motivos de equilibrio, que le tomaron un close up de los pies para usarlo con perversos fines durante el programa… y así.

Y comparte estas confesiones e impresiones con los medios de comunicación privados, ávidos de acusaciones al actual régimen y a los medios públicos o incautados. Este joven candidato parece ignorar que eso no es nada en comparación a todo lo que le vendrá en el hipotético caso de que ganase las elecciones, en las que tendrá que enfrentar oposiciones marcadas de cinismo, medios “a la que cae” (aunque tal vez no contra él), reclamos de todos los gremios habidos y por haber, insolencias de periodistas, dirigentes sindicales, asambleístas y gente común, aparte de una variopinta ralea de todo lo posible. Porque, de acuerdo con lo que hemos visto en los últimos seis años, eso y peores agravios le esperan a un Presidente de la República en Ecuador, sobre todo si tiene el atrevimiento de ponerse a cambiar las cosas y quitar privilegios a quienes gozan de ellos.

También se victimiza cuando menciona la serie de obstáculos que ha tenido que sortear para poder oficializar la participación de su movimiento, SUMA, en la actual contienda electoral. Sin embargo, dice él, a fuerza de tesón, disciplina y valentía ha logrado finalmente estar en ella a pesar de los impedimentos que seguramente el régimen le puso al sentirse amenazado por la fuerza de su naciente agrupación política.

Quiteño, hijo de cañarense y guayaquileña, nacido en 1975, Mauricio Rodas inició sus estudios en el colegio Intisana, conocida institución del Opus Dei, y luego pasó al colegio Tomás Moro, ambos de la capital. En este último fue Presidente del Consejo Estudiantil. Obtuvo su doctorado en Jurisprudencia en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Tiene una maestría en Administración de Gobierno y otra en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Pensilvania, gracias a las becas obtenidas de algunos organismos internacionales.

Ha desempeñado cargos de analista en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en Santiago de Chile, y fue asesor en algunos ministerios del Gobierno de México, país en el cual también ha realizado asesorías en instituciones estatales y municipales. Es precisamente en esta formación en Administración de Gobierno y en Ciencias Políticas en la que se ampara para manifestar que él sabe lo que tiene que hacer y cómo.

Durante su estancia en México creó la Fundación Ethos, un centro de investigación en Políticas Públicas para América Latina. En 2008 regresó a Ecuador. Una de sus primeras participaciones, con la que se lanzó al ruedo de la política, consistió en recopilar 171 expresiones entre insultos, ofensas y frases o palabras agresivas dichas por el presidente Rafael Correa en sus enlaces ciudadanos de los sábados de 2009, y hacer un detallado análisis estadístico al respecto.

Extraña afición, que desde una sencilla y elemental evaluación psicológica hablaría por sí misma de algún tipo de hipersensibilidad o identificación con el Jefe de Estado, porque además no se cotejó esta investigación con ningún otro personaje de la vida pública del país, ni del pasado ni del presente, de manera que no sabemos si Correa ha supuestamente agraviado más, igual o menos que nadie en el contexto de nuestra historia republicana. Luego fundó el movimiento SUMA, desde el cual participa como candidato a Presidente de la República del Ecuador.

Se podría decir que Mauricio Rodas es uno de los mimados de los medios de comunicación (menos de Jorge Gestoso, no lo olvidemos) por su simpatía, por su juventud, por su desenfado, por su soltura ante las cámaras, por su manera clara y correcta de expresarse. Sostiene que posee autoridad moral para estar donde está y plantear lo que plantea, pues -según dice- no ha formado parte de ningún gobierno del pasado ni de los movimientos que impulsan a los otros candidatos, que de alguna manera también son responsables de los problemas de la actualidad, pues tuvieron su cuota de participación y cuando fue su oportunidad tampoco hicieron mayor cosa.

Parece olvidar Rodas que a los 19 años ya formó parte de las Juventudes del Partido Social Cristiano (PSC), aunque insiste constantemente en que ya han pasado más de diez años desde que se desafilió. Nos recuerda también con acuciosidad que hasta este momento él jamás ha sido candidato a nada.

Desde el punto de vista de las propuestas, Mauricio Rodas se bambolea en una especie de cuerda floja en la cual reconoce algunos logros al actual régimen, pero pone énfasis sobre lo que considera defectos y carencias del mismo. Intenta distanciarse del discurso conservador y afirma haber superado la “vieja disputa entre izquierda y derecha” para proponer más bien lo que ha dado en llamar un “modelo de gobierno responsable”. Según él, este modelo de gobierno atenderá aspectos como la reducción de la pobreza y el desempleo, pondrá en marcha políticas ambientalistas (de hecho, ha elegido como compañera de fórmula a la abogada de ese ámbito, Inés Manzano) y dará apoyo al aparato productivo.

Sabe golpear donde duele, pues ofrece reducir impuestos y solucionar el problema del desempleo de la gente más joven. En entrevistas repite el lugar común de que a los jóvenes se les exige experiencia previa, pero que no pueden obtenerla de ninguna parte si nadie les da un trabajo. Entonces afirma que solucionará esta situación estimulando económicamente a las empresas privadas que ofrezcan trabajo a jóvenes desde los 15 años, olvidando tal vez que esta es una edad estudiantil.

Es curioso, por otro lado, que ataque el desempleo desde la edad en que los adolescentes ecuatorianos tienen la opción de votar. Quizá por eso en este momento, el optimismo de Mauricio Rodas se centra sobre todo en el voto de los jóvenes, pues tiene muchos seguidores en las redes sociales, quienes, según afirma, aprueban sus propuestas. Incluso, el postulante se emociona al conocer un reportaje de un periódico local que menciona que “si las elecciones fueran en este momento, Rodas estaría en segundo lugar después de Rafael Correa” basándose en el número de seguidores que tiene en Facebook y Twitter.

Su discurso se tiñe de academicismo, de datos, de cifras, de palabras técnicas, muchas veces, rimbombantes. Lo apuesta todo al sector privado, pero jura no ser de derecha. Tampoco es de izquierda. Y de seguro tampoco está en el centro.

Promociona un gobierno responsable, pero ofrece incentivos y procedimientos que no se sabe si podrá cumplir ni hasta qué punto afectarán la vida y la economía nacional, como la mencionada reducción de impuestos o la repetida oferta de empleo a jóvenes colegiales, sus dos banderas de campaña.

De manera muy similar a la de un ex presidente derrocado en nuestro país, el candidato de SUMA afirma muy suelto de huesos que cuando se hace una propuesta electoral “no solamente hay que decir el ‘qué’, sino también el ‘cómo’”. Y eso nos recuerda, aunque sea levemente, aquella época en que no solo supimos que se hundía el Titanic, sino también cómo se hundía, pero igual nos ahogamos, porque estábamos dentro.

*Escritora ecuatoriana nacida en Quito en 1962. Ha escrito también novelas. Con la primera de ellas, Salvo el calvario (2005), ganó el premio "Aurelio Espinosa Pólit". Entre sus obras también se hallan textos de poesías y ensayos.

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