Alvarado se inspira en su hijo Thiago

- 14 de febrero de 2019 - 00:00
Foto: Jhon Guevara / EL TELÉGRAFO

El quevedeño fue una de las figuras del torneo sub-20 y lo primero que hizo al llegar fue compartir con su pequeño. Hoy se reintegrará a Aucas, su equipo.

Su voz apenas se escucha y se esfuerza por hablar. Su garganta está afectada, no por el cambio de clima entre Rancagua y Quito, sino por el festejo interminable de los jugadores de la sub-20.

Lo que se vio por televisión quedó en la retina de los aficionados: la felicidad de todos los juveniles por el título del Sudamericano en Chile. Entre ellos estaba Alexander Alvarado, quien contó que la celebración se extendió incluso hasta al avión que los trajo de regreso.

Por esa razón se quedó casi sin voz, pero era lo de menos en medio de tanta dicha.

El quevedeño de 19 años fue una de las figuras del certamen regional por su habilidad sobre la banda izquierda y también por su capacidad goleadora. En Chile, tres tantos fueron de su autoría.

Apenas aterrizó el avión que trajo al equipo hasta el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, quería bajar rápidamente para ver a su pequeño hijo, Thiago, de tres meses.

Él es su principal inspiración y durante su estadía en el sur del continente no dejaba de llamar a su pareja, Valeria Calle, para verlos a ambos a través de una videollamada.

También se comunicó constantemente con toda su familia que vive en Quevedo y a la que espera visitar este fin de semana para celebrar el título de la sub-20 y su destacada participación.

Su éxito actual no ha sido casualidad, pues desde pequeño siempre se esmeró por jugar bien al fútbol. Su buen dominio de balón tiene que ver con sus orígenes, pues en su natal Quevedo arrancó como enganche.

En el colegio Insutec, de la localidad, marcó 28 goles en un campeonato y fue premiado con el “Botín de Oro”. De aquello han transcurrido cinco años, pero antes estuvo en una escuela de fútbol de El Nacional en su ciudad.

Más adelante también estuvo en la Academia Alfaro Moreno y su primer peldaño en el profesionalismo fue el Deportivo Quevedo, donde soñaba jugar y lo hizo en la sub-14 de ese plantel.

Después buscó una alternativa más exigente y así viajó a Quito para unirse a Independiente del Valle.

Apenas estuvo un año en la sub-16, antes de pasar al Deportivo Quito, que lo acogió.

Jugó en la reserva, en la sub-16, en la serie B y debutó a finales de 2015 con el equipo principal en un único partido. La situación de los “chullas” se tornó insostenible y dejó el equipo después de tres años.

Pasó al Gualaceo de la serie B, equipo con el que fue titular en 43 de los 44 partidos del certamen.

Además, marcó tres goles y con 17 años de edad apareció como una de las figuras emergentes.  Con el paso del tiempo mutó de su posición de “10” para jugar como extremo izquierdo. Manejar los dos perfiles es un beneficio para él, pues puede engañar a los defensas con más facilidad.  

Aucas lo sufrió cuando tuvieron esos enfrentamientos en la B y con el ascenso conseguido, antes de 2018, los “orientales” ficharon a Alvarado. La temporada pasada fue indiscutible, tanto con Gustavo Soler, que arrancó la temporada, como también con Darío Tempesta.

Todo ese recorrido tuvo la recompensa con su llegada a la selección, algo con lo que soñaba permanentemente.

“Fuimos por un cupo al Mundial y nadie decía que íbamos a salir campeones. Esta experiencia fue muy enriquecedora y ahora espero aportar para cumplir con los objetivos de Aucas”.

Por un golpe en el tobillo, en el último partido contra Venezuela, Alvarado llegó a Quito rengueando, pero no era nada de gravedad.

Hoy tiene previsto sumarse a Aucas, con el resto de los seleccionados que representan al club.

Su contrato con el equipo es hasta 2021 y, si hay rumores de alguna transferencia, no quiere marearse con ello.

Ahora solo se refugia en su esposa y su hijo. (I) 

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