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Álvaro desapareció en el hospital Eugenio Espejo

Álvaro perdió el conocimiento, entre balbuceos y desmayos decía “los angelitos vienen a llevarme”.
07 de febrero de 2021 00:00

Del cuello de Maribel Angulo cuelga una pancarta azul con el rostro de su hijo Álvaro, a quien no ha visto desde el 14 de marzo del 2011. Sus ojos se llenan de lágrimas mientras recuerda con tristeza. “Aunque ha pasado mucho tiempo, no dejo de llorar porque es mi hijo; para mí, hablar de Álvaro es la vida mía”, asegura Maribel.

Álvaro Nazareno, que tenía 27 años cuando desapareció, es uno de los cinco hijos de Maribel. Era un niño muy amado por todos, admirado por sus amigos y muy querido por su tía y su abuela. Se convirtió en un joven alegre al que le encantaba el baile. “Ve, si yo bailo bien bonito” solía responder cuando su madre le decía, en son de broma, “vos sí que bailas feo”. Le gustaba trabajar; incluso, quienes fueron sus jefes y compañeros de trabajo lo reconocían como una excelente persona y gran trabajador.

Mientras sostiene un cartelito que dice “Ayúdanos a encontrarlo” con la foto de su hijo, Maribel nos relata sobre la enfermedad de Álvaro, quien era VIH positivo. “Yo estuve en España en 2007 cuando le detectaron la enfermedad, a los dos días estuve aquí y lo llevamos al hospital Eugenio Espejo, donde un doctor lo recibió como paciente”. A las tres semanas, la salud de Álvaro mejoró y regresó a su casa, en Esmeraldas.

El domingo 13 de marzo del 2011, Álvaro fue trasladado a Quito porque su salud empeoró, pero en el Hospital Eugenio Espejo no lo admitieron; “no nos quisieron recibir porque no había camas y la enfermera, con el celular en la mano, ni siquiera lo miró, compramos una receta y volvimos a casa”.

Esa noche Álvaro empeoró y perdió el conocimiento, entre balbuceos y desmayos decía “los angelitos vienen a llevarme”. A la mañana siguiente lo llevaron de nuevo al hospital Eugenio Espejo para que sea atendido. A las 10:00 lo ingresaron por emergencia, pero no hubo camillas y lo sentaron en una silla con un suero. Le tomaron una muestra de sangre y la enfermera envió a Maribel al laboratorio a dejar la muestra y a Miguel, hermano de Álvaro, a comprar un termómetro.

Maribel regresó a los 10 o 15 minutos, pero fue tarde, su hijo ya no estaba. ¡Señora, su paciente no está!, le dijo la enfermera que se quedó con Álvaro. Desesperada, Maribel buscó a su hijo en el hospital, pero no hubo rastro de él.

Tras no encontrar a su hijo, acudió a la Policía Judicial e intentó presentar la denuncia ese mismo día, pero fue receptada tres días después, el 17 de marzo. El policía de turno le dijo que debía esperar 48 horas, pero Maribel no esperó, empezó la búsqueda junto a su familia.

Cinco años después se hizo una reconstrucción de los hechos, perdieron los documentos del caso sin dar respuestas y, para el 2018, Maribel interpuso un habeas corpus que fue negado por faltar evidencia que ratifique que se trató de una desaparición forzada.  

Ahora a Maribel solo le queda seguir buscando a su hijo, ya no confía en la justicia, solo en la fuerza y el amor de madre que le permite seguir luchando hasta encontrarlo.  

Por Gabriela Andrade

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