Europeos en Guayaquil

- 04 de diciembre de 2012 - 00:00

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Desde 1900, dos fueron las ciudades que recibieron el mayor número de inmigrantes europeos: Guayaquil y Quito. Le correspondió a Guayaquil, la ciudad más poblada del país, acoger a la mayoría de europeos –especialmente italianos y españoles- que llegaban en busca de nuevas perspectivas, en una nación que favorecía su presencia.

Había claras diferencias entre los inmigrantes de los países europeos, por su origen regional. En el caso de los italianos, los que provenían del norte registraban mayores niveles de escolaridad, con relación a sus compatriotas del sur. Ello también repercutía en el tipo de inserción social: los primeros se dedicaban al “gran” y mediano comercio, mientras que los segundos operaban en el sector informal.

A pesar de que la mayoría de estos inmigrantes era de origen rural, por razones de subsistencia económica tuvieron que establecerse en áreas urbanas, especialmente en los puertos, lugares propicios para el intercambio mercantil. En el caso del Ecuador, Guayaquil fue la ciudad preferida como lugar de destino permanente para los europeos.

En el siglo XIX, no son pocas las crónicas que revelan la visión favorable que tenían los ecuatorianos –y los guayaquileños, en particular- de los inmigrantes del Viejo Continente. Por ello, la comunidad europea experimentó un vertiginoso ascenso y movilidad social, especialmente en lo económico. No importaba, a la postre, el origen social del inmigrante. El hecho de ser europeo refrendaba el prestigio individual y le ponía en una situación privilegiada en la comunidad receptora, lo que garantizaba su movilidad social. En Ecuador, al igual que en otros países latinoamericanos, la migración europea se volvió un tema de importancia vital para la institución estatal. Su presencia en nuestros países estuvo vinculada a la modernización económica y la idea del “mejoramiento de la raza”, en el sentido eugenésico de que los nacionales adoptaran las costumbres y prácticas “civilizadas” de los recién llegados.

La ciudad de Guayaquil experimentó, entre 1880 y 1925, un extraordinario incremento demográfico que traspasó los índices de su crecimiento natural: de aproximadamente 25.000 habitantes en 1880, cuadriplicó su población en cuarenta años, llegando a los 100.000 en 1920, según cifras recogidas por el historiador Ronn Pineo. Solo en el lapso de dos años, entre 1880 y 1882, la población en el puerto creció de 25.000 a 36.000 habitantes, en buena medida, por la corriente migratoria que llegó a nuestro país, como resultado de la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia (1879-1882); lo que también coincidió con el despegue de la producción y agroexportación cacaotera que dinamizó el capital comercial y bancario de la ciudad y región, a finales del siglo XIX.

Si nos atenemos a los informes de la época, podemos calcular las cifras de la inmigración extranjera en Guayaquil, entre 1880 y 1900, de la siguiente manera: 930 en 1880, 4.378 en 1890 y 9.368 en 1899. Obviamente, no todos los individuos contabilizados eran europeos, ya que había significativas cantidades de estadounidenses, peruanos, colombianos y asiáticos (especialmente chinos).

Lo que destaca en este recuento es la sostenida progresión demográfica de los extranjeros en las dos últimas décadas del siglo XIX. El vulcanólogo alemán Hans Meyer, quien llegó al Ecuador en 1903, fue testigo de este dinámico escenario de movilidad económica y social, que alteró la configuración tradicional de Guayaquil: “Entre los elementos extranjeros predominan los norteamericanos, según el número, desde que la construcción del Ferrocarril la hacen ellos; pero el negociante alemán es el propietario de las más grandes casas de comercio. Los ingleses, franceses, italianos y peruanos son bastante numerosos; los chinos, por desgracia, se ocupan en el pequeño comercio”.

En la relación de Meyer observamos la especialización productiva que rápidamente adquieren los europeos en nuestro medio, por la alusión al “gran comercio” porteño dominado por ellos, quienes eran propietarios de casas de importación, como la de Max Müller, germano hablante de origen suizo. Se dice que Müller fue quien atrajo la migración de los suizos al Ecuador, particularmente a Guayaquil, ya que el 80% de los helvéticos que llegaron al país, a inicios del siglo XX, lo hicieron contratados por esta empresa.

Al día de hoy, ha menguado la emigración al Viejo Continente que tanto desangró a la patria en los últimos años y España vive una recesión económica de alarmante magnitud que afecta de manera especial a los migrantes ecuatorianos. Es pertinente, por ello, recordar que fuimos un destino histórico para millares de europeos que vieron en el país de la mitad del mundo y particularmente en Guayaquil, el lugar ideal para echar raíces y contribuir al crecimiento de nuestra “casa grande”.

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