Björk regresa luego de 4 años con un CD más vanguardista

14 de octubre de 2011 - 00:00

Cada disco de Björk es una aventura distinta para sus seguidores. Cuando quiere puede sonar electrónica o new age como  ocurre en Debut (1993), su primer álbum como solista tras desvincularse de Sugarcubes. Y la cantante islandesa, de 45 años, puede sonar trip hop, con rasgos de rock industrial como sucede con su Army of me, del disco Post (1995); jazzera con I t’s Oh so quiet (su versión del cover Blow a fuse, de Betty Hutton), y que pertenece al mismo disco Post; o quizás dance como se escucha en I miss you, del Vespertine (2001).

Björk siempre es una caja de sorpresas con un estilo vanguardista, experimental, alternativo, dance, electro house,  progresivo y hasta minimalista.

Aunque Medulla (2004) y Volta (2007) no tuvieron la misma repercusión de sus discos noventeros, la multi instrumentista islandesa vuelve al ataque con Biophilia, que apareció en el mercado el lunes pasado con aplicaciones para que los usuarios puedan descargar en iPhone y iPad. De hecho, la concepción de este material fue hecha en iPad.

La composición en sí es otra historia y que de alguna forma la conecta con su niñez, o más bien con su otra pasión: las ciencias, la física. Posiblemente sus seguidores más acérrimos sepan que durante su infancia era una coleccionista de insectos y fanática de Albert Einstein. Son rasgos que se perciben con la expresión de la idea atómica de los cristales (en Crystalline, el primer sencillo del disco); los ciclos lunares en la canción Moon; el movimiento de las placas tectónicas en Mutual Core; el ADN en Hollow.

Desde su infancia Björk ha dominado distintos instrumentos desde la flauta que tocó en su primer disco (uno homónimo de 1977, que tuvo la ayuda de su padrastro Svævar Árnason, quien era considerado como el Eric Clapton islandés). Ella no solo domina los teclados, sintetizadores, el arpa o las computadoras como instrumentos. Björk va más allá, al punto de patentar sus propios instrumentos como la gamelesta, que es un híbrido del gamelan (ese conjunto musical con metalófonos, xilófonos y otros elementos de percusión) con la celesta (muy parecido al piano convencional). A esa gamelesta, Björk le añade la tecnología MIDI y hasta la bobina de Tesla (ese transformador de resonancia eléctrica que inventó Nikola Tesla).

El sonido de las diez canciones que componen Biophilia es muy experimental, denso y hasta psicodélico en varios pasajes, que a ratos conducen a los primeros trabajos de Pink Floyd (en aquella época con Sid Barrett) o las propuestas iniciales de Génesis (con Peter Gabriel).

Como fuese, Björk es la consecuencia de diversas influencias que van desde la música clásica o el jazz (por parte de sus abuelos), el blues de Clapton, los hermanos Winters y otros (de su padastro), el folk (de su madre Hildur) y hasta el punk que la misma artista concibió en la década del 70. Cada fan puede experimentar Biophilia a través de  http://shop.bjork.com/Store/DisplayItems-8-0-0.html.

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