Roberto Ayala: “Hubo un rato en el que pensé que todo era tenaz en MasterChef y que no podría aguantar”

En Guayaquil también me gustaría hacer algo con Maricela y Suzuki, si se animan.
27 de febrero de 2021 09:24

Roberto Ayala, más conocido como “el muñeco”, conquistó al jurado con su sazón y carisma. El lunes 22 de febrero se convirtió en el gran ganador de MasterChef, segunda temporada, después de una reñida final contra Carla Brescianni y Manuel Bustamante. Roberto hizo un paréntesis en su apretada agenda para conversar con diario El Telégrafo y contarnos un poco de lo que ha sido esta experiencia.  

¿Cuáles eran tus expectativas iniciales cuando decidiste presentarte a la audición?

Era darle un poco de exposición pública a mi marca. Estar un par de semanas y ya. 

¿Qué tan complejo fue adaptarse a la convivencia con personas inicialmente desconocidas y cómo sobrellevaste ese proceso?

La convivencia fue super sencilla. Entre los hombres preguntamos ¿quién ronca? Y separamos un cuarto para quienes no y otro para los que sí. El día a día fue llevadero, chévere. Un par de problemas normales de convivencia, pero no tuvimos conflictos mayores. 

¿Con qué participantes te llevas mejor y con quiénes no tanto?

Mis compañeros de cuarto eran Arturo, Daniel, Cristian Barragán y Manuel. Con todos en general me llevaba bien. No compartí mucho con Wendy ni Carlos porque se fueron muy pronto. Con Daniela tampoco conversaba mucho. 

Considerando que era una experiencia totalmente nueva, ¿hubo algún momento en el que pensaste declinar?

Cuando empezaban las primeras jornadas durísimas, sí, hubo un rato en el que pensaba: no, está muy tenaz, no voy a aguantar mucho aquí. 

¿Cómo manejaste las críticas de los jueces cuando algún plato no salía de acuerdo con tus expectativas?

Por suerte siempre he sido muy autocrítico en mi vida, entonces las críticas que ellos hacían a mi plato, yo mismo me las daba. Yo sabía cuando hacía bien o mal las cosas. Cuando los jueces me decían algo yo lo tomaba de la mejor manera porque sabía que tenían toda la razón. Por algo están ahí. Es aceptar las críticas y tomarlo por la vía constructiva para no cometer de nuevo esos errores. 

¿Cómo ha cambiado tu vida desde que fuiste nombrado ganador y cuáles son tus planes a futuro?

Una locura, sobre todo por el tema del celular, no para de sonar. En la vida diaria tengo mi negocio y trabajo. Soy como cualquier otra persona, solo que ahora tengo bastante exposición mediática. Los planes a futuro son darle fuerza al laboratorio gastronómico de cocina clandestina. Quiero darme la vuelta por el país y conocer la gastronomía de la gente para ver qué tienen para ofrecer. Aparte estamos trabajando con Manuel, él va a ocuparse del proyecto en Guayaquil y tenemos otras ideas con algunos participantes del programa. 

¿De dónde surgió tu idea de cocina clandestina?

Surge de cuando estaba sin trabajo. De pronto un día en mi departamento comencé a cocinar y a invitar gente que comiera y algunos empezaron a pagarme. Había gente que ni conocía y estaba ahí. Mi departamento se convirtió justamente en eso: un sitio clandestino de comida. 

Anteriormente has expresado el deseo de desarrollar con Manuel tu negocio de cocina clandestina ¿más cocineros de Masterchef se unirán a esa sociedad?

En sí la sociedad es con Manuel, pero también vamos a hacer colaboraciones con Carla, José, Elizabeth, Arturo y Gaby. Cuando esté en Salinas de cajón me juntaré con Jorge Machuca. En Guayaquil, también me gustaría hacer algo con Maricela y Suzuki si se animan. 

¿Piensas dejar a un lado la aviación para dedicarte más de lleno a la cocina?

Extrañamente justo surgió el tema de la pandemia. Yo estaba como piloto activo, pero pasó todo esto y nos pusieron en pausa. Si no pasaba esto nunca me metía a Masterchef y ahora seguimos con licencia hasta nuevo aviso. Así que el tema de la aviación está en stand by y puedo dedicarme más al área culinaria. Calzó justo. 

¿Qué enseñanzas te llevas de esta experiencia?

Tener más confianza. Es algo en lo que fallaba de confiar un poco más en mi mismo. También, cuando te quedas sin fuerza física, piensas que tienes que abandonar algo, pero no es así, ahí surge la voluntad propia. Es tu nueva gasolina. (I)