Arturo pide ayuda porque abandonó su natal Venezuela

- 20 de julio de 2019 - 00:00
Ilustración: El Telégrafo

”Me llamo Arturo” dijo... así, a secas. Su acento venezolano lo delataba, pero igual manifestó de dónde provenía. Vestía pantalón caqui de tela jean y una camiseta negra, y tenía un bolso pequeño (canguro) cruzado en el torso. Sus grandes ojos café oscuro irradiaban tristeza y angustia.

Y eso fue exactamente lo que dijo que sentía. Tiene 29 años y es padre de familia. Es originario de la ciudad de Valencia, del estado Carabobo.

El hombre, de más o menos 1,85 metros de alto, se subió a un bus de la línea 98, en Guayaquil, para pedir ayuda económica. “Estoy desesperado, este país no era para venir, pero hasta aquí me alcanzó el dinero. Iba a Chile, estoy a mitad de camino, y eso me ha deprimido”.

Argumentó que decidió salir a la calle ayer (también se lo ha visto otros días), porque necesita enviar dinero a sus hijos y a su madre. “Ellos creen que estoy bien acá. Mi esposa se quedó con mis hijos; tengo la fuerza y la voluntad; ¿a quién de ustedes no le duele su mamá?”.

Los usuarios de esa línea de bus lo escuchaban y ni se inmutaban; unos iban con audífonos, otros miraban hacia la calle, otros iban adormitados; unos pocos lo veían con atención y se conmovían con aquel mensaje.

Luego de ofrecer las disculpas del caso por pedir dinero y reconocer que todos tienen problemas y él iba con uno más, empezó a recorrer el pasillo del vehículo para ver si sus palabras lograron tocar algunos corazones.

El automotor iba a medio llenar; no todos le dieron una moneda, pero cuando las recibía, su agradecimiento era sincero. Esa rutina quién sabe cuántas veces se repite en el día y toda la semana.

Él optó por pedir dinero, mientras que hay otros que ya se establecieron en la ciudad y que, a falta de un trabajo formal, copiaron lo que hacen los vendedores informales de la urbe: subirse a los buses con fundas de caramelos. Lo hacen hombres y mujeres. (I)

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