A Sacachún regresan la fertilidad y abundancia

01 de abril de 2013 - 00:00

¿Coincidencia meteorológica u obra del Dios de la Fertilidad y la Abundancia? Lo cierto es que Sacachún, un pequeño poblado, a 15 kilómetros de la vía Guayaquil-Salinas, dentro de la cordillera Chongón-Colonche, desde hace cerca de dos años ha dejado de ser un sitio que se resquebrajaba por la sequedad para convertirse en un campo vigoroso y verde.

En el lugar se ha formado una albarrada natural. El río Dos Bocas, antes un canal  seco, ha acumulado tanta agua y fuerza que en este invierno fue capaz de dañar  el pequeño puente que permite cruzarlo.

Los comuneros de Sacachún vuelven a sembrar sus parcelas y el ganado, vacuno y caprino, dejó de comer cardón-quemado para saborear la hierba fresca. Los mayores del lugar recuerdan que por más de sesenta años las lluvias escasearon en la zona: en ciertos inviernos caían unas cuantas garúas, en otros llovía solo por un día y durante cuatro años consecutivos -antes de 2010- la situación era  insostenible. La prolongada sequía teminó con los cultivos, con la vegetación nativa, con los animales e incluso la población más joven literalmente huyó del lugar.

01-04-13-act-sacachun-2Gran parte de la provincia de Santa Elena estaba en las mismas condiciones que Sacachún. Los años avanzaban sin traer lluvias y con ello el desierto se agrandaba. Como consecuencia de estas largas décadas de sequía, la vegetación de la zona mutó: los espacios que ocupaban los grandes árboles de ceibo fueron reemplazados por inmensos y espinosos cactus; la típica especie maderable de la zona, el guasango, fue reemplazada por el cardón y otros bejucos que aparecían solo por cortos lapsos en la temporada invernal. “Durante cuatro años seguidos alimentábamos  las vacas y los chivos con cardón-quemado”, cuenta Nicolás Tigrero, de 76 años, uno de los mayores del poblado.

Los comuneros llaman cardón a una planta bejucosa, con mucha espina que en verano florece en unas campanas de color rosado-claro consideradas alucinógenas. El cardón es utilizado por muchos dueños de tierras como cercas naturales de sus propiedades.

Tigrero explica que a ese monte debían quemarlo para que pierda la espina y dárselo a los animales en forma de alimento. “Cuando podíamos comprábamos guineo y les dábamos a los animalitos”, recuerda.

01-04-13-act-sacachun-cabrasCon bastante seguridad la historia de Nicolás Tigrero se remite  a hechos ciertos y comprobables; tres casas más arriba está  Silvina Severino, en este momento de la mañana de un viernes cualquiera el sol abrasa sin compasión. Severino está cargando agua en balde casa adentro desde el tanque exterior que recién se lo acaba de llenar un tanquero. La mujer de 63 años de edad  corrobora la historia de Nicolás Tigrero. “Por tantos años de sequedad perdimos todo, todo, los animales se nos mururieron, sembrábamos maíz y se nos quedaba en señorita... mucho perdimos”, lamenta Silvina con un rostro que evidencia la inclemencia climática y que aparenta muchos más años de los que en realidad lleva encima. Confiesa que ya no tiene fuerzas para seguir trabajando la tierra, justamente ahora que la situación empieza a mejorar.

Sacachún vivió en silencio las secuelas de la sequía de más de medio siglo. Era y sigue siendo un pueblo desconocido para las mayorías, fantasma para  quienes pasan por sus cercanías, abandonado -para colmo- hasta por sus propios hijos. Perdió los cultivos, las aves de corral, los animales domésticos, el ganado,  la flora y la fauna nativa, y como si eso no fuera suficiente, perdió hasta la  partida ministerial del profesor que daba clases en la escuela unidocente que -por lo menos- “enseñaba a leer y escribir”.

“Un día el profesor se fue y no volvió nunca más, se nos llevó la partida. Nos quedamos sin escuela”, cuenta Francisco Tigrero, quien en sus mejores años sirvió como síndico de la comunidad. Hoy -al igual que el resto de adultos mayores- siente que se ha quedado sin fuerzas.     

Pero, ¿qué pasó en Sacachún para que después de toda esta historia de tragedia, de repente las secuelas de esa aguda sequía -al menos del suelo- empiecen a borrarse?

De tiempo en tiempo voces de los habitantes del poblado se escuchaban entre la opinión pública, no en los medios de información -a menos  que  de amarillismo se trate-. Esas voces no reclamaban canales de riego, represas ni pedían que el Estado les diera algo gratis. No, ellos solo exigían del Estado que se les devolviera su santo -no se trata, por supuesto de un santo cualquiera, ni de uno de esos que concibe la religiosidad cristiano-romana-. La divinidad que ellos reclamaban de vuelta  había sido sacada del lugar y llevada a Guayaquil bajo el pretexto de que la comunidad no podía cuidar de ella.

