Del barrio al continente: un ejemplo local

- 09 de noviembre de 2019 - 14:40
Recuerdo fotográfico de José Terán, fundador del club en la sala de la casa de Josefina Santamaría, viuda de Terán.
Álvaro Pérez / ET

Se creó entre amigos y se transformó en una empresa.

José Terán fundó Independiente en 1958 con la idea de emular a su querido Independiente de Avellaneda de Argentina. Vistió a su equipo con el mismo color rojo del “Rey de Copas” y así arrancó su historia en las ligas cantonales de Sangolquí.

Tenía un sueño que parecía más utopía: que su Independiente se enfrente a los argentinos. No lo pudo ver, pero se hizo realidad y en esta Copa Sudamericana los tocayos se enfrentaron.

Terán falleció en 1975 por lo que no pudo estar presente cuando su equipo empezó el camino en el profesionalismo. En 1978 ascendió  a la Segunda Categoría de Pichincha, donde duró siete años sin alcanzar a subir a la primera categoría.

Un nuevo ascenso, el que sería el definitivo, se produjo en 1996. Duró 11 años en segunda, hasta que finalmente logró el ansiado paso a primera en 2008.

Desde allí no se detuvo, además que ya tenía desde 2006 su denominación actual de Independiente del Valle. La razón de cambiar el nombre es porque ningún club puede tener el nombre de una persona en su denominación.

Por eso se pensó en algo relacionado con la localidad y ahí surgió el complemento “del Valle”. El empresario Michel Deller se hizo cargo del equipo e hizo una fuerte inversión para el crecimiento del plantel.

Así fue como consiguió los ascensos casi consecutivos hasta instalarse en la serie A, de forma consecutiva desde 2010. En 2007 estaba en segunda, en 2008 subió a la serie B y en 2010 llegó a la categoría de privilegio.

En esos primeros años siempre se veía una gran bandera en el estadio General Rumiñahui, donde el club actúa como local: “Futuro campeón del Ecuador”.

A pesar de que ese día aún no llega, Independiente se convirtió en protagonista con un proyecto ambicioso, generado desde sus inicios. Se convirtió en modelo de manejo de las divisiones formativas, con una orientación no solo deportiva, sino también educativa.

Los jóvenes que llegan desde otras provincias tienen hospedaje y reciben clases especializadas; el club no dejó nada al azar y se enfocó en formar a los jugadores de forma integral.

El complejo que posee desde 2007 (en 2010 se convirtió en Centro de Alto Rendimiento) se convirtió en lugar de referencia para la formación. En las siete hectáreas se construyeron siete canchas, donde se entrenan además del plantel principal, las categorías sub-12, sub-14, sub-16 y sub-18.

De a poco se convirtió en una vitrina de talentos que de a poco maduraron y pasaron a ser figuras. Entre los que más destacaron está Jefferson Montero, Juan Cazares, Leonel Ramírez, Junior Sornoza y recientemente, por el Mundial sub-20 que hicieron, salieron del país Gonzalo Plata y Moisés Ramírez.

En su cuarta temporada en la serie A, en 2013, consiguió su mejor actuación. Consiguió el subcampeonato y quedó muy cerca de hacer realidad lo que dice esa pancarta en su estadio.

A partir de ahí participa de forma ininterrumpida en torneos internacionales. En 2013, 2014 y 2019 accedió a la Copa Sudamericana, mientras que en la Libertadores estuvo en las ediciones de 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018.

Su participación más recordada hasta el momento es la de la Libertadores 2016, cuando disputó la final contra Atlético Nacional de Medellín. Dirigidos por Pablo Repetto, los “rayados” se convirtieron en el tercer club en alcanzar una final de la Copa, luego de Barcelona y Liga de Quito.

Su participación coincidió con el terremoto en Manabí de 2016, su fútbol unió a los aficionados de diversos clubes, que llenaron el Atahualpa en varias jornadas. Ese dinero de la taquilla fue para los damnificados.

Hoy escribirá un capítulo más en su historia, corta pero sostenida en la que ha logrado varios hitos. Esta tarde en Asunción quiere bordar su primera estrella dorada. (I) 

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