El país afronta una pesada herencia económica

- 01 de abril de 2020 - 00:00
Foto: Archivo / El Telegrafo

Una publicación del diario ABC de Madrid resume la política económica de la anterior administración del Ecuador y las consecuencias que se palpan hasta la actualidad del excesivo endeudamiento y gasto público. Analistas consultados coinciden en que se desaprovechó la bonanza petrolera que duró hasta 2015.

La situación que vive el Ecuador, ahora agravada por la pandemia del covid-19 y en una condición fiscal bastante frágil, es, según un análisis del diario ABC de Madrid, consecuencia de la crisis económica propiciada por las políticas de Rafael Correa.

En mayo de 2017, el expresidente abandonó el poder y dejó a su sucesor, Lenín Moreno, “el indeseado papel de aplicar recortes para enderezar la economía del país”. Correa duplicó el endeudamiento del Ecuador (hasta el 45% del PIB) y dejó el país en crecimiento económico negativo (1,2%), con un elevado déficit público (6,7%).

Moreno fue preciso desde el principio, cuando aclaró al país que el régimen anterior no le había dejado “la mesa servida” y que la situación económica era muy compleja. Desde entonces se distanció de Correa, hasta estructurar un Gobierno totalmente distinto al anterior.

Analistas afirman que sorprendió que Correa no repitiera su candidatura a la presidencia en febrero de 2017 y que no es descabellado pensar que prefirió elegir un sucesor que se dedicara a la tarea de aplicar los imperiosos ajustes económicos. Luego, dicen, Correa podría regresar como el presidente de los buenos tiempos.

Entre 2007 y 2017, el exmandatario fue protagonista de unas 500 sabatinas. Eran cadenas mediáticas en las que sus seguidores dicen que incluyó a sectores marginados, pero sus críticos, que le sirvieron para defenestrar a sus opositores.

“En lo político, Correa es un caudillo: no fortaleció la democracia, por el contrario, se restringieron las libertades, se estableció un marco jurídico represivo y se golpeó duramente a los movimientos sociales que viabilizaron su triunfo en 2006”, dijo Alberto Acosta, expresidente de la Asamblea Nacional, citado por BBC Mundo.

“En términos relativos la inequidad en la distribución del ingreso disminuyó, pero en valores absolutos la desigualdad se incrementó”, precisó Acosta.

El economista Walter Spurrier admitió que hubo aspectos para destacar, como la recaudación impositiva y la modernización de la infraestructura nacional, pero dejó claro que se desperdició la oportunidad de desarrollar el país con la gran bonanza petrolera que terminó en 2015. “El sesgo anticapital de Correa privó al país de inversión privada que hubiera resultado en un elevado crecimiento económico”, anotó.

BBC Mundo afirmó que los últimos días de gobierno, Correa respondía las denuncias de corrupción que caían sobre funcionarios de la empresa estatal petrolera y esquivaba el barro que salpicaba a varios gobiernos por el escándalo de Odebrecht.

En Ecuador hubo una importante inversión en carreteras e hidroeléctricas, pero fue un gasto que alimentó la corrupción gubernamental (caso Odebrecht). Correa era enemigo del ahorro e incluso ironizaba cuando algún líder de opinión le pedía que creara fondos contingentes.

Si bien rebajó inicialmente la deuda pública, hasta el 18,4% del PIB en 2011, desde entonces esta no paró de crecer, multiplicándose por 2,5 hasta alcanzar el 45,4% del PIB en 2017.

Con las arcas estatales vacías, Lenín Moreno se vio obligado a acudir a los organismos internacionales –FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo–, con los que en febrero de 2019 acordó un plan de rescate de $ 10.200 millones (un 10% del PIB).

De esa cifra, $ 4.200 millones vienen del FMI, que incrementa la deuda del Estado pero que al mismo tiempo debiera contribuir a la mejora macroeconómica.  Además, el país ha acudido a los mercados internacionales con una emisión de deuda cercana a $ 2.000 millones.

El auxilio del FMI requirió recortes concretados en las medidas anunciadas el pasado 1 de octubre, que desencadenaron una ola de protestas violentas e, incluso, fallidos intentos de desestabilización del Gobierno.

La lista de la corrupción es larga: Odebrecht, Petroecuador, Singue, Petrochina, aportes ilegales a la campaña de Alianza PAIS, etc. La Fiscalía identificó 90 procesos abiertos y los agrupó en 20 casos de corrupción que conmocionan al Ecuador.

De hecho, solo Correa y su exvicepresidente Jorge Glas (preso) están señalados en 26 expedientes. Entre esos constan peculado, delincuencia organizada, cohecho, concusión, entre otros.

Otro caso en el que se menciona al exmandatario tiene relación con el delito de concusión, en el que están procesados su exministra María de los Ángeles Duarte y su exsecretario jurídico, Alexis Mera. Su exasesora Pamela Martínez confesó que el exjefe de Estado le ordenó elaborar una contabilidad paralela de los gastos reportados durante la campaña de Alianza PAIS, en 2013.

Correa no ha dejado un solo día de publicar tuits con opiniones sobre el país, la crisis y la forma en que, según él, deberían manejarse. Lo hace apoyado por la gigantesca red de trolls que aprovecha el desconcierto y el miedo para desatar una ofensiva de agravios contra los funcionarios del Gobierno Nacional y crear una serie de contenidos distorsionados, con el fin de generar pánico entre la población a consecuencia del coronavirus.

El objetivo parece claro: no importan los 60 muertos ni las 2.000 personas contagiadas, sino desestabilizar al gobierno de Moreno y desarticular las instituciones, en especial la judicial, donde está a punto de dictarse la sentencia por el caso Sobornos contra Correa y una veintena de exfuncionarios. (O)

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