Los campeones tienen sus “pecaditos”

- 18 de agosto de 2019 - 00:00
De izq. a der: Eduarda Fuentes, bronce en patinaje artístico; Claudio Villanueva y Johanna Ordóñez, ambos oro en los 50 km de marcha.
Foto: William Orellana / El Telégrafo

Tres de los medallistas panamericanos en Lima 2019 reconocen esos placeres culinarios de los que deben alejarse en competencia. También destacan cómo la tecnología los ayuda a sentir más el apoyo de sus familias y el público.

Para ellos la dieta es estricta. Son deportistas y deben mantener el balance en sus comidas. Es parte de su éxito en los Juegos Panamericanos Lima 2019, que recientemente terminaron. Pero ahora que están de regreso con sus familias, no pueden evitar hablar de esos “pecaditos” culinarios que tanto les gustan.

Eduarda Fuentes es súper guayaquileña. Así lo afirma con orgullo y por eso reconoce que su principal pecado es el encebollado. “Pero con chifle, sino no es encebollado”, dice riendo. Como buena nativa de la urbe huancavilca, ama el bolón y el tigrillo. “Me encanta comerlos, pero sé que no debo. Con el dolor de mi alma, lo hago solo muy de vez en cuando”. La recompensa a este sacrificio es la medalla de bronce en patinaje artístico.

Claudio Villanueva, quien obtuvo oro panamericano en los 50 km marcha, también es un amante de la comida, en especial las frituras. “Por lo general no podemos comerlas, pero esta vez será solo para quitarnos el antojo”, dice riendo. “Es probar lo que no hemos comido hace ya tiempo. Por ejemplo hamburguesas, salchipapas o hot dogs. Eso es prohibido en el alto rendimiento”.

Con él coincide Johanna Ordóñez, quien también logró medalla de oro en 50 km marcha. Con una amplia sonrisa acepta que le gusta comer, “pero antes de los torneos me privo de las grasas, trato de no ingerir frituras, chancho, el cuy de nuestra ciudad. Procuramos que la comida fuera de casa sea lo más sana posible”.

Los tres consideran que el apoyo de sus familias y del público en general fue vital.

Para Fuentes, un gran aliciente fue el contacto permanente con sus seres queridos y las docenas de personas que, por redes sociales, le expresaron su respaldo cuando tuvo una caída en la competencia, pese a lo cual estuvo en el podio.

El resbalón le sirvió para reenfocarse, pues se sentía bastante ansiosa. “Después de eso me calmé bastante, logré concentrarme en lo que necesitaba”. Todo el tiempo estuvo en contacto con su familia. “Mi mamá, mis hermanos estuvieron apoyándome en mi grupo familiar de WhatsApp. Por ahí me escribían ‘¡Dale gorda!’”, recuerda.

Cuando empezó en la alta competencia, en 2005, para hablar con su madre tenía que llamar por teléfono desde el hotel, pues la otra alternativa era por correo electrónico.

Después llegó el Blackberry con su PIN y por ahí se escribían todo. Ahora, con las videollamadas están todos más unidos. Por su parte, Villanueva recuerda que durante la carrera se alimentaba con los vítores de la gente y las banderas tricolores que ondeaban a su paso. Y luego ver el apoyo de la gente en redes sociales lo llenaba de ánimo.

Ordóñez afirma que la marcha es una competencia muy táctica, en la que se analizan detalles que el público no percibe. “Yo observo cómo está el otro, si está alzando los brazos, o está respirando más fuerte. Uno supone en qué estado se encuentra el rival. Hay que estar atentos a cualquier cambio”.

Al igual que sus compañeros, las expresiones de apoyo del público en las redes son para ella un aliciente para seguir adelante. “Agradezco el aprecio del pueblo ecuatoriano, me han escrito muchas personas. Gracias por valorar este esfuerzo. Para nosotros representar al país es algo muy grande”. (I)

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