Punto de vista

Emelec y su convencimiento

23 de diciembre de 2014 - 00:00

Punto de vista

Horas después de finalizado el partido más importante en la historia del balompié nacional, podemos salir de la euforia o de la amargura y desmenuzar qué nos dejó esta final inédita, que -por los condimentos que tuvo- inexorablemente quedó tatuada en el alma y piel de los equipos del Astillero. Barcelona realizó un esfuerzo abismal en los últimos partidos de la segunda etapa, apelando más a la garra y compromiso de sus integrantes que a las ideas de un funcionamiento, que afianzó bases importantes, como el orden táctico y el gran valor de aprovechar la famosa ‘pelota parada’, de la cual sacó réditos significativos.

El equipo ‘torero’ no jugó mal, simplemente fue práctico y no se preocupó por acercarse a los que muchos líricos de este deporte exigen: jugar bien y bonito sin olvidarnos que ante todo es un espectáculo. Un club tan grande tiene memoria solo para triunfos, detalle que Israel olfateó desde que llegó a Ecuador y eso lo hizo trabajar para llegar al objetivo sin preocuparse cómo hacerlo.

Su equipo fue tomando forma con elementos parecidos en la mitad de cancha que generaron equilibrio, pero sufrieron demasiado para generar fútbol y se aferró a las ilusiones que produjo Ismael Blanco, un trabajo correcto, pero que estuvo lejos de la excelencia que necesita un equipo ganador.

Esta última frase me lleva a hilvanar las ideas de por qué Emelec se mantiene como monarca sin ningún tipo de dudas. La interna del equipo ‘eléctrico’ camina con aplomo sin tomar decisiones impulsivas. El mentor de todo esto es su presidente, Nassib Neme, que después de varios años frente al equipo de sus amores fue demostrando cómo se deben perseguir los objetivos con calma y mucha paciencia. Sus gladiadores dentro del campo de juego irradian  convencimiento, y eso se lo debemos atribuir al mensaje claro que baja desde su entrenador, que jamás traicionó sus ideas, inyectando compromiso y valentía en sus jugadores. Y eso sucedió en la final. Futbolísticamente hablando, Emelec fue mucho más en los 180 minutos, y si hubiera sido más contundente en la red, la serie habría podido definirse en el partido de ida donde dejó con vida a su eterno rival después de una distracción. El segundo cotejo se desvirtuó con la tempranera expulsión de Álex Bolaños, quien actuó de manera vehemente contra su hermano Miller, que como ironía se consagraría a posteriori como figura del encuentro y del torneo. De ahí en más, el local manejó el balón a su antojo hasta que encontró adelantarse en el marcador, y encima con un hombre más en cancha. Lo que ocurrió después fue por  decantación y puso al equipo ‘eléctrico’ nuevamente en el escalón más alto de nuestro torneo.

Mucho se dirá, mucho se especulará, lo que debemos subrayar es que el campeón es un ganador legítimo e inobjetable porque mantuvo sus principios y nunca los traicionó, jugando todo el año con la misma predisposición y manteniendo su juego ofensivo como marca. Hay que resaltar que si Barcelona  pretende volver a las luces del éxito, debe tener la capacidad y grandeza -más allá del dolor y amargura- de imitar y asimilar este gran ejemplo que nos regaló su eterno archirrival.

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