Entrevista / Alberto Chimal / Escritor mexicano

"La imaginación fantástica no está reñida con la realidad"

- 08 de noviembre de 2017 - 00:00
Foto: Mario Egas / El Telégrafo

El autor del manual Cómo empezar a escribir historias estará en la Feria del Libro de Quito. Sus charlas serán los días jueves 16 y viernes 17 de noviembre.

Alberto Chimal (Toluca, 1970) vive en la zona oeste de la ciudad de México, un lugar en que -por la conformación del suelo- la tierra tiembla menos que en otros puntos, pero la fuerza del terremoto más reciente hizo que allí también se suspendieran las comunicaciones y los servicios. Fue como regresar al siglo XVIII, describe en Quito el escritor a lo que le sobrevino al movimiento telúrico. Los intentos de rescate, la búsqueda de información, la ayuda en centros de acopio fueron actividades que ocuparon al narrador entre el flujo de noticias y rumores.

El terremoto del 19 de septiembre de 2017 ocurrió tres décadas después del de 1985, un par de horas después de un simulacro que intentaba prevenir que hubiera aglomeraciones. La ironía y tristeza de las fechas coincidentes se presentaron y, hace tres décadas, Chimal vivía en Toluca. Recuerda que salía hacia su escuela cuando vio los postes moverse desatando gritos de sus vecinos. Una tía se arrodilló en el suelo y eso fue el presagio de una catástrofe mayor a la de este año.

En la oficina de editorial El Conejo, que ha publicado su libro La Ciudad Imaginada, el autor recuerda el movimiento de la tierra mientras habla del género que más cultiva, la literatura fantástica.

¿La literatura fantástica reinterpreta la historia mexicana?

Hay recuentos del terremoto y de otras cuestiones importantes de la historia nacional que recurren a la imaginación fantástica. Está insertada en una novela histórica famosa sobre el imperio de Maximiliano de Habsburgo en México, Noticias del Imperio, de Fernando del Paso. Hay un capítulo muy curioso en el que el autor se imagina cómo habría sido todo si el emperador Maximiliano, en lugar de ser fusilado de manera ignominiosa, en el Cerro de las Campanas -cerca de Querétaro- hubiera podido disponer un ceremonial para su propio fusilamiento, como si fuera una especie de ritual dentro del gobierno. Es una especie de realidad paralela, la inducción de un sueño dentro de la trama de la novela que conforma un episodio extraño e impresionante.

Uno de los cuentos de culto de la literatura mexicana, en cambio, se llama ‘Crónica del Gran Reformador’, de Héctor Chavarría, y abre una tradición subterránea porque narra una especie de historia alterna del mundo, en la cual los aztecas y otros pueblos originarios del contienente cambian la historia y conquistan Europa. Es el revés del pasado y, por supuesto, el mundo resultante es diferente al que tenemos.

¿El imaginario  social y ficticio es más amplio sobre temas como la muerte y el culto a esta?

Pero no siempre se traduce en obras que podamos llamar cuestionadoras o examinadora de cómo se entiende la realidad porque, en muchos casos, se queda en lo folclórico, en la reelaboración de lo aceptado y establecido a escala local.

Los rituales, incluso, no tienen sobre sí el intento de abordar de forma imaginativa lo real, y se quedan en lo anecdótico.

Alguna vez dijo que el solo hecho de vivir en una ciudad como México es como vivir una tragedia, ponerse en crisis. ¿Ayuda esa condición a narrar?

La sensación de crisis se puede manifestar de muchas maneras, pero en una ciudad tan enorme y monstruosa el ambiente se presta para tratar de expresar en ella no solo lo observable y cotidiano sino también la otra parte que es la materia de lo fantástico: sueños, pesadillas, aspiraciones, reacciones emotivas que, a veces, parecen inexpresables.

A la hora de trabajar parto de la idea de que la imaginación no está reñida con la realidad. Todo lo que implica la literatura, el acto de leer e imaginar es real, cierto, ocurre en el mundo aunque no sea visible en el sentido de cuantificable, empaquetable. La imaginación fantástica es una expresión de esa vida interior, intangible que tiene que ver con la realidad, con lo que implica existir en un lugar.

La ficción también es una forma de comprender la realidad...

De empezar a comprenderla a partir de los falsos límites, de preguntarse qué es lo real y qué no lo es. Incluso, aunque no lo verbalice un lector, aunque no se lo plantee de una manera explícita, siempre, a la hora de leer un texto que se inscribe en lo fantástico, está la pregunta: ¿se juzga esto como cierto? Y en caso de que la respuesta sea no, ¿por qué?, ¿qué hay en esto que no cuadra con mi definición de lo real?

A partir de esa reflexión se precisa una definición, esas normas que vuelven aceptable o no un hecho como real y, en una época como esta, en la cual la noción de lo real está asaltada por todas partes, vale la pena preguntarse si lo real sí responde a nuestras experiencias o si ha sido impuesto. Eso aún en donde se construyen realidades cerradas, de pequeña escala, en las cuales una persona puede crear una noción de pertenencia y rechazo a los demás. (I)

La Ciudad Imaginada

El Conejo publicó esta edición dentro de la Colección narrativa Madeimoselle Satán

 La entrevista completa se publicará en CartóNPiedra, el domingo.

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