Los comuneros están convencidos y así lo hicieron notar en sus reclamos, de que la ausencia de esa divinidad fue lo que les trajo la plaga de la sequía; por ello exigían su regreso, aunque nunca -autoridades o medios de información- los escucharon.

01-04-13-act-sacachun-sembriosEl santo de Sacachún es también conocido como el Dios de la Fertilidad y la Abundancia, su nombre es Biritute; pero como es divino y tiene poderes especiales, es San Biritute, un milenario monolito, hecho de sedimentos marinos petrificados. En sí tiene la forma de un falo humano, pero cuenta con extremidades, rostro y todas las otras características de un ser humano, incluido su propio falo.

San Biritute fue llevado a Guayaquil y ahí -en un principio- estuvo refundido en alguna bodega hasta que fue instalado en el parterre de una céntrica avenida, de la que  posteriormente fue sacado porque su forma de pene ruborizaba a muchos; entonces fue llevado al Museo Municipal, donde permaneció por largos años.

Como prueba de que en verdad se trata de un  Dios de Fertilidad y Abundancia, con la presencia de San Biritute, Guayaquil pasó de tener 298 mil habitantes en la década de 1950 a bastante más de dos millones de personas al año en que el monolito fue devuelto al lugar de donde había sido arrebatado.    

El 15 de julio de 2011 el Ministerio de Patrimonio Cultural llevó de vuelta el monolito hasta la comunidad que es su verdadera dueña.

Para validar las creencias de los comuneros, en ese mismo primer invierno que  pasó San Biritute en Sacachún las lluvias volvieron y con fuerza. El maíz volvió a crecer, esta vez superó la etapa de señorita y maduró. Las pocas vacas y chivos recuperaron peso y dieron leche en abundancia. “No le voy a mentir. He sembrado maíz en mi pedacito de tierra, tengo una chacrita que está bien cargada, pero todo, todo alrededor está llenito de agua. Hay una albarrada. Desde que nos devolvieron a San Biritute hay harta agua”, dice Silvina Severino.

Los viejos de Sacachún están convencidos de que ahora, con la divinidad en su sitio, la abundancia volverá tal y como hasta antes de que se la llevaran a Guayaquil. “Aquí no eramos pobres. En Sacachú no había pobres, todos teníamos nuestros recursos, la gente tenía ganado, sembraba y la tierra producía”, cuenta Arcadio Balón Quimí, de 78 años de edad, quien desde que tiene memoria se dedica a la panadería. Y mientras acomoda el pan caliente en la vitrina, hecho en el horno de barro que heredó de sus padres, confía en quienes huyeron del pueblo por la sequía y falta de escuela para que sus hijos  regresen en algún momento a quedarse y saquen la comuna adelante.

Aspiraciones y proyectos

Hasta antes de 2011 la situación de Sacachún era deplorable. Las casas, construidas en un estilo costanero muy típico de Santa Elena, con bloques de cemento decorados o piedra pómez  pintada con colores llamativos, estaban  totalmente decoloridas, deterioradas, muchas a punto de caer por la vetustez y falta de mantenimiento.

El Ministerio de Patrimonio Cultural intervino y rescató todas las viviendas conservando su estilo y colorido originales. El Gobierno central, junto con la Prefectura y el Municipio de Santa Elena adecentaron la calle principal.

Construyeron aceras a ambos lados de la vía y asfaltaron un tramo de 15,7 km desde el sector de Buenos Aires (vía Guayaquil-Salinas) hasta el centro poblado de Sacachún. Igualmente, la carretera que conecta a este lugar con su cabecera parroquial (Julio Moreno) ha sido adecentada y lastrada.

En el poblado, el Ministerio de Turismo construyó dos glorietas: una que protege a San Biritute y otra en la que el visitante puede protegerse de la inclemencia del sol y en estos días también de bastante agua  de la lluvia. La calle principal de Sacachún aún necesita  trabajo, los comuneros esperan que sea empedrada completamente para evitar el polvo y el lodo, prefieren que sea adecentada con piedra-caliza, típica de la cordillera Chongón-Colonche, tanto por estética como por las condiciones del clima, pues esa piedra no acumula el calor como lo hace el  asfalto.

