Ciro Guerra y Cristina Gallego, cineastas colombianos

“No hay nadie más orgulloso que un wayuu”

- 13 de mayo de 2018 - 00:00
Foto: AFP

Luego del éxito que tuvieron con El abrazo de la serpiente presentaron en la Quincena de Realizadores de Cannes su última película, Pájaros de verano.

Venganza, muerte, explosiones espectaculares... Pájaros de verano, que se estrenó este miércoles en Cannes, abunda en ingredientes de un filme de acción que el colombiano Ciro Guerra ambienta en la región indígena de La Guajira, cuna del narcotráfico.

El director de El abrazo de la serpiente, única película colombiana nominada a los Óscar, regresa tres años después a la Quincena de Realizadores, inaugurando además esta sección independiente del Festival de Cannes.

Junto a Cristina Gallego, productora de sus anteriores cintas, Guerra retrata la época de la llamada bonanza marimbera en los años 1970, cuando la explosión del comercio de marihuana trajo tanto dinero como violencia y ruina moral a los wayuus de La Guajira, la mayor comunidad indígena del país.

Hacer una película sobre el narcotráfico en Colombia y buscar diferenciarla del resto es un reto.

Guerra: Sí, pero la historia sobre la bonanza marimbera como el origen de la vorágine que vino después nunca había sido contada en el cine. Es desconocida de las nuevas generaciones.

Gallego: Siempre se nos alabó porque las películas que hacíamos no tenían nada que ver con el narcotráfico. Pero teníamos una deuda con nuestra propia historia. Quisimos acercarnos a ella sin glorificar a los criminales, hablar de lo que nos pasó como país, cómo tantas cosas se han destruido con el narcotráfico.

¿Pájaros de verano podría haber visto la luz sin el éxito de El abrazo de la serpiente?

Gallego: Empezamos a trabajar en ella antes de rodar El abrazo... En Colombia se creó un estímulo para grandes producciones y se nos dio un capital semilla. Pero todo lo que pasó después obviamente nos ayudó a que la financiación se cerrara rápidamente. Creo, incluso, que es la primera vez que una película colombiana logra preventas.

Ambas películas exploran el choque de una comunidad indígena con la cultura occidental.

Guerra: Ese choque cultural es un tema fascinante que tiene miles de aristas. Todos somos hijos de esos choques (colonialismo, migraciones...) y para nosotros es un material infinito para nuevas historias ya que en Colombia esos conflictos están vivos.

¿Hay una intención de combinar los géneros de acción?

Guerra: Sí, tiene elementos del cine negro, del género de gánsters, del western, de historias de García Márquez y de la tragedia griega. Tratamos de hacer películas que no se hayan visto antes.

La venganza aparece como un motor vital de la comunidad wayuu.

Gallego: Sí, es una sociedad que se basa sobre todo en el comercio, incluso para las relaciones. Las mujeres se pagan pero también si yo te ofendo yo debo pagarte con dinero. Es la cuna del capitalismo.

Guerra: ¡No hay nadie más orgulloso que un wayuu!

También es una sociedad matriarcal, lo que en los tiempos actuales le da un cariz feminista a la cinta.

Gallego: De alguna manera. Las mujeres wayuu son fuertes política y económicamente. Pero no tienen voz ni actúan fuera de su casa. Siempre están detrás.

¿Se divirtieron durante el rodaje en el desierto?

Guerra: ¡Ha sido el rodaje más duro que hemos tenido!

Gallego: Para nada. La Guajira es un territorio agreste que ha repelido históricamente a piratas  españoles y a ingleses.

Y nosotros no fuimos la excepción. Estuvimos expuestos a las tormentas de arena pero también a las inundaciones. La comunidad también es bien difícil.

¿Trabajaron con muchos locales?

Gallego: El reparto es una mezcla de actores profesionales y aficionados y los wayuu no reconocen gran parte de la ley de los gobiernos locales ni las fronteras. A su vez, sus normas y sistema de mediación son válidos para nuestras autoridades. Y así trabajamos nosotros con ellos...

La película muestra una lujosa casa de diseño construida en medio del desierto. ¿Realmente fue así durante la bonanza?

Gallego: Sí, todavía quedan ruinas de casas que fueron diseñadas por arquitectos italianos con estilo rococó. Había muebles y accesorios de lujo, pero eso sí, ¡el piso era de tierra!

¿Cómo anda el próximo proyecto con el actor británico Robert Pattinson?

Guerra: Es una adaptación del libro Esperando a los bárbaros, de J.M Coetzee, y esperamos empezar a rodar a fines de año en Marruecos. Será mi primera película fuera de Colombia y en inglés.

Esperando a los bárbaros es un drama sobre el racismo y el abuso de poder, que narra la historia de un magistrado de un pueblo, situado en un imperio sin nombre, que vive en la frontera, siempre amenazado por unos bárbaros.   

 Pero cuando salva a uno de sus enemigos, pronto se cuestionará su imperialismo y se verá enfrentado a su propio Gobierno, revelándose contra los métodos utilizados por la policía, que lo detendrá y lo meterá en la cárcel. (I) 

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