Álex Aguinaga pierde su invicto como DT

25 de abril de 2011 - 00:00

El persistente apoyo que recibió ayer Barcelona de sus 12 mil aficionados presentes en el estadio Atahualpa  no tuvo eco en el gramado. Pero los jugadores, así como el técnico Álex Aguinaga, salieron tranquilos pese a la derrota (0-1) ante D. Quito.

Con serenidad, el “Güero” soportó el reclamo que los seguidores “azulgrana” le hicieron desde la preferencia. Se sorprendió cuando escuchó los fuertes epítetos que lanzaron en su contra, solo por haber defendido como jugador esa divisa y ahora comandar a uno de los principales adversarios  “chullas”.

Él fijó su mirada en esa hinchada y respondió con palmas los insultos. Esperó a que todos sus muchachos ingresen al camerino, tras la derrota, para abandonar la cancha. A cada uno les brindó una palmada de aliento en la espalda, mientras las cámaras no dejaban de seguirlo.

Fue el centro de atención antes y después del encuentro. Saludó a su colega Fabián Bustos y se confundió en un abrazo efusivo con Segundo Alejandro Castillo, con quien rivalizó en 2005, cuando Aguinaga, como jugador estaba en Liga de Quito y el “Mortero” en El Nacional.

No así su calma para dirigir en la adversidad y aceptar el resultado. “Algún día se iba a perder, pero lo hicimos peleando y eso me deja muy tranquilo”, aceptó el ahora entrenador ecuatoriano, que cayó en su cuarto compromiso.

En la cancha, los “canarios” mostraron mejoría en su rendimiento. Los últimos resultados obtenidos (obtuvieron 7 puntos de 9 posibles en tres partidos) sin duda atrajeron a los “amarillos” que llenaron la general sur, parte de la norte y también la tribuna. Superaron en seguidores a los locales (8 mil).

Pero la minoría “chulla” fue la que festejó durante el encuentro. Al minuto 17, cuando tras un desborde por la banda derecha quiteña, el delantero Marlon De Jesús desde la última línea retrocedió el balón hasta los pies de Santiago Morales, quien sacó un derechazo que infló las redes de la mano izquierda del golero Máximo Banguera, quien voló, pero en vano.

El “Pepo” Morales festejó con furor esa anotación. Lo hizo frente a la preferencia donde los colores azul y rojo flameaban sin cesar.

Ni esa anotación desesperó a los “canarios”. Al contrario lo asumieron con tranquilidad y en base a un juego ordenado intentaron alcanzar la igualdad. Generaron llegadas por los dos costados, pero fallaron totalmente en los centros, que llegaron sin potencia y menos colocación.

El argentino Iván Borghello no fue el aporte que requirió el elenco guayaquileño. Cada jugada suya la terminó en el  piso, buscando una sanción que el árbitro José Carpio nunca la dio. Su falta de puntería se evidenció al minuto 38, cuando no pudo definir con certeza una inmejorable oportunidad de anotar, solo frente al arco.

La desazón de los “toreros” fue evidente en el presidente Alfonso Harb, que desde el palco solo atinó a llevarse las manos a la cabeza. Algo similar ocurrió con Aguinaga en la zona técnica. Antes de dirigirse a la charla del entretiempo, los amarillos se reunieron en círculo y luego se dirigieron al camerino.

Las palabras del “Maestro” y el ingreso de Geovanny Nazareno levantaron el rendimiento del “Ídolo”. Los “chullas”, en cambio, cayeron en intermitentes jugadas sin claridad  para aumentar la diferencia.

A lo largo del encuentro, Aguinaga mostró su beneplácito por el rendimiento de los jóvenes valores como Dennis Quiñónez, Bryan De la Torre y Cristian Cruz, quienes no desentonaron a pesar de la presión que recibieron. Pero, al igual que el resto del equipo, no alcanzaron un nivel que posibilitara al menos el empate. Fue una lección de la que sacará conclusiones el “Güero”.

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