Con apoyo estatal, los habitantes de Sacachún han sembrado 40 hectáreas  de maíz amarillo, de las que esperan cosechar seis toneladas   por hectárea, lo cual es mucho más que la media nacional  de 1,5 toneladas por hectárea. “Esto evidencia el poder de San Biritute”, dice entre risas Sergio González, de 76 años de edad y quien al igual que el resto de comuneros confía en el desarrollo no solo de Sacachún sino de la región entera con la  vuelta de San Biritute.    

Los comuneros repartirán las utilidades de la venta del maíz  entre quienes han trabajado y guardarán el remanente para invertir en la próxima siembra. Con este proyecto agrícola conocido como PIDAASSE (Proyecto Integral de Desarrollo Agrícola, Ambiental y Social de forma Sostenible de Ecuador) los comuneros recibieron del Estado sistemas de riego y semilla inicial, pero a partir de esta cosecha serán autosuficientes.

Una de las aspiraciones no solo de Sacachún sino de otras comunas que integran la parroquia Julio Moreno es crear un banco comunal para administrar eficientemente las ganancias de la siembra de maíz. “Ahora que los jóvenes están trabajando la tierra tenemos que organizarnos mejor, para que no volvamos a caer en esa crisis tan fea que provocó  la sequía”, dice Sergio González (76), quien reunido con sus amigos  Arcadio Balón (78) y Nicolás Tigrero (76) bromea también sobre “otros milagros” que San Biritute tiene que hacerles a algunos habitantes de la comuna.

Los adultos mayores, entre risas e indirectamente, se refieren a uno de sus vecinos, alguien más joven que ellos, de 50 años de edad, quien no ha logrado tener hijos, pese a los años de matrimonio. Afirman que como nació y creció en ausencia de San Biritute no participó del milagro de la fertilidad.

Ellos hacen alarde de su fertilidad, pues Segio procreó ocho hijos, Nicolás once y Arcadio diecinueve. “Es que nosotros todavía nacimos bajo la protección de San Biritute, pero él ya no”, dicen y resuenan las carcajadas.

01-04-13-act-san-biritutePARADÓJICAMENTE, LOS VARONES VISITAN MÁS EL LUGAR QUE LAS MUJERES

Llegar a Sacachún no es complicado, por ello familias guayaquileñas o de otros sectores del país o simplemente grupos de amigos -la mayoría de veces en su ruta a las playas de Santa Elena, se salen de la vía y visitan el lugar.

A unos los mueve la curiosidad, a otros el deseo de recibir el milagro de la abundancia y hay quienes van en la búsqueda de la fertilidad. Existen diferentes versiones de los ritos que se deben hacer al estar frente a la imagen de San Biritute. Los más viejos de la comuna explican que depende de la necesidad. Por ejemplo, cuentan que las mujeres cuando no pueden tener hijos deben sobar el falo del monolito y luego tocarse  el vientre.

Si se va en busca de abundancia se debe tocar todo el monolito, a veces abofetearlo. Pero hay quienes también visitan a San Biritute porque quieren tener una vida sexual más activa, entonces los rituales son diferentes. De esos deseos de las personas nacen otras historias que los habitantes de Sacachún las cuentan a los turistas.

Desde el regreso del monolito a la comuna, los hombres son quienes más lo visitan. “Pocas mujeres vienen por aquí”, dice Arcadio Balón. Entre risas, los ancianos del lugar creen que lo hacen porque no les va bien en el amor mas no porque quieren tener hijos o fortuna.

01-04-13-act-monolitoJULIO MORENO, UNA RUTA TURÍSTICA Y ECOLÓGICA EXÓTICA

La parroquia Julio Moreno está compuesta de varias comunas asentadas a lo largo de una ruta de al menos 60 kilómetros. A ella se puede acceder desde Guayaquil por el kilómetro 30 de la vía Guayaquil-Salinas, por el sector de Limoncito o desde el sitio llamado Buenos Aires, también ubicado en la misma carretera a la costa.

A lo largo de los sesenta kilómetros de recorrido se encuentra con comunas como Sacachún, Simón Bolívar, Julio Moreno, Las Juntas, Limoncito. Cada una de estas localidades tiene una historia por contar.

En Las Juntas, por ejemplo, también hay un pequeño monolito en forma de falo, que -según sus habitantes- concede los mismos milagros que San Biritute. A este monolito los comuneros han bautizado con el nombre de Negrito y está instalado en el centro de la calle principal del poblado.

El paisaje es único, compuesto de bosque seco, propio de la cordillera Chongón-Colonche, hay lagos creados por la represa Daule-Peripa y albarradas naturales que se forman durante el invierno.

En la zona, Santa Elena está construyendo un sistema de riego para proveer de agua a Julio Moreno.

Fotos: Francisco Ipanaqué│El Telégrafo

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