Mujeres en la historia del arte

El mundo del arte actual se construye a partir de su pasado, al igual que la sociedad.
09 de marzo de 2021 06:00

El otro día, conversaba con un amigo, mediador de museos, sobre mi artículo anterior y la fotografía de la artista estadounidense Harriet Kaufman. La discusión derivó en la celebración del Día Internacional de la Mujer, y se me ocurrió preguntarle: ¿En la historia del arte ecuatoriano, cuántos nombres de artistas plásticas mujeres conoces? Apenas pudo citarme tres. Más que un problema de ignorancia, es una falta de visibilidad.  ¿Cómo podemos enterarnos acerca de las artistas si en los estudios de arte se retienen más bien nombres masculinos, si en los libros de historia del arte se destaca en general a los hombres, si en la mayoría de museos se exponen obras hechas por hombres? Un ejemplo cercano: según un estudio reciente, en las colecciones de arte del Museo Nacional del Ecuador, tan solo el 20% proviene de artistas mujeres.

Indudablemente, la situación está cambiando desde hace por lo menos tres décadas. Se forman cada vez más colectivos de artistas mujeres, se organizan cada vez más exposiciones en torno a ellas, se han escrito libros en su favor, y a su vez, ellas alzan su voz para ser reconocidas. Pero aún queda mucho por hacer en torno a la Historia, y no solo en Ecuador.

En mis estudios de historia del arte me di cuenta de una cosa: el mundo del arte actual se construye necesariamente a partir de su pasado, al igual que la sociedad. No podemos negarlo ni esconderlo sin causarnos daño a nosotros mismos. Y es que en realidad existieron muchas artistas mujeres en la historia (me refiero a épocas anteriores al presente siglo), a pesar del machismo reinante que las exhortaba a más bien ocuparse de tareas domésticas. Su trabajo, en el mundo entero, fue relegado a segundo plano o considerado como irrelevante. A veces ayudaban a crear obras maestras en los talleres de artistas masculinos, quienes las firmaban y se atribuían el crédito. En el mejor de los casos, una artista debía encajar en los estereotipos de su época, es decir pintar o bordar con delicadeza, de preferencia motivos como flores o paisajes (aunque hubo excepciones, en especial si provenían de la alta sociedad y tenían mucha influencia). Sin embargo, algunas artistas crearon obras de vanguardia muy fuertes, como Araceli Gilbert o Trude Sojka en Ecuador.

En todo caso, debemos reconocer hoy en día que el arte femenino tenía y tiene mucha validez, cualidades únicas, inclusive innovadoras e inspiradoras. Lo lamentable es que todavía su historia se limita, a veces, a un pie de página, impidiendo así a mi amigo, y a otros amantes del arte, disfrutar de sus creaciones.

Sin embargo, esto tiene su lado positivo: tenemos la oportunidad de abrir una nueva investigación, una búsqueda para redescubrirlas, revisitar sus obras y, a su vez, darlas a conocer. No es solamente una tarea de expertos, es algo que cada uno de nosotros, mujeres u hombres, con un poco de curiosidad, podemos realizar desde nuestro ordenador, y así contribuir con un granito de arena para celebrar el Día de la Mujer y acercarnos a una sociedad más consciente de la que tenemos: una sociedad inclusiva que respete la diversidad cultural. 

Al fin y al cabo, ¿no deberíamos apreciar más el arte por lo que es, más allá de juzgarlo por el género de quien lo crea? (I) 

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