“La jornada es fuerte para conseguir una droga deprimente”

- 24 de junio de 2019 - 00:00

A las 19:00, el ritmo de la noche se acelera en una esquina de la entrada de Pascuales (sector Mabe); trabajadores y obreros regresan presurosos y cansados a sus hogares después de una larga jornada laboral; el olor a carne, tripitas y longanizas asadas llama a los transeúntes a realizar una parada.

En este lugar se levantan varios puestos que ofertan comidas, incluso pescado fresco, camarón, queso criollo y sal prieta.

Aquí también se mueven más de 15 chicos quienes se turnan a lo largo del día y en ocasiones se pelean por subir a los buses intercantonales a ofrecer manzanas, peras, uvas, granadillas y frutillas.

Un comerciante (frutero) les dota las frutas y les paga una comisión por cada dólar vendido.
Entre varios chicos vemos a uno que aparentemente es el más querido y respetado, todos lo saludan amablemente. Este se sienta en un muro y uno a uno se acercan a él, pues carga un manjar que todos quieren.

De pronto este joven (el más querido) mete la mano por la pretina de su pantaloneta y saca una pequeña funda con una sustancia blanca, la huele y el resto lo mira con ansias. Con ayuda de un pequeño sorbete comienza a compartir un “toque” a cada uno de forma ordenada.

“Mi causa (amigo), entrar en el mundo de las drogas es como la mafia, quien entra no puede salir, por más clínica de rehabilitación que visites”, indicó el jovencito mientras acercaba el sorbete a la nariz de los chicos, a vista de las personas que esperan sus buses.
Otro jovencito interrumpe la conversación y apoya lo dicho, cuenta su experiencia vivida en una clínica donde estuvo “guardado” por seis meses. “A mí me maltrataban, la comida era mala, pero ahí uno extraña y valora la comida de su vieja (mamá)” indicó.

Al final todos “activados” continúan con las ventas de las frutas, pues “hay que trabajar para conseguir más material (droga)” señaló uno de ellos. (I) 

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