Hasta del césped depende el buen fútbol

11 de septiembre de 2011 - 00:00

El técnico español Benito Floro fue uno de los entrenadores con los que  Barcelona estuvo a punto de descender  a la Serie B, esto en la temporada de 2009. En las 17 fechas que lo dirigió se cuestionó su estilo de trabajo, como en una ocasión, cuando puso a jugar tenis a los futbolistas en uno de los entrenamientos. Obstinado e incomprendido fueron algunos de los calificativos que se ganó el  ex DT del Real Madrid, quien también se preocupaba mucho del estado de las canchas,  tanto la del estadio Monumental como la alterna Sigifredo “Agapito” Chuchuca.

“Uuhh, el más exigente ha sido Floro, le gustaba  que todo esté bien ordenado, arreglado, pintado, bien sembrado, que la cancha no tuviera ningún hueco. Era muy caprichoso y le gustaba andar de allá para acá en las dos canchas”, manifiesta Luis Robayo, jardinero del Monumental, desde hace 18 años.

Robayo se encarga del mantenimiento de la cancha alterna de los “canarios”, la que ahora, con el estratega argentino Luis Zubeldía, debe permanecer seca antes de cada trabajo. Al contrario de  lo que solicitaba el ex DT

Rubén Darío Insúa, quien pedía que el césped esté casi “empapado”, es decir que la tierra esté blanda. Así como en estos tres casos que mencionamos de Barcelona, el resto de los técnicos que han militado -y otros que actúan en el campeonato ecuatoriano- sabe cómo y qué solicitar de las canchas a los profesionales en la materia, antes de los entrenamientos y de los partidos. Además, esto también depende de los rivales a enfrentar.

Regresando al caso de Barcelona, el español también prefería el terreno mojado y fue uno de los técnicos que minuciosamente revisaba todos los días el campo. “Uff,  molestaba mucho”, confiesa de manera tímida Robayo. Ahora, con el actual director técnico, contó que, cuando llegó,  se molestó porque la cancha estaba en mal estado, pero desde esa fecha se procedió a recuperarla. “Ahora está como al ‘profe’ le gusta”, afirma.

“Cuando terminan las prácticas, se la empieza a regar. Esto se hace solo una vez al día. El ‘profe’ me pide que no la moje mucho porque le gusta la cancha dura, no muy suave porque se daña; los jugadores también la prefieren así. Por ejemplo, el sábado la regué y ya el domingo no lo hice porque entrenaron el lunes”, explica Robayo.

Del Monumental, la persona encargada recién fue contratada hace un mes y, según el experto, encontró muchas raíces muertas. Es por eso que el césped se veía amarillo.

Erwin Quimí es el responsable de la cancha principal y durante los últimos 30 días la ha sometido a tratamiento para dejarla como una “alfombra”. Para esto realizó un estudio del suelo para saber qué nutrientes y fertilizantes necesitaba. “Utilizamos los nutrientes que le hacían falta a la planta, como son el nitrógeno, potasio y el fósforo, que son los que ayudan a la raíz y al césped a mantenerse verde y que  a que se pueda tupir. Después de ese proceso se ve si el suelo está apretado; si la grama está demasiado acolchonada, se le hace otro tratamiento, como es la aireación”, comenta Quimí.

A Zubeldía solo le interesa que la cancha esté bien tupida “para que la bola ruede” y que el corte esté  uniforme. Además, uno de los requerimientos del “Príncipe” es que su campo sea uno de las mejores del país. “Esto es importante  para que el equipo suba su nivel futbolístico, ya que así el jugador se siente a gusto en su propia cancha”, añade.

En esta cancha se poda el césped  tres veces a la semana para que el pasto se mantenga al mismo nivel y no se vean las puntas amarillas.

El riego lo hacen por las mañanas, de 15 a 20 minutos; y por la tarde  también para que la grama se mantenga  húmeda. Eso sí, antes de un partido no se la moja. “La regamos por medio de cañones que se colocan a través de tuberías con tres válvulas en cada extremo. Son seis cambios que se hacen, tres de cada lado”, dice Quimí. Caso contrario pasa con el gramado del estadio George Capwell, ya que antes de cada encuentro los jardineros  mojan la cancha.

Así lo indica el administrador del escenario deportivo, Roberto Yon, quien trabaja para la entidad azul desde mayo. “El mantenimiento que se le está haciendo es regarla todos los días, no puede faltarle agua. Además, se colocan  químicos para matar las malezas (monte que no es césped).

También depende de lo que pide el DT, pero normalmente el corte es de pulgada y medía. Así también (Juan Ramón) Carrasco pide que antes de un partido se la moje”, expresa Yon. Para la recuperación de este campo se procedió a  estratificarlo y a pasarle el rastrillo para sacar las raíces secas que estaban debajo.

Asimismo, como en los anteriores casos, las exigencias de los técnicos  son los recuerdos que quedan en los jardineros. Uno de ellos es Julio Pérez, quien trabaja en el club “millonario” desde hace 14 años. 

