Maradona, genial con el balón, pero inestable como director técnico

- 08 de septiembre de 2018 - 00:00

El amor que Diego Maradona le profesa al fútbol lo lleva ahora a ser DT del mexicano Dorados, pero así como fue un genio con la pelota, no ha dado pie con bola en la dirección técnica.

El contraste entre la carrera del argentino como jugador y su trayectoria como entrenador es el día y la noche: luminosa la primera, sombría la segunda.

Con su carisma de personaje universal con teatrales apariciones, vuelve a la dirección técnica como en aquel debut en el modesto Mandiyú de la provincia de Corrientes (nordeste) en 1994. Balance: 6 empates, 5 derrotas y solo una victoria. Un balance muy pobre para quien había deslumbrado en el sub-20 en Japón 1979 y campeón con su querido Boca Juniors en el torneo argentino en 1980.

En 1995 saltó a dirigir al popular Racing Club con bombos y platillos. El saldo fue de 3 derrotas, 6 empates y dos triunfos. Telón rápido y a otra cosa. Nada que ver con su paso por el FC Barcelona entre 1982 y 1984, cuando ganó la Copa de la Liga, la Supercopa de España y la Copa del Rey. Y ni qué hablar de su hora más gloriosa al ganar el Mundial de México 1986. 

Su sendero como entrenador sufrió una paralización de más de una década. El hombre que hizo vivir los momentos más felices de la historia a los hinchas de Nápoli de Italia no encontraba momento ni lugar para dirigir. 

En 2008 abrazó por fin otro de los sueños de su vida: dirigir a la selección que lo tiene como emblema. La Albiceleste entró a duras penas en el Mundial de Sudáfrica 2010. Pero era la gran oportunidad de revivir laureles, con Lionel Messi, Sergio Agüero y Ángel Di María.

Trotamundos, transgresor y desafiante como siempre, llegó a Emiratos Árabes Unidos (EAU). Lo contrató Al Wasl (2011-2012), pero fue otro fiasco y se marchó. 

Siguió en EAU como embajador deportivo y se sentó de nuevo en el banco de suplentes para dirigir a Al Fujairah, de la segunda división. Fue su mejor campaña. Ganó 7 de 11 partidos. Estuvo al borde de lograr el ascenso, pero un error infantil del arquero contra Khor Fakkan derivó en empate y se quedó con las manos vacías. (I) 

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