Los damnificados por las lluvias y deslaves en las regiones centro y sur del país intentan volver a la normalidad en sus casas

300 personas y una central eléctrica están en riesgo por el represamiento del río Toachi

- 24 de diciembre de 2014 - 00:00
Técnicos del COE y de Hidrotoapi inspeccionaron la zona del río Toachi que se represó la madrugada del domingo. Esto con la idea de planificar un desagüe controlado para que no cause daños. Foto: Silvia Osorio / para El Telégrafo

Los damnificados por las lluvias y deslaves en las regiones centro y sur del país intentan volver a la normalidad en sus casas

Mientras en la región Interandina el clima varía entre días soleados y lluvias intensas, el riesgo de nuevos  deslaves aún se mantiene en las provincias de esa zona.

Ayer arribaron al cantón Sigchos, en Cotopaxi, técnicos de Hidrotoapi para efectuar un estudio del suelo. Esto con el fin de desaguar el represamiento del río Toachi ocurrido la madrugada del domingo, por causa de un enorme deslizamiento de tierra y rocas.

En paralelo, la emergencia declarada por el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) se mantiene vigente. “Es una prioridad solucionar este problema”, declaró el alcalde Mario Andino.

Los miembros de este buró, a través de la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR), solicitaron que todos los ministerios unifiquen sus esfuerzos y la comunicación con los dirigentes de los recintos afectados.

Alrededor de 300 personas de las 6 comunas (Azache, Cutzualó, Guarumal, Agüilla, Campo Alegre y Praderas del Toachi), se mantienen en peligro, puesto que el flujo del caudal es variable y la presión podría provocar microdeslaves y fisuras en el mismo dique.

El peligro de un desborde brusco afectaría también la construcción de la Hidroeléctrica Toachi-Pilatón que tiene una inversión de más de $1.000 millones. “En caso de haber un desagüe violento, el agua podría golpear los recintos y causar daños. Por eso hay que hacerlo en forma controlada”, explicó Silvio Jaramillo, técnico de Hidrotoapi.    

A los moradores de Chiquintad y Ochoa León también les preocupa los daños en la mesa de rodadura en la vía principal de acceso a estas parroquias. Foto: José Luis LLivisaca/ El Telégrafo

Una carretera en peligro

Hasta ayer continuaban los trabajos de limpieza y encauzamiento de las quebradas y ríos en el área de influencia de la cuenca del río Machángara, al noreste de Cuenca.

Unas 10 casas de las parroquias de Chiquintad, Ochoa León y Checa resultaron afectadas por el aguacero caído el domingo. A ello se suman la pérdida de sembríos, animales y los deslizamientos de tierras.  

Maquinaria del Municipio y del Gobierno Provincial, conjuntamente con los moradores, destaparon las quebradas, removieron tierra, arbustos y escombros. También derribaron unos 30 árboles.

Las familias damnificadas recibieron, por parte de varias instituciones del Estado, kits de alimentación y para dormir. Ellos prefirieron no ocupar un albergue habilitado y decidieron quedarse con familiares. Ayer seguían con la limpieza de sus viviendas.  

Tránsito Guamán, una de las más perjudicadas, espera recibir ayuda para rehabilitar su casa, construida hace apenas tres meses y sobre la cual cayó un árbol.

Otro asunto que preocupa a los moradores de estas parroquias es el estado de la vía principal. En el ingreso a San Andrés de Chiquintad, se agrietó la mesa de rodadura. “El problema es grave. Se está yendo una parte de la carretera y prácticamente nos quedaríamos sin entrada a Chiquintad”, dijo Manuel Quito, presidente de esta parroquia.  

El dirigente hizo un llamado a las autoridades para continuar con el envío de maquinaria y trabajadores. Asimismo, pidió asistencia para los damnificados, pues teme que las lluvias continúen y se produzcan más daños.

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