Ana y Alexis, las “defensoras” de su hogar

14 de agosto de 2011 - 00:00

Mangos, ciruelas y grosellas con sal. Todo lo que era alimento ácido fue lo que comió en los últimos nueve meses el zaguero de Emelec, José Luis Quiñónez, quien adquirió los “antojos” de su esposa Alexis, que trajo al mundo hace diez días al  quinto miembro de la familia.

Algo tímida, risueña, de tez negra al igual que su pareja, Alexis Paredes cuenta que su esposo está esperando tranquilo, pero con ansias, el Clásico del Astillero, en su edición 192, que se jugará hoy (16:00) en el Capwell. Ella admite que siempre apoya desde el palco al “Pulpo”, como se conoce al jugador, pero esta vez no lo hará, ya que aún se encuentra “delicada” por el alumbramiento de su hija, quien no tenía nombre hasta el día de la entrevista, pero en ese momento eligió que le pondrá Luisita.

“José es amante de los mariscos, el pescado frito y la ensalada, esos son sus platos  preferidos, pero estos últimos meses no dejó de comer cosas ácidas”, comenta desde su domicilio ubicado en Villa Club, en la vía Samborondon.
Desde hace dos meses se mudaron a su nueva casa y ahora Alexis asegura  que se sienten más cómodos,  de a poco están comprando los enseres para el hogar. Antes vivían con la mamá del futbolista en Los Samanes.

Para el choque entre los ídolos guayaquileños, Alexis confiesa que no experimenta los mismos nervios que experimente en cada partido que juega José Luis; con éste se duplica ese sensación, pues teme que el padre de sus hijos se lesione.

“Ahora estamos cuartos  y la expectativa es la de ganar para subir en la tabla, por eso no deja de ser tenso, es como una sensación horrible también por la preocupación de que le pueda pasar algo, porque los Clásicos son partidos bruscos y uno está pendiente de que le den un golpe fuerte en las piernas. Es un encuentro que ni Emelec, ni Barcelona quieren perder”, añade Alexis.

Sobre alguna cábala que tenga el defensa, antes de algún cotejo, comenta que no conoce ninguna, pero lo que siempre hace es llamarla o escribirle al celular, cuando se encuentra en los camerinos calentando antes del partido, para que le dé su bendición.

“Nos escribimos o llamamos y le digo que Dios lo bendiga y al equipo en general, ya es una costumbre que tenemos”, cuenta. Para el partido de hoy, pronostica un resultado de 2-0 con gol de Quiñónez. Confiesa que antes de conocer a José Luis era barcelonista, pero ahora su corazón es “ciento por ciento azul”.

Además, cuenta que se le hizo complicado aceptar la profesión de su esposo, quien  al regresar de Liga de Portoviejo (2005) a uno de los equipos del país con numerosa hinchada, como lo es el club “eléctrico”, se convirtió en un personaje público y con ello se transformó en una persona muy requerida por los hinchas, cuando se lo topan fuera del estadio o de los entrenamientos.

Al principio esta situación se le hizo difícil de aceptar a Alexis, porque ella deseaba  pasar más tiempo con su pareja y llevar una vida tranquila, pero con el tiempo se fue adaptando a que los fanáticos se le acerquen a su esposo a pedirle fotos.

“Fue complicado, porque  cuando te haces de compromiso siempre esperas estar con tu pareja en todo momento, pero luego vienen las pretemporadas, en las que  se va bastante tiempo... te acostumbras,  pero nunca te deja de hacer falta, te resignas a dormir sola; toca aceptarlo”, dice suspirando.

Los lunes es el domingo para la familia Quiñonez-Paredes, que disfrutan junto a sus ahora tres hijos (Justin José, de 4 años; Yaneila, de un año y medio, y Luisita, de días de nacida), de paseos en los parques, centros comerciales y  cenas por la noche. “Los fines de semana siempre estamos solitos, no salimos cuando está concentrado,  por eso lo extrañamos bastante”, confiesa.

Sobre su historia de amor, cuenta que lo  conoció en Manta, cuando militaba en Liga de Portoviejo “un 18 de agosto” por una amiga que se lo presentó. Desde hace seis años están juntos, antes era celosa, ahora no.

El partido que más recuerda de los “millonarios”, fue la final del campeonato del año pasado en el Capwell cuando Liga de Quito se quedó con el título, porque lloró mucho.

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