Los laberintos lingüísticos de Lezama Lima (1910-1976)

- 08 de agosto de 2016 - 00:00

Cuando JulioCortázar ayudaba a José Lezama Lima a revisar la edición mexicana de Paradiso, le dijo que había demasiadas comas que interrumpían el sentido de las frases y complicaban las cosas. Lezama le contestó: «es que soy asmático, y mi ritmo de escritura tiene que coincidir con mi ritmo respiratorio». Esta gracia no fue tan efímera. Lezama escribía acosado por el asma, y por las preguntas sobre las influencias que había recibido en su obra.

Luego de que se publicara Paradiso, la crítica habló de una fuerte presencia de Proust, Joyce, Hermann Hesse y Thomas Mann en sus páginas. Eran temas obligatorios en todas las entrevistas. El cubano un día perdió la paciencia y dijo: «Estoy ya cansado de esas simplificaciones ridículas. Porque hay asma, abuela y madre, tiene que estar Proust, como si yo no pudiera ser tan asmático como Marcelo. Como aparecen adolescentes, hay que citar a Joyce. Como en la novela aparecen diálogos sobre temas de cultura, es, desde luego, el Settembrini de la Montaña. Da pena cansarse uno las manos para tanta mierda que ejerce la crítica con pedantería de dómine. La esencia de Paradiso se les escapa, perdidos en los escarceos del enjuiciamiento crítico».

Lezama es un desafío al intelecto; tanto, que Paradiso es —junto con Crimen y castigo, Orgullo y prejuicio, La guerra y la paz o La divina comedia— una de esas novelas que muy pocos logran terminar. Una obra interrumpida —como la respiración de su autor—. Y en CartóNPiedra recordamos a este escritor cubano a cincuenta años de la publicación de su obra emblemática (1966) y a cuarenta de su muerte.

El lenguaje se trenza y multiplica en la obra de LezamaLima, dice el literato Javier Carrera. El poeta mexicano Carlos Noyola, a través de un recorrido por los versos del autor de Paradiso, nos recuerda que «el fuego no puede izar un pájaro». Además, traemos un fragmento del ensayo ‘Para llegar a Lezama’, que Julio Cortázar publicó en su libro La vuelta al día en 80 mundos. Y el cubano le devuelve la cortesía, con el prólogo de la primera edición cubana de Rayuela.

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