En la política fue conocido como el gallo de pelea

Se recuerdan 100 años del natalicio de Clemente Huerta

- 25 de febrero de 2015 - 00:00
Raúl Clemente Huerta estudió jurisprudencia en la Universidad de Guayaquil donde también sacó su doctorado. Fue opositor a la presidencia de Camilo Ponce. Foto: Cortesía

En la política fue conocido como el gallo de pelea

El Gallo de Pelea, como era conocido Raúl Clemente Huerta, ganó ese apelativo por sus luchas políticas contra sus opositores. Nació el 25 de febrero de 1915, hace exactamente 100 años, en Guayaquil. Creció en el hogar de sus tíos Emilio Clemente Huerta, rector de la Universidad de Guayaquil, y su tía Colombia Alfaro de Huerta, hija mayor de Eloy Alfaro, quien influyó tempranamente en su sobrino el pensamiento liberal humano.

Estudió el bachillerato en el Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, en el que inició su postura ideológica, y continuó más tarde en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, donde se doctoró en 1943. En esa institución también fue presidente de la Asociación de Derecho.

Se casó con Mercedes Ortega Coral, con quien procreó 5 hijos: Emilio Clemente, Reynaldo, Beatriz, Cecilia y Colombia.

En 1956, su oponente fue Camilo Ponce, que representó la centro derecha del país; el Gallo de Pelea lo contrarrestó, perdiendo apenas con tres mil votos, y por último confrontó a la Concentración de Fuerzas Populares (CFP).

No triunfó, pero salió airoso, rompió los esquemas del doble discurso de sus antagónicos, demostrándole al pueblo a no creer en falsas promesas hechas en campañas o tener que vivir en el arrepentimiento del voto cada cuatro años.

El Gallo de Pelea encaró siempre a sus opositores con el discurso límpido, sin diatribas, esto le permitió ganarse el respeto y la admiración de sus compañeros del Frente Democrático y de sus oponentes.

Destaca entre sus pensamientos lo que expresó el 10 de agosto de 1981 en el Congreso Nacional. “… nadie puede sostener hoy el dejar hacer, el dejar pasar, que hace falta intervenciones orientadoras en la economía…”.

Como educador entregó su sapiencia con el afán de formar nuevas generaciones y engrandecer la patria. Incluso, sus hijos Clemente y Reynaldo Huerta Ortega por décadas han seguido el camino de su padre, entregando su vida a la cátedra.

Del editorial a su última entrevista en diciembre de 1990, en este mismo diario, transcurrieron 13 días; en él se develaba al hombre que reposaría en las páginas de la historia de EL TELÉGRAFO.

Su entrevistadora, Rosa Prado de Aldas, recogió parte de su idea central del hombre, que estaba cerca a cumplir su destino con la historia. “... tenía simpatía por el socialismo del Ecuador (...) Por otro lado, un partido, el Liberal Radical, que escogí como mi ideología, muy distinto de un liberalismo europeo manchesteriano, ni dejar hacer ni dejar pasar sino con el calificativo de radical, de Alfarista, de machetero, de plebeyo”.

* Juan Calderón / Documentación

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