Asu mare: entre críticas y elogios, bate récords en Perú

18 de junio de 2013 - 00:00

Aún ahora, a más de dos meses de su estreno, la película “Asu mare” continúa vigente en el imaginario de los peruanos. No es para menos. Su presencia en las pantallas nacionales ha generado una serie de efectos que no encuentran parangón en la historia del cine del vecino país: los números de asistencia y taquilla son el botón que legitima la muestra.

Solo el día de su estreno, el 11 de abril, unos 152.045 espectadores asistieron a las 255 locaciones, a nivel nacional, en las que se proyectó la cinta. Esta cifra no haría más que duplicarse diariamente hasta alcanzar más de un millón de espectadores en la primera semana, dejando atrás a las grandes producciones de Hollywood, hasta entonces, dueñas de semejante récord.

Ese efecto multitudinario, sin embargo, no era inesperado: en 2012, Tondero Films, productora peruana de la cinta, y New Century Films, distribuidora de la misma, buscaron todos los detalles para que “Asu mare” se convirtiera en un éxito comercial. Y los más de 2348,000 de espectadores  lo lograron.

Un estudio estratégico de mercado para indagar las preferencias de los peruanos a la hora de escoger una película fue el punto de partida. A él se sumarían detalles que tuvieron en cuenta desde la elección precisa de la fecha de estreno- el 11 de abril no había competencia importante y estaba cercano al Día de la Madre-, hasta la preventa de entradas, que registró 75 mil ventas.

Pero toda esa estructura estaba al servicio del contenido: Carlos Alcántara, destacado comediante peruano, llevó a la pantalla grande aquel espectáculo que entre el 2007 y 2009 mostró como su número unipersonal de stand-up comedy. Con él, Alcántara había recorrido  Perú, así como colonias de peruanos residentes en el extranjero. El éxito no tolera cabos sueltos.

Los cien minutos de duración de la cinta, transcurren entre una serie de escenas que representan, como denominador común, partes de la vida de Alcántara. La infancia en una unidad vecinal, de la adolescencia y los fracasos académicos y amorosos, de la adultez enfrentada a un vacío existencial del que el actor sale victorioso entregándose por completo a la comedia. En el contexto, se despliegan una serie de elementos característicos de la oralidad y cotidianidad limeña, que proyectados en perspectiva, terminan representando el estereotipo de la clase media en constante lucha por hacerse con el éxito.

Ese, irónicamente, ha sido el talón de Aquiles para sus detractores. Las críticas han encontrado en la propuesta de Alcántara un humor desgastado que basa su aceptación en la ridiculización del otro, la risa fácil, la anécdota ligera. La ausencia de un nudo conflictivo, el fortalecimiento del imaginario de éxito social ligado al color de la piel, el distrito de residencia, la vestimenta, han sumado elementos a ese debate.

Pero “Cachín”, como es conocido Alcántara, ha sabido esquivar con honestidad esas críticas: siempre concibió a la cinta -ha dicho en un par de ocasiones- como un negocio.

En el Perú, gran parte de la radio, prensa y televisión aprovechan el mínimo espacio para proponer a lectores, oyentes y televidentes escenas en las que la muerte, la burla, el morbo y el odio se repiten como una condición elemental para vender. “Un correcto estudio de marketing reflejaría que lo que busca la persona es distenderse de todas esas tensiones, reírse  de su propia realidad”, señala Alfredo Robles, psicólogo.

Para Ricardo Bedoya, crítico de cine, la cinta, más allá de su contenido, y por su carácter multitudinario, deja en la gente la posibilidad de acostumbrarse a ver cine peruano. ¿Pero qué cine? Replican los críticos. Josué Méndez, director de la película “Días de Santiago” dice que, más allá del negocio está la condición de que el cine también es cultura. Esa diferenciación ayudaría a no repetir la receta de “Asu mare” en las cintas peruanas que, como ella, buscan abrirse paso en el medio nacional e internacional.

En oposición a esta incertidumbre que se queda palpitante entre los cineastas peruanos, está la certidumbre de Alcántara que, hoy por hoy, es el centro del espectáculo en el medio peruano. Una crisis de nervios, declarada por él mismo, sería el precio a la fama desbordada de la que es presa. Esa dolencia, sin embargo, no le quita ni uno solo de los 10,7 millones de dólares recaudados por la cinta, cuya realización se presupuestó en 700 mil y fue cubierta, en un 70% por empresas privadas. No en vano, escena tras escena, las marcas de bebidas, comida, vestimenta y del propio país, aparecen en un desfile ordenado y paciente frente a la pantalla.

En el Perú, la expresión “asu mare” es la condensación de “pasu Madre”, frases exclamativas que denotan admiración. Su uso cotidiano la convierte en una muletilla difícil de olvidar. Y lo será también el hito marcado por Carlos Alcántara.

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