El momento inesperado

- 11 de julio de 2018 - 16:00

Francia y Croacia se estacionan en la final de la Copa del Mundo. Un enfrentamiento inédito, que marca dos trayectorias similares y fundamentadas en el trabajo de grupo, pero con singular participación del talento individual que ambos equipos tienen en las dosis indicadas.

En el caso de los franceses, su desempeño en Sudáfrica 2010 fue colindante con la vergüenza. No solamente por el resultado -eliminados en la fase de grupos por México y Uruguay- también lo fue por todos los conflictos internos que vivió el equipo y que tuvieron como protagonista al técnico Raymond Domenech, un profesional con trayectoria y nombre, pero incapaz de manejar temperamentos y situaciones límite. Nicolás Anelka, jugador díscolo e inestable si los hay, lo insultó y por eso fue sacado del equipo en pleno torneo.

Y ni hablar de otros incidentes, como aquel que terminó por alejar a Karim Benzemá del equipo por conflictos muy serios con sus compañeros. Benzemá, una estrella del Real Madrid y jugador perfectamente convocable para este Mundial, fue sacrificado en nombre de la convivencia de plantel y la armonía.

En Brasil 2014, donde fueron eliminados por Alemania en cuartos de final, los franceses insinuaron casi todo lo que hemos visto en Rusia 2018. Un equipo que se empieza a armar desde muy atrás, con un golero sobrio y decisivo como Hugo Lloris, figura personalísima de este Mundial. Ni hablar de la consolidación de Raphael Varane y Mathieu Valbuena, Ngolo Kanté. En el 2014, Kylian Mbappé era un mocetón de 15 años que hoy está a las puertas de la consagración y el protagonismo, si acaso su selección se llega a consagrar.

Los croatas no están a nuestro alcance. Hasta sus nombres nos resultan ajenos, por eso resulta difíciles seguir su pista. Pero hace falta adentrarse un poco para admirar su apego a esa historia que la vieja Yugoeslavia supo escribir mientras fue aquella unión de naciones en la época del Mariscal Tito. Los vaivenes de las guerras, los conflictos internos y las diferencias raciales y religiosas llevadas a extremos inimaginables han curtido este y otros equipos que siempre han estado compitiendo.

Hoy, de las manos de Luka Modric, acaso la estrella fundamental de esta Copa del Mundo, están en una situación insólita, a la que ni su patria originaria pudo llegar en tantos años de historia. Vienen siempre desde atrás, todos los partidos del mano a mano en este Mundial los comenzaron perdiendo y pudieron darles la vuelta. Eso habla de una voluntad puesta a prueba en circunstancias extremas.

El domingo, en Luzhniki, vamos a asistir a un momento único e irrepetible. Que la final esté a la altura del Mundial que tuvimos.

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