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Ecuador/Mié.21/Abr/2021

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Del Ciber populismo a las nuevas comunidades políticas

Hoy el populismo también ha mutado -como suele hacerlo- gracias a que como concepto es un significante vacío.
06 de marzo de 2021 09:07

Populismo es un término elusivo y recurrente, elusivo porque casi siempre oculta el fenómeno que trata de explicar, y recurrente porque cada vez que una elección rompe moldes y dinamita estadísticas sujetas a los avatares de la democracia, es utilizado para llenar las más diversas narrativas que buscan interpretar su advenimiento o la matriz de gobiernos de distinta ralea.

Ser populista es un galardón poco apreciado. Muchos analistas, políticos “serios”, periodistas y académicos lo desprecian y denostan como a la hija loca o al hijo bobo de la familia política. En América Latina el populismo no es nuevo, desde los clásicos de Lázaro Cárdenas en México, Juan D. Perón en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Velasco Ibarra en Ecuador, hasta llegar a los radicales del “Socialismo del Siglo XXI” de Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, los Kirchner—Fernández en Argentina, o Correa en Ecuador; sin olvidar “la previa” de los neopopulismos de Menem, Fujimori, quizá Salinas de Gortari y Collor de Melo.

Hoy el populismo también ha mutado -como suele hacerlo- gracias a que como concepto es un significante vacío, es decir un término que puede ser llenado con casi todo (de ahí una de sus confusiones teóricas para entenderlo). En las elecciones de febrero de este año, asistimos en el país a la presentación en sociedad del “ciber populismo”.

El “ciber populismo” electoral es un golpe severo a la participación activa de ciudadanía en democracias clásicas. Si asumimos que el ejercicio de la democracia implica un proceso de reflexión, discusión y deliberación libre, equitativa y razonada entenderemos cómo, ante este esquema ideal pero casi quimérico, se imponen paulatinamente los hábitos de “cibernternautas” consumidores de información acotada, segada y marcada por parámetros de extensión y libre albedrío predeterminados por algoritmos del big data, el nuevo “Gran Hermano” que concentra toda nuestra información personal para su uso en plataformas comerciales, políticas y de seguridad pública, que nos han vuelto presos voluntarios y cómodos del panóptico de las redes sociales.

La democracia virtual anula el espacio público e impone un espacio tecnológico extendido en el que flotan o retozan personas y nuevas generaciones de electores cuyas “reflexiones”, conductas y hábitos sobre política así como sus decisiones electorales, hoy sorprenden a la vieja política y a la prensa tradicional, poco acostumbradas a nuevas comunidades y a nuevos personajes que toman fuerza en la opinión pública.

En el “ciber populismo” la participación e interacción son pseudo actos democráticos que escamotean la reflexión interpersonal sustentada, libre y contrastada, torciendo la sensatez en el entorno seductor y ocioso de las redes.

Nuevos protagonistas en el tik tok y otras plataformas son una mutación del tradicional mesianismo populista de balcones y calles. Ellos apacientan y seducen a quienes filtran lo que ven y oyen desde sus particulares prejuicios y temores; los contemporáneos rebaños nacidos en la política del show fugaz y emocional, en el que cada “like” y cada voto, asemejan el alegre movimiento de cola de desencantadas y crecientes comunidades. (O)

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