Chayanne, un boricua por el que no pasa el tiempo

- 06 de junio de 2019 - 00:00
El artista se presenta hoy en Quito, a las 20:00, en el coliseo Rumiñahui.

Elmer Figueroa Arce empezó su carrera en los 80 con Los Chicos, boyband de su país (Puerto Rico). Luego, con el pseudónimo Chayanne se lanzó como solista. Desde entonces ha estado en la mirada de dos generaciones que pueden llorar y bailar con sus clásicos, pero jamás verlo envejecer.

“No es mi tipo de hombre, pero es el amor platónico de mi madre. Tiene temas que se distinguen por su versatilidad de géneros. Con su voz de tenor te puede hacer bailar con pop latino, pero también llevar a la melancolía con baladas profundas”, dice la contralto veinteañera Pamela León.

Para María Andrade, quien lo vio crecer en su carrera, Chayanne, además de haber hecho una carrera artística fuera de escándalos, “es sexy” y, al mismo tiempo, ha construido una imagen de hombre perfecto. “Muero por verlo”.  

Chayanne trae al país Desde el Alma, tour que inició en 2018 para recorrer 14 países entre Latinoamérica y Norteamérica. A  las 20:00 de hoy dará un espectáculo, en el coliseo Rumiñahui de Quito, que convocará a quienes lo ven como un clásico.

En Guayaquil el recital será el próximo sábado, a las 20:30, en el estadio Alberto Spencer.

Luego de cuatro años de ausencia, prepara el lanzamiento de su nuevo álbum del que ha presentado tres sencillos: “Qué me has hecho”, “Choka choka” y “Di qué sientes tú”. Johan Vera es el artista ecuatoriano invitado.

El intérprete de éxitos como “Fuiste un trozo de hielo en la escarcha”, “Completamente enamorados”, “Provócame”, entre otros, ha hecho bailar y suspirar de romanticismo a sus fans, que han crecido con su música desde hace treinta años. 

Su carrera artística, que se inició en 1984, incluye 20 producciones discográficas y la venta de más de 50 millones de discos en todo el mundo.

Su éxito radica en la calidad de sus canciones, su voz y la destacada habilidad de baile en las coreografías que realiza en  sus conciertos.

Chayanne ha sabido conservar su vigencia en la industria, así como la fidelidad de  sus seguidores, tanto aquellos  nostálgicos como actuales, a través de su carisma, sencillez y personalidad jovial.

En Ecuador genera una fiebre que continúa elevando la temperatura cada vez que visita el país, para recordar a más de una generación que siempre habrá un “Tiempo de vals” para bailar y después  encender con alegría una “Fiesta en América”. (I)  

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