Columnista

Todo se renueva con una boda

- 26 de octubre de 2014 - 00:00

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En Argentina gracias a Bailando por un sueño, producido dentro del espacio televisivo ShowMatch, que conduce Marcelo Tinelli, suenan y resuenan la ya efectuada boda entre el productor Pedro Alfonso y la modelo Paula Chaves, la próxima unión entre la diva Jésica Cirio y el posiblemente presidenciable Martín Insaurralde, y la creciente relación amorosa entre el productor Pablo Prada y la bailarina Lourdes Sánchez.

Ese programa se transmite por Canal UNO que, casualmente, el 1 de octubre en el reality BLN La Competencia transmitió en vivo la boda del año, la del músico urbano Ronald Maquilón, ‘Oveja Negra’, y  María Fernanda ‘Máfer’ Pincay, exmodelo de Haga negocio conmigo. No debería ser necesario explicar mucho de estos personajes televisivos ya que hasta el hartazgo Canal UNO expuso sus vidas profesionales, personales, relación de pareja y preparativos para la unión religiosa en sus programas Faranduleros S.A., Aquí Entre Nos, en el que es ‘coconductora’ Pincay, BLN La Competencia en el que ambos son participantes, y en el ahora desaparecido Divinas. Y el tema del matrimonio poco a poco trascendió a otros espacios de notas de farándula que plagan la web o aparecen en otros canales de VHF.

La boda implicó un buen evento televisivo, pero que en cuestiones de gusto y elegancia no alcanzó la talla por descuidos en pequeños detalles que no eran total responsabilidad del canal. Pensamos en el vestuario de muchos de los participantes masculinos de BLN La Competencia, la pluma con que firmaron el acta los novios y los testigos, el que los exteriores de Canal UNO lucieran tan bien arreglados y muy vacíos para el inicio de la transmisión, que fue a las 22:30 del 1 de octubre. Y la boda rindió frutos televisivos porque dio material por 2 días más a Faranduleros S.A. y Aquí Entre Nos, respectivamente. En realidad un evento de esa naturaleza solo es significativo para los novios y sus familias, y sus verdaderos amigos, no solo los que compartan con ellos en pantalla, detrás de ella o a través de ella. Y no es nada nuevo el lucrarse televisivamente de un evento religioso, si recordamos que en TC mi canal hace poco se dio la boda de Luis Arteta y su secretaria Teté Regalado en la comedia Estas Secretarias o la unión de Edder Calderón ‘La Roca 7’ y Karen Ramírez en el reality Calle 7.

Y la historia exitosa de las bodas televisivas nace para agradar lo que los canales consideran el gusto del público masivo, pero más que nada el morbo de la colectividad que cree ve en los talentos de pantalla a sus iguales. Solo acuérdese de las bodas de Emilio Pinargote y Gabriela Pazmiño Yépez por RTS y la sonadísima y recordada boda de Vito Muñoz y Grazziana Sampietro. Incluso Vamos Con Todo de RTS realizó un recuento de unos 6 minutos de las bodas televisadas más vistas. En esas bodas ganan, los que se casan en reconocimiento inmediato del público y el canal, para llenar múltiples emisiones de diversos programas de variedades que de lo contrario ofrecerían más de lo mismo.

La televisión es, sobre todo, entretenimiento, pero hacer públicos los grandes amores de sus protagonistas no es muy jovial que se diga. Es como crear telenovela inmediata para ganarse a la masa con sentimentalismo puro. Parece que lo mejor para levantar el rating es  una unión ante la ley y ante Dios.

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