Tite y un viaje al pasado para conquistar Rusia 2018

- 12 de noviembre de 2017 - 00:00
Foto: AFP

El estratega asume con responsabilidad el favoritismo que pesa sobre Brasil para ganar el Mundial.

Nadie ha ganado más que Brasil y nadie ha ganado más jugando bien. Es el mensaje de Tite, que se ha propuesto rescatar la esencia de la Seleçao para llevarla en Rusia a su sexto título mundial. Parada obligatoria en el camino: probar su fórmula en Europa tras arrasar a todos en Sudamérica.

Ocurrió hace seis meses en unas jornadas de fútbol organizadas por la Federación Brasileña, nada menos que con Marcelo Bielsa y Fabio Capello como testigos.

Se debatía sobre fútbol moderno y antiguo. Tite enseñó al público los goles de la selección brasileña del Mundial de 1982, referencia de belleza y eficacia de la mano de Tele Santana y la comparó con su proyecto.

“El mejor recuerdo de todos los tiempos es el principal modelo de la selección actual”, señaló sin complejos.

“Recién escuchaba a Tite y no puedo dejar de mencionar que reafirmó una condición indispensable para ser entrenador, que es poder convencer. La emoción es la clave del entrenador”, le dedicó Bielsa cuando terminó.

En junio de 2016 Tite, de 56 años, recogió los escombros del Mundial 2014 y las Copas América 2015 y 2016.

“Un poquito romántico”

A la salida de Luiz Felipe Scolari tras el 7-1 ante Alemania le siguió el regreso de Dunga, por lo que cambió el nombre, pero no el fondo: una Brasil desnaturalizada, más preocupada por guardar la ropa que por ofrecer las herramientas para desplegar su calidad innata.

Sin hacer mucho ruido, apareció este entrenador prestigioso en Brasil -15 años de trayectoria-, pero desconocido para el público internacional -solo una experiencia en el extranjero, Emiratos Árabes Unidos-.

Materia prima nunca le faltó a Brasil, el mayor vivero mundial de talento futbolístico junto a Argentina. Faltaba alguien que colocara las piezas.

“Tal vez yo sea un poquito romántico. Buscamos como idea ganar, pero jugar de forma ofensiva y bonita”, señaló Tite en octubre tras empatar sin goles en La Paz ante Bolivia.

“El equipo rescata lo que pienso del fútbol. Se puede tener un buen rendimiento, jugar bonito y ganar, no son cosas incompatibles ni están en conflicto”, insistió cinco días más tarde tras ganar 3-0 a Chile, dejando a la bicampeona sudamericana fuera del Mundial y cerrando la clasificación con un brillante balance de diez triunfos y dos empates.

Ahora Brasil inicia una parte del ciclo que toda selección sudamericana aspirante al Mundial debe completar: citarse con las potencias europeas tras un tiempo centrada en la durísima clasificación sudamericana.

Japón -el viernes, en Lille- le sirvió como banco de pruebas. Luego llegará el test de altura, la visita a Wembley el martes a una Inglaterra diezmada por las bajas, empezando por su estrella Harry Kane.

Considerado el técnico brasileño que más se ha preocupado por su preparación en los últimos años, Tite basa su propuesta en el respeto a la tradición del fútbol brasileño de toda la vida, pero profesionalizando todos los estamentos de la Seleçao.

Tite acostumbra a caminar con el balón en los pies antes de los entrenamientos. Dice que le habla y, aunque nunca responde, recuerda cuando era futbolista profesional. Foto: AFP

Ritual de nostalgia

El resultado es un grupo de jugadores pleno de confianza, procedente de varias generaciones, estandartes de los mejores equipos europeos, con un liderato indiscutible de Neymar.

“No voy a prometer que vamos a ganar, no soy demagogo, pero el fútbol que estamos presentando me deja feliz”, señaló en octubre.

El jueves pasado, en Lille, Tite desveló el significado de un ritual que repite al comienzo de cada entrenamiento: caminar solo por el campo con una pelota mientras sus jugadores calientan. “Hablo con ella, aunque nunca responde. Viajo al pasado, recuerdo los tiempos en que era jugador. Ahora estoy bien, pero jugar al fútbol es fascinante, extraordinario”, dijo con nostalgia.

“Y siempre camino por el lado que ustedes no están”, concluyó ante los periodistas con una sonrisa cómplice. (I)

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