“A (Salvador) Capitano -dirigió a los “eléctricos” de 1992 a 1994- no le gustaba que nadie se le pasee por la cancha para que siempre esté bien, sin baches; la cuidaba mucho. Al ‘profe’ (Carlos) Sevilla tampoco  le agradaba ver huecos y casi todos los días entrenaba en el Capwell”, recuerda Julio, quien ha celebrado en esa cancha tres títulos con el equipo del que es hincha.

El argentino Jorge Sampaoli también mantuvo una buena relación con los jardineros y siempre les preguntaba si necesitaban algo. “Me decía: ‘Hijo, pídame si falta  algo para hablar con el presidente”, rememora Julio.

De los DT con quien más tuvo camaradería fue con Carlos Torres Garcés. Del ahora cónsul en la ciudad española de Alicante, recordó que con él siempre existió compañerismo  y nunca se quejó por el terreno de juego. Algo muy diferente a lo que sucede con el actual entrenador, “Tiqui Tiqui”; es más, ni siquiera han hablado.

Un campo para cuatro equipos

Desde 1997 la cancha del estadio Olímpico Atahualpa está a cargo de Jaime Morales. Él es ingeniero civil, pero desde que asumió esta ocupación, además de otras propias del estadio, se convirtió en su pasión.

El Atahualpa, inaugurado en 1951, es la casa de la selección ecuatoriana y también acoge a varios equipos  de la capital, como Deportivo Quito, El Nacional y Universidad Católica. Por esa razón, cada técnico tiene una idea de cómo debe estar cortado el césped y de esa forma potenciar el rendimiento de sus escuadras.

Morales recuerda la época en la que el colombiano Hernán Darío Gómez dirigía a la “Tri” y pedía que para los partidos contra Argentina o Brasil la grama estuviese “más acolchonada”.

El “Bolillo” solicitaba que esté así para que  se torne  pesada y los rivales se cansen más, que sea una cancha “comepiernas”. “Cuando se cortaba de esa forma se sentía que el pie se hundía”, señala.

En ese mismo sentido, el DT de Deportivo Quito, Carlos Ischia, aceptó que la cancha es un tanto “acolchonada”, pero que incluso así permite un buen juego. Su equipo marcha en  el primer lugar de la segunda etapa con 8 partidos ganados, 24 puntos y ningún gol en contra.

Los encargados del mantenimiento intentan complacer a los entrenadores, y el en caso del “Pelado”, que previamente había realizado esa observación, optaron por rebajar un poco más el corte.

Cuando dirigía Sixto Vizuete, la situación fue distinta, pues el técnico ecuatoriano no tenía un patrón de corte definido y pedía que se mantuviera el trabajo que se realizaba. El corte estándar que se efectuaba con normalidad mide 5 cm entre tallo y hierba. La mayoría de canchas de la serranía tiene un tipo de césped llamado quicuyo, que se adapta con facilidad a la altura y el corte en el Atahualpa mantiene un  estilo: paralelo a la raya de la mitad del campo.

El corte se realiza dos veces por semana, pero también depende de las programaciones, ya que debe alojar partidos de las series “A”, “B”, segunda categoría, eliminatorias y, en ocasiones, finales de los torneos intercolegiales.
Junto a Morales trabajan Richard Miranda y Antonio Mavisoy, quienes son los encargados de cortar, regar, arreglar y mantener en buen estado la grama del escenario.

De lunes a viernes, entre 07:00 y 15:00, se ocupan de las labores en la hierba. “Es nuestro trabajo y es un orgullo que la gente reconozca que la cancha es buena”, dice Mavisoy.

Semillas traídas de Francia

El gramado del estadio de Liga de Quito fue, en su inicio, de semillas traídas de Francia e Inglaterra, que se plantaron en Cayambe y luego se trasladaron hasta Quito. Sin embargo, con el pasar del tiempo, el quicuyo contaminó la planta extranjera y la europea no soportó la altura.

“La semilla del quicuyo viene en el viento, vuela muy rápido, incluso en los zapatos de los jugadores. Pero sin duda es una de las mejores plantas para la serranía”, asegura Juan Carlos Larcos, gerente operativo del estadio  Casa Blanca.

Él está en Ponciano desde su inauguración en 1997, al igual que Jaime Paredes, quien es el encargado de cortar el césped. Esto se realiza unas dos veces a la semana, cuando hay partidos miércoles y domingo.
Edgardo Bauza, actual entrenador de los “albos”, ordena que el césped esté corto y de esa forma el balón ruede más rápido, para adaptarlo al juego que  pretende.

Algo similar solicitaba el uruguayo Jorge Fossati en su época, mientras que el chileno Manuel Pellegrini pedía el corte un poco más alto. “Nosotros estamos para hacer lo que los técnicos decidan y sientan que es lo mejor para aplicar su juego. Cada cual ha tenido un estilo  que han considerado beneficioso para su estrategia”, comenta Larco.

En total, 7 personas se encargan de las labores en la cancha, en el corte, la pintura de las líneas, el riego, entre otras tareas. El presupuesto mensual, calcula Larco, bordea los $6.500, entre los insumos, el mantenimiento de la maquinaria y los sueldos del personal; mientras que, en maquinaria, el club realizó una inversión de cerca de $200.000. Paredes también ha estado presente en Casa Blanca desde que el estadio se inauguró.

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