Anderson Julio desequilibró las finales

- 17 de diciembre de 2018 - 00:00
El delantero Anderson Julio (d) extiende los brazos en forma de celebración tras marcar el gol que le dio la victoria y el campeonato a LDU (Q).
Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

Los goles convertidos tanto en la final de ida jugada en Guayaquil, que terminó 1-1, como en la revancha disputada este domingo 16 de diciembre en Quito, hicieron del delantero de Liga de Quito Anderson Julio, el jugador desequilibrante en la definición del título del campeonato ecuatoriano.

Cuando parecía que las cosas se le complicaban a los “universitarios” en el puerto principal apareció el atacante de 22 años, quien aprovechó un error de la defensa de Emelec y poner la paridad final.

Y este domingo 16 de diciembre a los nueve minutos volvió a surgir en una jugada individual en la que sacó a relucir la buena pegada que tiene para abrir el marcador en el estadio Rodrigo Paz Delgado de la capital ecuatoriana.

Pero además el artillero “albo”, que nació en Pimampiro (provincia de Imbabura) el 31 de mayo de 1996, fue titular en 45 partidos esta temporada y marcó 11 goles. Anderson no fue el único Julio que destacó en la escuadra, puesto que su hermano Jhojan (43 cotejos, seis goles) también fue una de las figuras “azucenas”.

Al minuto 81 en el estadio de Liga se escuchó una sonora ovación dedicada a Anderson, quien fue sustituido por Édison Vega.   

El nuevo monarca dominó la mayor parte del compromiso, sin embargo pasó por momentos duros por las lesiones de sus dos zagueros centrales Franklin Guerra y Hernán Pellerano, quienes fueron reemplazados por Kevin Minda y Édison Realpe.

La tempranera conquista de Julio trastocó la planificación del técnico visitante, el argentino Mariano Soso, que buscaba una victoria para poder levantar la corona 15 en su historia y lo obligó a replantear el sistema de juego que sorprendió con la presencia del joven Byron Palacios.

Para la segunda mitad, los campeones de la Copa Libertadores en 2008 bajaron un poco el vertiginoso ritmo mostrado en los primeros 45 minutos y esto fue aprovechado por los “millonarios” para acercarse al arco del guardameta argentino Adrián Gabbarinni.

El tiempo pasaba y los “azules” se desesperaban porque no encontraban el empate, que les habría dado la posibilidad de definir el título en los penales. De eso sacaron provecho los locales y empezaron a controlar la pelota y a través del contragolpe tratar de ampliar la ventaja.

Con el pitazo final llegó la alegría, los festejos, los llantos, los abrazos y la hora de celebrar por parte de dirigentes, jugadores y cuerpo técnico. Los familiares ingresaron a la cancha y se unieron a los festejos.  

“Agradecido con Dios, con mi familia y con el profe, él sabe todo lo que sufrimos y fue el único que confió en mí”, dijo entre lágrimas Fernando Guerrero.

Por su parte el profesor Pablo Repetto destacó la unión y humildad del grupo. “Hicimos un buen año y los muchachos nunca perdieron la ilusión de lograr el campeonato”, mencionó el técnico y contó que en el camerino antes del cotejo José Quintero motivó al plantel con sus palabras.

En la tarima la alegría se desbordó en los jugadores al recibir el trofeo de campeón. Tras ello, el plantel se dirigió en una caravana hasta la pileta de la Indoamérica para celebrar con los hinchas. (I)

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