Primer concierto de la Filarmónica Municipal deleitó con música latinoamericana

- 23 de julio de 2017 - 12:36
El concierto se realizó al pie del Puerto Santa Ana,
Foto: Tomada de Instagram del alcalde Jaime Nebot.

La música latinoamericana fue la protagonista del repertorio de la Orquesta Filarmónica Municipal Santiago de Guayaquil, durante su primer concierto ofrecido al pie del Puerto Santa Ana, la tarde del sábado, ante un estimado de 700 personas.

Una primera pieza lírica abrió el recital bajo la dirección del armenio David Harunyutyan, quien recibió los aplausos del público y de las autoridades que se encontraban en primera fila como el alcalde Jaime Nebot, la vicealcaldesa Doménica Tabacchi,Gloria Gallardo, presidenta de la Empresa Pública Municipal de Turismo, el gobernador del Guayas, José Francisco Cevallos, entre otras.

Pamela Cortés hizo su aparición vestida de gala, con un vestido negro con bordados de flores rojas en la parte superior; previo a su intervención, agradeció al burgomaestre por haberle permitido ser parte de este evento, porque para ella tenía un significado personal, en alusión a que su esposo estaba dirigiendo la orquesta.

Historia de un amor fue el bolero con el que endulzó los oídos de los centenares de guayaquileños y extranjeros que cantaron junto a ella este emblemático tema con arreglos sinfónicos. Una balada dramática fue el segundo tema que emocionó a la audiencia. Lo que son las cosas, interpretado en la década de los '80 por Ednita Nazario, hizo corear a muchas mujeres que se apostaron sobre la reja metálica que separaba de la tarima.

Cortés salió de escena para dar paso a Daniel Betancourt, quien ante gritos y aplausos dijo estar nervioso porque era su primera vez cantando con una sinfónica. Adoro, de Armando Manzanero, fue la canción con la que hizo sollozar a más de una. Sus falsetes en las partes agudas de la canción lograron matizar la melodía de su voz. Algo que logró arrancar más de un “te amo Daniel” en el público femenino que lo observaba embelesado.

Daniel no dejó paso a la charla y siguió con el tema que promueve desde este año Uno, aunque el sonido no estuvo a su favor, no se pudo escuchar una vocalización de calidad, sin embargo el público volvió a ovacionarlo con aplausos.

Pamela Cortés retomó el micrófono para cantar Que somos amantes, un reconocido vals peruano que dijo haber escuchado y aprendido en el país vecino, donde radicó por casi un año.

Luego dio paso a la canción No, de autoría de Armando Manzanero, pero lo hizo de la mano de Cristina Alcivar y Diego Chang, a quienes presentó como los nuevos exponentes de la música nacional. En este tema, los arreglos de la filarmónica destacaron las notas del piano, percusión y los violines, tal como la canción original de la década del sesenta. Las voces en segunda y tercera entonación lograron compaginar una química interpretativa de los tres cantantes, sin desafinar y con suavidad al encontrarse en los estribillos del coro de la canción.

El pasillo Sombras en la voz de Cortés fue tan aplaudido como el vals de Ódiame, en la interpretación de Betancourt, quien parafraseó en un estribillo: “esto por si acaso no es para la oposición”, frente a las autoridades a quienes se les pudo ver sonreír en la pantalla gigante ubicada tras el escenario.

A mitad del concierto, los artistas no dejaron a un lado los temas que los llevaron a la popularidad a nivel local. Dicen fue cantada a todo pulmón, al unísono, por adultos y jóvenes, mientras que Cortés la personalizó al punto de cambiar su versión original y llevarla a su estilo, con interpretación de soul.

Algo similar hizo Daniel Betancourt al cantar su tema Seductora, coqueteando con las notas de las guitarras de una banda acoplada a la orquesta, lideradas por Manolo Castro, y jugando con los arreglos de uno de los violines.

La tarde iba ensombreciendo de a poco y el público no dejaba de admirar una escenografía decorada con la naturaleza, de la mano del río Guayas, más las voces acompañadas del derroche de arreglos que el maestro Harutyunyan había compuesto para la orquesta conformada por violines, violas, violonchelos, contrabajos, flautas, flautas traversas, clarinetes, oboes, cornos franceses, trompetas, fagots, trombones, trompetas, guitarras, bajos, tuba, percusión y timbales.

Todos estos instrumentistas se alinearon al son de Ojalá que llueva café, de Juan Luis Guerra, en la interpretación sonera de Betancourt. La gente puso el ritmo con sus palmas y hasta puso a bailar a más de uno.

La noche ya tomaba forma y el momento cúspide llegó en las voces de los protagonistas del concierto, quienes escogieron dos pieza emblemáticas y significativas, rememorando así la era de la orquestación en las baladas del siglo XIX.

De regreso al escenario, Cortés despertó sentimientos con El amor, popularizado por Ednita Nazario en la década del 80, es una balada dramática donde se manifiesta las situaciones que conlleva el estar enamorado. Fue así como en la parte del estribillo que dice “Te hace ser ese que tú no quisieras y te empuja a ser malo y te deja hecho mierda”, la gente aplaudió intensamente a una Pamela que emocionada soltó sus lágrimas y agradeció con el saludo de su mano.

La orquesta retumbó con los violines y el piano para dar paso a El Triste, con arreglos similares a la versión original que interpretó José José en el festival OTI de 1970. Daniel Betancurt tomó el reto de cantar este emblemático tema donde debió esconder sus falsetes y sacar sus graves. No defraudó a su público que lo escuchaba atento, coreando el coro tan conocido por toda Latinoamérica.

Previo a finalizar el recital, los artistas invitaron a Alcívar y Chang para interpretar Yo nací aquí. Melodía que unió las voces del público que entusiasmado veía con Betancourt tomó y alzó la bandera de Guayaquil y Cortés la del Ecuador. Entre los cuatro lograron acompasar los ritmos y fusionar sus voces que, en segundas y terceras, permitieron la fidelidad de su versión original.

Para finalizar, Canto a Guayaquil fue el tema que cerró el concierto de la orquesta filarmónica. Una composición del maestro Harutyunyan, con la letra autoría de la asambleísta Cristina Reyes.

Las notas de los instrumentos de viento y de los violines develaron la melodía y el compás de un nuevo himno que fue cantado por los cuatro solistas, con sus voces al unísono, y en actitud solemne. De esta forma sellaron un concierto que dejó satisfecho a los asistentes, quienes se pararon para aplaudir y despedir a los artistas con total respeto, compostura y silencio al igual que hizo durante todo el espectáculo. (I)

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