Milanés, como en casa

14 de marzo de 2011 - 00:00

El Ágora se llenó mucho antes de la hora del concierto. A la media hora del evento ya no cabía nadie más. en el recinto de la Casa de la Cultura, en Quito.

Allí había pantallas gigantes, que los organizadores del show instalaron para proyectar la imagen del cubano Pablo Milanés, que una vez más sintió  el apoyo de sus fieles seguidores en el país. Se lo veía  tan cómodo como si estuviese en casa.

A las 20:00, muy puntual, comenzó el show. Apenas hizo su arribo el presidente Rafael Correa se apagaron las luces que permitieron la aparición del ecuatoriano Hugo Idrovo, el telonero de la velada.

Sin tocar los temas que lo hicieran conocido con Promesas Temporales, Idrovo mostró una faceta más desenchufada, con una guitarra acústica, un charango y deleitó con su voz y sus irónicas letras. Ay de mí fue el tema con el que la gente respondió de buena manera al cantante guayaquileño.

Una brisa caribeña se sentía en el ambiente del Ágora. A las 20:45, un grupo de espigados mulatos  hizo su llegada. La gente se puso de pie y coreó a viva voz: “Pablo, Pablo, Pablo....”

Un poco pasado de peso y con escaso cabello blanco el cantautor cubano caminó hacia su asiento. Atrás quedó el estilo afro que  caracterizó al cantautor por muchos años. “Pablo” y muchos gritos con gente de todas las edades llenó el lugar.

Con dos teclados, una batería, percusión, saxo, un bajo y un violín repasó sus primeras melodías, entre ellas:  Amo esta isla, en la que fue  puesta una bandera caribeña sobre el escenario.

“Jamás podría pisar tierra firme porque me inhibe”, decía la letra. Una chica con el sombrero del Che Guevara bailaba con la clave y los tambores isleños.

Un solo de violín eléctrico se efectuó junto al tambor; fue un preludio interesante. Milanés pidió unos minutos de descanso, quizá para arreglar su micrófono que no respondía a sus exigencias, o probablemente para tomar un poco de oxígeno.

Regresó para cantar más fuerte. Un piano suave hizo el preludio de Yolanda, uno de sus principales éxitos.

De la garganta de Pablo, quien ya tiene 68 años, salían los versos: “Esto no puede ser no más que una canción, quisiera fuera una declaración de amor/ Romántica sin reparar en formas tales que ponga freno a lo que siento ahora a raudales/ te amo, te amo...”.
El turno fue para Breve espacio, otro tema que recordó a la nueva trova que también identifica a su compatriota Silvio Rodríguez o los extintos Víctor Jara, Violeta Parra (chilenos) o Mercedes Sosa (argentina).

Augusto Barrera, alcalde de Quito; Érika Sylva, ministra de Cultura,  y otras autoridades del Gobierno, formaron parte de este recital, en el que Milanés aprovechó para exaltar a la mujer.

La canción Solo te pido complementó la hora y un poco más de concierto.

“Yo no te pido que me bajes una estrella azul, solo te pido que mi espacio llenes con tu luz”, era la poesía presente de Milanés, nacido en Bayamo, capital de la provincia cubana de Granma.

Hace pocas semanas, Milanés cantó en Loja como parte del festival de la música. Es un habitual visitante de los escenarios ecuatorianos.

Un grupo de cubanos que no alcanzó a sentarse  enseñaba su bandera y cantaba con emoción los temas. Milanés se despidió, sin embargo los gritos de “Te quiero, porque te quiero”, abundaban. “Tenemos un nuevo integrante en la agrupación, es el bajista, por eso hemos ensayado poco y no podemos complacerlos”, dijo el músico.

Milanés se fue en medio de  los aplausos de los presentes, pero la luz aún no se apagaba. El público esperaba un éxito más.
De nuevo el cantante se sentó en un banquillo, pues las dolencias óseas y  renales que padece le impiden permanecer mucho tiempo de pie. De inmediato cantó  Cuánto gané, cuánto perdí.

“Dónde estarán los amigos de ayer, la novia fiel que siempre dije amar. Dónde andarán mi casa y su lugar, mi carro de jugar, mi calle de correr”, era parte de su espectáculo en Quito, uno en el que Pablo Milanés nuevamente se sintió como en casa.

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