Zoé ofreció su “Música de fondo” en Quito y Cuenca

23 de octubre de 2011 - 00:00

A pesar de que se anunció que la banda quiteña Guardarraya abriría el concierto de los mexicanos Zoé, el pasado viernes en Vulcano, en las colinas del Pichincha, fue Luis Gerardo Garza Cisneros, más conocido como “Chetes”, quien lo hizo, con guitarra en mano, solo durante el primer tema, ante un auditorio que desde entonces no paró de gritar y aplaudir. Eran las 20:45, pero el público seguía llenando el recinto, con capacidad para 5.000 personas.

En el segundo tema, “Chetes” pasó al teclado y se incorporó el bajista Ángel Mosqueda a la formación, y en el tercero lo hizo Rodrigo Guardiola, el baterista. Entre los temas del telonero de Zoé y también parte del ensamble, estuvo Arena, uno de los más famosos de su carrera solista.

Luego, progresivamente, aparecieron en escena los demás músicos del ensamble acústico preparado para promocionar su gira “Música de fondo”. Seis de esos artistas son miembros de la Orquesta Sinfónica Municipal de Quito y estuvieron a cargo de las cuerdas y de los vientos. Prepararon sus intervenciones con aproximadamente dos semanas de anticipación, cuando recibieron las partituras de los temas.

La escenografía contó con todos los elementos usados en el MTV Unplugged, que salió a la venta en marzo de este año y que ha sido difundido a través de una serie de conciertos por varios países del continente, y a través de la señal de televisión.

23-10-11-espectaculos-concierto-zoe-02Según Carlos Hidalgo, miembro de Show Factory, empresa organizadora del evento en Ecuador, fue esta una de las razones por las cuales no se pudo concretar la presencia de Guardarraya, ya que “no había dónde poner un alfiler en el escenario”. Hidalgo dijo que, tras un consenso entre el equipo de producción de los dos países y los miembros de las bandas, se decidió no arriesgar la presencia de los quiteños en un espacio que no  sería beneficioso para su  actuación.

El músico ecuatoriano Sandro Celi, quien asistió al evento y lo presenció desde la zona baja, aseguró que el despliegue escénico y musical estuvo a la altura de sus expectativas, sin embargo, no estuvo contento con el sonido. “Sonó muy saturado y no se entendía muy bien la voz de León”, dijo, atribuyendo el desperfecto a la acústica del lugar. Para Hidalgo, quien reconoce que el resultado final del sonido no fue óptimo.

“El problema radica en que la ciudad no tiene espacios adecuados para conciertos, y este es un ejemplo”, aseguró, comparándolo con el Ágora de la Casa de la Cultura, uno de los recintos con mayores deficiencias acústicas en la capital.

No obstante, los Zoé consintieron a un público que celebró cada canción: “Sombras”, Soñé”, “No me destruyas”, fueron canciones ornamentadas por los coros y por repetidos gritos. El vocalista León Larregui, con una apariencia sencilla y luciendo una boina, dominó al público sin que fueran necesarios los diálogos. Bastó con presentar algunas de las canciones por su nombre y con anunciar a los músicos antes de llegar al final.  La música era el único nexo entre los músicos y los asistentes.

En “Nada”, la penúltima canción del show, Larregui olvidó parte de la letra, pero ante eso recibió una ruidosa ovación general de los 4.000 asistentes. Luego sonó “Nunca”. El concierto oficialmente terminó, pero el público insistió para que la banda volviera, y así fue, en una nueva salida,  tocaron “The room” y cerraron con su versión del bolero “Bésame mucho”, en voz de su corista, Dennisse, acompañada de León.

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